Transformando la educación de los jóvenes para respaldar la consecución de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible

Reunión de Alto Nivel sobre Juventud 2030 celebrada para presentar la Estrategia de las Naciones Unidas para la Juventud y la sociedad Generation Unlimited. Nueva York, 24 de septiembre de 2018. Fotografia: Mark Garten/Servicio de Fotografía de las Naciones Unidas

A finales de mayo de este año, visité la Franja de Gaza por primera vez en mi vida. Fui para apoyar al Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (OOPS) en su trabajo de defensa, influencia en políticas y movilización de recursos. En mi visita a una escuela, conocí a dos jóvenes, Deema y Kareem, que me guiaron amablemente. Deema, Kareem y sus amigos sueñan con convertirse en profesores, doctores o ingenieros. Me contaron que la escuela era su mayor esperanza, y la única, de un futuro mejor; un futuro en el que puedan conseguir sus ambiciones y alcanzar todo su potencial. Sin embargo, Deema y Kareem temen no poder alcanzar sus sueños, ya que su escuela (gestionada por el OOPS) presenta una carencia grave de financiación debido a los recortes significativos que ha sufrido la Agencia en cuanto a ayudas financieras.

Permítame darle algunos datos sobre la perspectiva mundial: 263 millones de jóvenes entre 6 y 17 años no están escolarizados, y lo mismo ocurre con el 60 % de jóvenes entre los 15 y los 17 años.1  Alrededor de 617 millonesReunión de Alto Nivel sobre Juventud 2030 celebrada para presentar la Estrategia de las Naciones Unidas para la Juventud y la sociedad Generation Unlimited. Nueva York, 24 de septiembre de 2018. Fotografia: Mark Garten/Servicio de Fotografía de las Naciones Unidas de jóvenes en todo el mundo carecen de una alfabetización básica.2  Y, en cuanto a las niñas, la situación es aún peor. De hecho, y con demasiada frecuencia, las niñas se encuentran marginadas y no llegan a estar escolarizadas simplemente debido a su sexo. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), 15 millones de niñas en edad de educación primaria nunca tendrán la oportunidad de aprender a leer ni escribir en la escuela primaria, en comparación con 10 millones de niños.3 Si esto le parece horrible, la cosa no queda ahí: si es una niña que vive en una zona de conflicto o una zona rural, proviene de una familia pobre o padece una discapacidad, tiene un 90 % menos de probabilidades que los niños de asistir a la escuela secundaria.4  Todas estas estadísticas muestran una evidencia clara de que aún es necesario realizar transformaciones significativas para que los sistemas educativos sean más inclusivos y accesibles. El acceso a una educación de calidad no solo es beneficioso para los jóvenes, sino también para el resto del mundo.

El acceso a una educación de calidad no solo es beneficioso para los jóvenes, sino también para el resto del mundo.

Existe un sinfín de obstáculos que impiden a los jóvenes acceder a una educación de calidad. Los jóvenes que provienen de un ambiente desfavorecido, especialmente las niñas, pueden verse forzados a trabajar, a gestionar sus hogares o a cuidar de sus hermanos. Los jóvenes pueden verse afectados por los conflictos y las emergencias, el matrimonio infantil, los embarazos a una edad temprana, las discapacidades y una falta de acceso a agua potable, sistemas de saneamiento e instalaciones de higiene. Sin embargo, e independientemente de las circunstancias, todo el mundo (incluidos Deema y Kareem) tiene derecho a aprender y a recibir una educación de calidad. El acceso a una educación de calidad no solo es beneficioso para los jóvenes, sino también para el resto del mundo. Educar a niños y niñas incrementa la productividad y facilita el crecimiento económico. El conocimiento sobre el saneamiento, la vacunación, la nutrición y la salud en general puede salvar vidas. La educación de calidad proporciona a las niñas y niños las competencias que necesitan para hacerse cargo de puestos de liderazgo a nivel local y nacional, lo que les permite formar parte de la toma de decisiones relacionadas con asuntos que afectan a sus vidas y a sus comunidades. Si todo eso no es lo suficientemente convincente, los jóvenes educados en los derechos humanos pueden defenderse a sí mismos y defender a otros, apoyar su salud y bienestar personal y de sus comunidades y contribuir a la construcción de familias, comunidades y naciones más fuertes que, en última instancia, crean un mundo más fuerte.

