Una nueva agenda

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El 70º aniversario de las Naciones Unidas ofrece una oportunidad excepcional para analizar la situación, reconocer nuestros éxitos y asumir nuestras carencias.

Indiscutiblemente, las Naciones Unidas han hecho del mundo un lugar mejor en los últimos siete decenios. Hemos logrado que el mundo reconozca la riqueza que encierran el pluralismo y la diversidad. Por primera vez en la historia, se ha forjado un consenso en torno a la igualdad humana. Ninguna raza ni cultura puede pretender representar exclusivamente a la civilización humana.

Hay cinco esferas principales en las que puede demostrarse más fácilmente la contribución de las Naciones Unidas.

En primer lugar, los valores universales. Las Naciones Unidas han logrado formular y exponer declaraciones universales de principios y valores, que se han consagrado en su Carta y en la Declaración Universal de Derechos Humanos. También han conseguido traducir estos principios en agendas y cursos de acción convenidos a nivel mundial. Al día de hoy, las Naciones Unidas protegen y promueven los derechos humanos a través de docenas de tratados y declaraciones, debidamente ratificados por los Estados y ampliamente aceptados por los particulares y la sociedad civil1.

La segunda esfera decisiva es la paz. De hecho, se ha salvado al mundo del azote de una guerra mundial. Desde su fundación, las Naciones Unidas han ayudado a poner fin a los conflictos y han promovido la reconciliación en muchos países. También han ayudado a desarmar a más de 500.000 excombatientes2 solo en el último decenio. Hoy en día, más de 122.000 soldados de las fuerzas de mantenimiento de la paz están presentes en 16 operaciones de 4 continentes3, sacrificando sus vidas para proteger las vidas y los medios de vida de civiles y comunidades locales.

La tercera es la descolonización. Las Naciones Unidas han supervisado satisfactoriamente el acceso a la independencia de los países colonizados anteriormente y los han acogido en la comunidad internacional como Estados soberanos e integrales.

La cuarta esfera fundamental es el desarrollo. Las Naciones Unidas han promovido con éxito unas políticas de desarrollo cada vez más progresistas e inclusivas a través de sus distintos organismos, comisiones regionales, fondos y programas que operan en todo el mundo. Han liderado la lucha contra la pobreza y el hambre y han ayudado a mejorar la salud y aumentar la alfabetización y la esperanza de vida. A través de su labor con los Estados Miembros, las Naciones Unidas crearon y ayudaron a aplicar los pioneros Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que fueron la primera agenda global de este tipo dedicada al desarrollo. Hoy en día, las Naciones Unidas están promoviendo el acuerdo y apoyo globales en torno a los nuevos objetivos de desarrollo sostenible (ODS), que constituirán la columna vertebral de la agenda para el desarrollo después de 2015. Los ODS pretenden basarse en los éxitos y las deficiencias del proceso de los ODM para promover un desarrollo más pertinente y efectivo. Las Naciones Unidas también han promulgado el primer instrumento jurídicamente vinculante para controlar las emisiones perjudiciales y luchar contra el cambio climático.

Finalmente, la asistencia humanitaria: las Naciones Unidas proporcionan alimentos a más de 80 millones de personas de 75 países4. Salvan más de dos millones de vidas todos los años a través de vacunas y la erradicación de enfermedades5. Desde 1951, las Naciones Unidas han ofrecido ayuda a más de 60 millones de refugiados6 que huyen de la guerra, la persecución o el hambre. También han demostrado su capacidad para responder de forma oportuna y efectiva a las crisis repentinas, como el sunami asiático y el reciente brote de ébola.

Además, a nivel interno, las Naciones Unidas han adoptado siempre una perspectiva innovadora y proactiva al ajustar su amplitud y su alcance a las necesidades emergentes y las prioridades de los conflictos. Las continuas reformas han mantenido a las Naciones Unidas ágiles y hábiles, lo cual ha reforzado su repercusión en todas las partes del mundo.

Sin embargo, los éxitos de las Naciones Unidas se han visto mitigados por los fracasos. De estos, muchos tienen que ver con su mandato relativo a la paz y la seguridad.

A pesar de la prevención de conflictos mundiales de la talla de la Primera y la Segunda Guerras Mundiales, una epidemia de conflictos librados por conducto de otras partes, tanto locales como regionales, ha dado lugar a niveles de sufrimiento humano comparables, en conjunto, a los de estos dos conflictos globales. Se ha evitado una tercera guerra mundial, pero se ha sustituido por muchas guerras en el tercer mundo.

Se ha logrado poner fin al colonialismo clásico mundial, pero sigue habiendo heridas abiertas. La ocupación israelí y la colonización de Palestina han perdurado otro medio siglo, arruinando vidas y medios de vida, obstaculizando el desarrollo y planteando serias amenazas para la paz regional y mundial.

En algunas ocasiones, el sistema de las Naciones Unidas no ha logrado proteger adecuadamente los derechos humanos ni respetar el derecho internacional. Por razones de conveniencia política, los abusos contra los derechos humanos e incluso los crímenes de lesa humanidad han quedado desatendidos por órganos de las Naciones Unidas como el Consejo de Seguridad. Entre los ejemplos se incluyen, además de Palestina, Camboya, Rwanda y los Balcanes.

