Las Naciones Unidas a los 70

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LII Nos. 1 & 2 2015

Este número doble de Crónica ONU, publicado bajo el lema "Unas Naciones Unidas Fuertes, Un Mundo Mejor", es una edición especial para celebrar el 70º aniversario del establecimiento de las Naciones Unidas. En él un grupo selecto de personalidades eminentes destacan los momentos y logros claves de las Naciones Unidas, así como las dificultades y los obstáculos a que se ha enfrentado la Organización y el papel que ha desempeñado en los últimos 70 años. También hacen una reflexión sobre el futuro y sobre las iniciativas que reforzarían la Organización y le permitirían prestar un mejor servicio a la humanidad.

En la primavera de 2014, comenzamos los preparativos para celebrar el 70º aniversario de las Naciones Unidas en 2015 y empezamos a analizar opciones que, además de ser festivas, también contribuyeran a los debates sustantivos sobre nuestra Organización. Esta edición doble especial de Crónica ONU encabezaba la lista de ideas para dichos debates.

En este aniversario y todos los días, debemos utilizar nuestro poder e influencia para hacer lo que sea correcto y necesario a fin de defender la Carta. Si bien no podemos evitar los terremotos y los sunamis, podemos contribuir mucho a la hora de afrontar los desastres que surgen de la locura y la falta de visión del ser humano.

Muchos de estos logros se deben al valor y la pericia del personal de la Organización, que se compromete con los principios humanitarios y trabaja sin descanso en los lugares más peligrosos y desesperados de la tierra, que es donde más se le necesita.

Entonces, ¿cuál es mi deseo para el futuro? Mi deseo es que nos basemos en los logros del pasado y los actualicemos para el mundo moderno. Así como las Naciones Unidas inventaron el concepto de mantenimiento de la paz, ahora debemos modernizar la práctica, y el Consejo de Seguridad ha de servirse de los instrumentos a su alcance para promover la paz y la seguridad internacionales. Necesitamos un nuevo Programa de Paz.

La palabra “independencia” podría haber sido un puente situado demasiado lejos en la década de 1940, en un momento en el que la soberanía era todavía mucho más sólida en cuanto al fondo y en la mente de los estadistas de lo que es ahora.

Desde apoyar los importantes esfuerzos de descolonización en África y Asia hasta ofrecer una plataforma fundamental para el discurso a lo largo de la Guerra Fría; desde erradicar la pobreza extrema y el hambre hasta atender al reto acuciante del cambio climático. Las Naciones Unidas han estado a la vanguardia de las iniciativas para asegurar un mundo seguro, próspero y equitativo.

Teniendo en cuenta el importante rol de la Federación de Rusia y los Estados Unidos de América en el mundo, he exhortado a los líderes de estos dos países a que se reúnan para discutir la agenda mundial en su totalidad, analizar todos los problemas y desarrollar un marco de cooperación para resolverlos.

Otras propuestas de reforma de las Naciones Unidas han fracasado por culpa de los propios Estados Miembros. Muchas propuestas válidas fracasan porque los Estados Miembros han impuesto normas a las Naciones Unidas que ahora no desean cambiar.

La efectividad del sistema de las Naciones Unidas se ha visto limitada por la multitud de organismos semiautónomos y otras entidades. La falta de cohesión ha sido especialmente grave en la esfera de la cooperación para el desarrollo.

El derecho internacional fija normas claras de igualdad, protección contra la discriminación y dignidad humana para todas las personas. La Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas es el marco fundacional para los derechos humanos, y hoy en día todos los países del mundo se adhieren a sus principios.

La base de la protección seguía siendo jurídica, pero garantizar esta protección se convirtió cada vez más en una actividad operativa y práctica.

Si el multilateralismo que representan las Naciones Unidas deja de ser relevante, efectivo y legítimo, los Estados-nación y otros actores globales llevarán a cabo sus actividades sorteando a la Organización, no contando con ella e incluso posicionándose en su contra.

Imaginen un mundo en el que todas las mujeres embarazadas den a luz en unas condiciones de seguridad; un mundo en el que no exista el trabajo de menores ni la explotación infantil; un mundo en el que las personas con discapacidad disfruten de la igualdad de oportunidades. Este es el mundo que merecemos.

Gracias a la contribución y la visión decisivas de las mujeres pioneras (y también los hombres) a lo largo de la historia, la igualdad de género y los derechos humanos de la mujer han ocupado siempre un papel central en los tres pilares de la labor de las Naciones Unidas: la paz y la seguridad, el desarrollo y los derechos humanos.

No obstante, la buena salud no se puede alcanzar en el vacío. Si de verdad queremos conseguir un mundo más sano, debemos adoptar una mentalidad de “salud para todos” y trabajar en todos los sectores a fin de comprender y responder plenamente a todos los factores sociales y ambientales que determinan la salud.

Acorde con el espíritu de estos tiempos, se está levantando un clamor por la transparencia y la participación. Resulta comprensible, pero refleja una mala interpretación de la naturaleza y la textura del puesto y la función del Consejo de Seguridad.

Con la aprobación de la resolución 2171 (2014) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad se comprometió a utilizar mejor todas las herramientas del sistema de las Naciones Unidas para garantizar que las señales de alerta de una matanza inminente se traduzcan en la “adopción de medidas preventivas concretas” (Naciones Unidas, 2014).

La integridad, la determinación e incansable labor de Dag Hammarskjöld para adaptar la Organización y encontrar soluciones mediante una aplicación constructiva de la Carta siguen siendo una fuente de inspiración y una brújula orientadora.

Esta vasta generación de jóvenes se enfrenta a retos sin precedentes que, sin embargo, traen consigo numerosas oportunidades. Los jóvenes tienen la capacidad de organizar y emprender medidas individuales y colectivas frente a aquellas cuestiones que revisten interés para ellos.

En el ámbito del desarrollo, las Naciones Unidas no destacan precisamente por sus modestos esfuerzos a nivel de programación. Únicamente existen dos excepciones. En primer lugar, las entidades sumamente especializadas de las Naciones Unidas, como el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el Programa Mundial de Alimentos, que son líderes en sus respectivas competencias gracias a sus conocimientos técnicos y a la profundidad de sus operaciones.

En 2015, en el 70º aniversario del nacimiento de las Naciones Unidas, ha llegado el momento de cambiar y de crear un lugar de trabajo en el que el talento, los conocimientos y la determinación se traduzcan más fácilmente en resultados significativos. A continuación presento algunas ideas sobre la manera de hacerlo.

Los retos humanitarios continúan siendo abrumadores, en especial dado el número cada vez mayor de personas desplazadas no solo a causa de conflictos, sino de una compleja serie de factores entre los que se incluye el cambio climático.

En cierto modo, el verdadero desafío del siglo radica en cómo allanar el camino hacia una convivencia global. Y el primer paso para conseguirlo es lograr un mayor conocimiento entre las personas y aceptar y celebrar nuestras diferencias.

La historia de las Naciones Unidas nos cuenta algo más que el modo en que nació la Organización. Nos muestra la dinámica de la Organización y su capacidad para adaptarse rápidamente a la evolución de las circunstancias.