En Naciones Unidas somos muy conscientes del potencial que tienen los 1.800 millones de jóvenes que viven en el mundo actualmente. Queremos que alcancen ese potencial. En 2015, los Estados Miembros de las Naciones Unidas adoptaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, un plan en común para la paz y la prosperidad de los pueblos y el planeta. Desde entonces, el lema que compartimos es “No dejar a nadie atrás”. No dejar a nadie atrás en la pobreza, no dejar a nadie atrás en la hambruna, no dejar a nadie sin un trabajo decente y fuera del crecimiento económico y, sobre todo, no dejar a nadie sin acceso a una educación de calidad. Como parte de esta agenda global que orienta al mundo hacia un futuro mejor, nos comprometimos a conseguir el cuarto Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS): “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”.

Queremos garantizar que todas las niñas y niños puedan recibir una educación primaria y secundaria gratuita, equitativa y de calidad. Tenemos que ayudar a aquellos que necesitan urgentemente una educación para que puedan competir en un mercado laboral que se encuentra en constante cambio y en la cuarta revolución industrial. Con más de 64 millones de jóvenes desempleados hoy en día y otros 145 millones de jóvenes en situación de pobreza, no podemos permitirnos continuar agravando la brecha de competencias.5 Debemos superarla con todos los medios necesarios.

La educación debe combinar de manera efectiva la acumulación de conocimiento, la preparación para la vida y el pensamiento crítico, lo que permite a los jóvenes orientarse dentro de economías cambiantes de forma rápida y con éxito. 

A pesar de ello, y en medio de esta crisis de aprendizaje, tenemos la solución delante de nosotros: las escuelas deberían proporcionar una educación que prepare a los jóvenes tanto para la vida como para el trabajo. Sin embargo, la adquisición educativa por sí sola no proporciona los rendimientos sociales y económicos esperados. La educación debe combinar de manera efectiva la acumulación de conocimiento, la preparación para la vida y el pensamiento crítico, lo que permite a los jóvenes orientarse dentro de economías cambiantes de forma rápida y con éxito. La educación también debe permitir a los jóvenes adoptar estilos de vida sostenibles y lidiar con el cambio climático, que es el mayor desafío de nuestro tiempo. La educación necesita reflejar la diversidad de nuestro mundo, incluidos los grupos marginados, y garantizar la igualdad de género. Debería promover una cultura de paz y de no violencia, de ciudadanía global y de aprecio a la diversidad cultural.

En un mundo cada vez más complejo e interconectado, el aprendizaje es clave para alcanzar un éxito personal y profesional que dure toda la vida. El aprendizaje nos permite aprovechar y crear oportunidades. Ya sea por interés o por necesidad, cada uno de nosotros busca conocimientos o formación para adquirir, actualizar o mejorar sus competencias. Este aspecto es clave para la generación actual de jóvenes, debido a un futuro laboral que cambia rápidamente, caracterizado por el avance tecnológico y la necesidad de una transición acelerada hacia economías verdes y respetuosas con el clima. La creación de nuevas tecnologías también está transformando la forma en la que aprendemos. Sin embargo, aunque dichas tecnologías ayuden al aprendizaje de muchos, el acceso a estas no siempre es universal. Es nuestra misión garantizar que la tecnología no deje a nadie atrás. Solo cuando las políticas adopten un enfoque basado en el ciclo de la vida y cuando la educación y la formación de calidad reciban una financiación adecuada y estén igualmente disponibles para aquellos marginados, las personas tendrán la voluntad y la capacidad de actuar de manera independiente y de tomar decisiones libres. 

Visita a una escuela de niñas y al Club de Adolescentes del FPNU de la Enviada del Secretario General  de Naciones Unidas para la Juventud. Bangladesh, 7 de agosto de 2018.
Fotografía: FPNU

Para conseguir este objetivo ambicioso, pero posible, necesitamos transformar la educación. Debemos volver a centrar nuestros esfuerzos en mejorar la calidad, en eliminar las disparidades graves y en invertir más en infraestructuras y en acceso. ¿Cómo lo vamos a hacer? En Naciones Unidas, trabajar con jóvenes y para los jóvenes es el centro de nuestro trabajo. En septiembre del 2018, el Secretario General António Guterres lanzó Juventud 2030, la Estrategia para la Juventud de las Naciones Unidas. Juventud 2030 es el primer documento de este tipo de las Naciones Unidas. Esta estrategia concibe un mundo donde los derechos humanos de todos los jóvenes se hacen realidad, donde los jóvenes están empoderados para conseguir todo su potencial; de esta forma, reconoce la fuerza, la resistencia y las contribuciones positivas de los jóvenes como agentes del cambio. La educación es una de las prioridades clave de Juventud 2030: apostamos por una educación de calidad involucrando a los Estados Miembros y a otros socios para que garanticen un acceso universal a dicha educación, y para desarrollar y proporcionar una educación de calidad e inclusiva para los jóvenes que esté centrada en el estudiante, que adopte un enfoque de aprendizaje para toda la vida, que sea pertinente para sus vidas y para las necesidades sociales y medioambientales de sus comunidades y que promueva estilos de vida y un desarrollo sostenibles. También promovemos una educación no formal mediante el desarrollo de marcos normativos para jóvenes que apoyen la educación no formal y su papel en el desarrollo del conocimiento, las habilidades y las competencias de los jóvenes.