Son numerosas las razones que explican estas deficiencias. La más prominente es la desalineación entre la estructura de las Naciones Unidas y el mundo al que sirven.

Las Naciones Unidas se fundaron en 1945. Desde entonces, se han producido cambios tectónicos horizontales y verticales en la política mundial. En el plano geográfico, los puestos de poder políticos y económicos se están trasladando hacia el este, la soberanía del Estado está sometida a desafíos verticales, desde arriba, a nivel regional y supranacional, y desde abajo, por parte de los actores subestatales. Sin embargo, la configuración institucional de las Naciones Unidas sigue siendo la misma que la que se diseñó originalmente hace 70 años. El derecho de veto, que se proporcionó como incentivo para llevar a los Estados-nación más poderosos al redil multilateral, se ha convertido en una fuente de inactividad, que permite que los conflictos se arraiguen y los infractores queden impunes. Cuando los intereses de unos pocos prevalecen sobre los valores universales, la capacidad de las Naciones Unidas para operar con neutralidad se ve comprometida.

Además, el actual sistema de gobernanza afecta a los criterios y prioridades de financiación. La financiación es cada vez más impredecible y se suele dar prioridad a la dimensión política y de seguridad frente al desarrollo. Esto es especialmente lamentable si tenemos en cuenta que son los problemas que afectan al desarrollo a largo plazo los que producen descontento y privaciones, lo que a su vez provoca conflictos y violencia.

A pesar de la creciente financiación para el desarrollo en términos absolutos, la financiación de las Naciones Unidas es cada vez más dependiente de la financiación con cargo a recursos complementarios, mientras que la financiación básica se reduce en términos comparativos, con lo cual se debilita la capacidad operativa de las Naciones Unidas. La asignación de fondos en detrimento de la financiación básica puede comprometer la autonomía y la imparcialidad de la Organización.

El hecho de no lograr adaptar la estructura de las Naciones Unidas a un entorno cambiante podría poner en peligro la relevancia de la Organización, haciendo que no les interese a los más débiles y que los más fuertes no la necesiten.

Si el multilateralismo que representan las Naciones Unidas deja de ser relevante, efectivo y legítimo, los Estados-nación y otros actores globales llevarán a cabo sus actividades sorteando a la Organización, no contando con ella e incluso posicionándose en su contra. Para evitar que esto ocurra, los Estados Miembros deben adaptarse y reformar el sistema de forma continua. Llegado este punto, la reforma es necesaria en tres esferas principales.

En primer lugar, la adopción de decisiones debe devolverse a las Naciones Unidas y democratizarse. La ampliación del Consejo de Seguridad y la limitación del derecho de veto pueden aumentar de forma significativa la representatividad y la legitimidad del Consejo. Esto también puede garantizar la imparcialidad, la ejecutoriedad y la sostenibilidad de las decisiones del Consejo de Seguridad.

En segundo lugar, deben modificarse las actuales tendencias presupuestarias. Hacer más con menos es una mera ilusión. El presupuesto ordinario anual de las Naciones Unidas apenas supera los 5.500 millones de dólares de los Estados Unidos, menos de lo que algunas empresas tabacaleras destinan a la comercialización de sus productos en un año7.

Por último, en todas las reformas, es preciso proteger y mejorar la labor del desarrollo. Las políticas humanitarias y de desarrollo deben considerarse claves para lograr la estabilidad y la seguridad políticas. Debemos invertir en el desarrollo a largo plazo para salvar tanto vidas como recursos. El desarrollo de hoy es una guerra que se evita en el futuro.

Redunda en interés de todos crear unas Naciones Unidas modernas, adaptables, flexibles y receptivas. Las circunstancias actuales son diferentes, pero ciertamente no menos urgentes que las que dieron lugar a la creación de las Naciones Unidas hace 70 años. A pesar de sus numerosas imperfecciones, este órgano universal sigue siendo la institución elegida para lograr una paz duradera y la prosperidad para todos. Como decía Winston Churchill, “las Naciones Unidas son la peor forma de gobierno, a excepción de todas las demás”. 

 

Notas

1    Disponible en https://treaties.un.org/pages/ParticipationStatus.aspx.

2    Disponible en http://www.un.org/en/peacekeeping/documents/backgroundnote.pdf.

3    Disponible en http://www.un.org/en/peacekeeping/documents/bnote0315.pdf.

4    Disponible en http://es.wfp.org/quiénes-somos.

5    Disponible en http://www.un.org/es/un60/60ways/health.shtml. (59. Freno a la propagación de epidemias).

6   Disponible en http://www.un.org/es/un60/60ways/humanitarian_affairs.shtml. (46. Prestación de ayuda humanitaria a los refugiados).

7   Mucho menos de lo que las cinco tabacaleras más importantes gastaron en publicidad en los Estados Unidos de América solo en el año 2012: http://www.cdc.gov/tobacco/data_statistics/fact_sheets/tobacco_industry/marketing/.