Como mencioné anteriormente, Naciones Unidas trabaja con jóvenes que están tomando cartas en el asunto. Desde mi nombramiento como Enviada del Secretario General para la Juventud en 2017, he conocido a numerosos líderes jóvenes realmente inspiradores. Estos líderes trabajan muy duro para garantizar que nadie se quede atrás sin una educación de calidad. Ningún acto es demasiado pequeño. Un ejemplo de ello es Amélie Jézabel Mariage, una Joven Líder para los ODS. Amélie es una firme defensora de la educación inclusiva en España y en todo el mundo. También es la cofundadora de Aprendices Visuales, una galardonada entidad tecnológica sin ánimo de lucro que utiliza el poder del aprendizaje visual para enseñar a los niños. Junto a su socia, Miriam Reyes, Amélie ha desarrollado una serie de libros electrónicos y aplicaciones con pictogramas en cinco idiomas para enseñar autonomía y habilidades sociales y emocionales, que llegaron a un millón de niños que se enfrentan en la actualidad a obstáculos para acceder a una educación inclusiva. 

El 12 de agosto celebramos el Día Internacional de la Juventud. El tema de este año, “Transformando la educación”, destaca los esfuerzos realizados a nivel mundial (incluidos aquellos de los jóvenes) para que la educación sea más inclusiva y accesible a todos los jóvenes. Examinará cómo los Gobiernos, los jóvenes y las organizaciones lideradas por jóvenes y centradas en ellos, así como otras partes interesadas, están transformando la educación en una poderosa herramienta para conseguir los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. 

Los esfuerzos deberían centrarse en el desarrollo de los mecanismos correctos para empoderar y educar a los jóvenes. 

Transformar la educación no es una tarea fácil, pero es indispensable. Los esfuerzos deberían centrarse en el desarrollo de los mecanismos correctos para empoderar y educar a los jóvenes. Los Gobiernos pueden desempeñar un papel principal a la hora de establecer un entorno legal que proteja y promueva los derechos humanos. Las organizaciones civiles, religiosas, educativas, empresariales, laborales, culturales y sociales a todos los niveles de la sociedad desempeñan papeles importantes en cuanto al refuerzo del respeto por los derechos humanos. Necesitamos unificar nuestros esfuerzos para asegurar el acceso a una educación de calidad para todos.

Aunque mi misión en la Franja de Gaza haya terminado, no dejaré de apoyar los derechos de todos los jóvenes (incluidos los de Deema y Kareem) hasta que puedan llegar a alcanzar todo su potencial.

Notas

1. Instituto de Estadística de la UNESCO (IEU), 263 Million Children and Youth Are Out of School. Disponible en http://uis.unesco.org/en/news/263-million-children-and-youth-are-out-school (15 de julio de 2016).

2. Instituto de Estadística de la UNESCO (IEU), 617 millones de niños y adolescentes no están recibiendo conocimientos mínimos en lectura y matemática. Disponible en https://es.unesco.org/news/617-millones-ninos-y-adolescentes-no-estan-recibiendo-conocimientos-minimos-lectura-y (21 de septiembre de 2017).

3. Instituto de Estadística de la UNESCO (IEU), 263 Million Children and Youth Are Out of School. Disponible en http://uis.unesco.org/en/news/263-million-children-and-youth-are-out-school (15 de julio de 2016).

4. Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, “Informe de Seguimiento de la Educación para Todos en el Mundo”, documento de política general, n.º 21 (París, 2015). Disponible en https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000233557_spa.

5. Organización Mundial del Trabajo, Empleo juvenil. Disponible en https://www.ilo.org/global/topics/youth-employment/lang--es/index.htm (último acceso el 6 de agosto de 2019).

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