#TimeIsNow: movimiento para la solidaridad y la sororidad

La dramaturga nominada al Tony, actriz y activista Danai Gurira y la actriz galardonada por la Academia y activista Reese Witherspoon hablando con la Directora Ejecutiva de ONU-Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka, en la conmemoración del Día Internacional de la Mujer de 2018, «Ahora es el momento: las activistas rurales y urbanas transforman la vida de las mujeres», en la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. © ONU-Mujeres/Ryan Brown

Desde octubre de 2017, más de un millón de mujeres en todo el mundo han compartido experiencias y solidaridad con sus hermanas bajo el lema #MeToo («Yo también»). Están diciendo que ya basta. Durante demasiado tiempo, las mujeres han experimentado violencia en sus hogares, en espacios públicos y en el trabajo. Durante demasiado tiempo, se ha normalizado este abuso, se han silenciado las voces de las mujeres y se han ignorado sus historias. Durante demasiado tiempo, los perpetradores no se han enfrentado a las consecuencias.

Se estima que mil millones de mujeres en todo el mundo experimentan el sufrimiento causado por la violencia de género. Estas mujeres no siempre acuden a las autoridades para presentar denuncias formales, pero los datos recopilados por ONU-Mujeres con ayuda de la Organización Mundial de la Salud provenientes de dentistas, cirujanos, especialistas en salud mental, salas de urgencias y depósitos de cadáveres ilustran cómo la violencia de género es una crisis de salud mundial. No podemos permitir que esto continúe durante otra generación.

Nos encontramos en un punto de inflexión, un momento que al que nos debemos aferrar con las dos manos para decir «Ahora es el momento de actuar»: #TimeIsNow. Para amplificar este mensaje de solidaridad y fuerza, algunas estrellas de Hollywood con muchos millones de seguidores en las redes sociales en todo el mundo están colaborando con el movimiento #TimesUp con mujeres y niñas de zonas rurales, estudiantes, activistas de la sociedad civil y otras mujeres cuyas voces se han ignorado durante mucho tiempo. En África, las activistas y supervivientes están alzando su voz contra la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil. Cuentan con el liderazgo de mujeres como Jaha Dukureh, la Embajadora Regional de buena voluntad de ONU-Mujeres en África para poner fin a la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil. En América Latina, las mujeres han tomado las calles para protestar por el asesinato de la activista por los derechos humanos Marielle Franco y para alzarse en contra del feminicidio con la campaña «Ni una menos». En Suecia, una carta abierta de cientos de actrices que compartían sus testimonios y exigían tolerancia cero con el acoso llevó a que miles de mujeres en todas las industrias hicieran eco de estos llamamientos.

Este momento nos ha enseñado dos lecciones vitales. La primera y más importante, ha mostrado la fuerza de la solidaridad y la sororidad. La gran cantidad de mujeres que han sumado su voz a la conversación, diciendo «Te escucho, te entiendo, te creo», les ha permitido encontrar el valor. Proporcionar a las mujeres la oportunidad de desahogarse por experiencias dolorosas, y en última instancia encontrar alivio, sirve de terapia colectiva gratuita y abierta para todas. Mujeres en todo el mundo pueden decirle «yo también» a otra persona, que puede significar «me ha pasado» o, simplemente, «te creo». En segundo lugar, se ha creado un impulso decisivo para la identificación de responsabilidades y para atacar contra la impunidad. Hasta ahora, estos elementos se han eludido, por lo que mucha gente con poder ha cometido delitos de forma sistemática sin consecuencias. Es necesario que entendamos el movimiento #MeToo como un caso práctico que demuestra que todos somos iguales ante la ley. La campaña debe ampliarse aún más para garantizar que los responsables de la creación de leyes y las personas con cargos electivos en países de todo el mundo tengan una forma eficaz de luchar contra la impunidad. En ONU-Mujeres, utilizamos nuestra presencia mundial para respaldar esta ampliación del movimiento #MeToo y no dejar a nadie atrás.

A este respecto, es importante que el movimiento #MeToo luche contra la discriminación, que afecta a todo tipo de personas, teniendo en cuenta las experiencias diversas de las personas LGBTQI, las mujeres con discapacidad, las viudas, las mujeres de color, las mujeres indígenas y otros grupos marginalizados. Al igual que no es posible alcanzar la Agenda 2030 sin que exista la igualdad de género, no es posible eliminar la violencia contra las mujeres y las niñas sin un enfoque multidisciplinar que incorpore investigación, formulación de políticas, financiación adecuada y activismo.

Una vía fundamental para luchar contra la discriminación consiste en abordar la violencia contra las mujeres, incluido el acoso sexual en el lugar de trabajo. El empoderamiento económico de las mujeres es crucial para su participación integral en la sociedad. La envergadura global de #TimesUp, #MeToo y otros movimientos similares proviene de mujeres trabajadoras que exigen que su voz se escuche y poder estar seguras en sus lugares de trabajo. Sus historias han sacado a la luz casos de violencia, acoso y abuso sexual que afectan a mujeres de todas las industrias, en los sectores público y privado, y en economías reguladas e informales. La carga de acabar con dicho acoso no deberían soportarla únicamente las supervivientes. Tiene que ser responsabilidad de supervisores, accionistas, encargados de los recursos humanos y clientes por igual. El acoso solo se acabará cuando todos asumamos la responsabilidad y colaboremos de forma conjunta.

Una forma de lograrlo es mediante la nueva Iniciativa Spotlight de la Unión Europea y las Naciones Unidas, que se basa en la fortaleza y la experiencia de diversos socios con el fin de dirigir los grandes esfuerzos a la eliminación de la violencia contra las mujeres y las niñas en África, Asia, América Latina, el Pacífico y el Caribe. Con una contribución inicial de 500 millones de euros de la Unión Europea durante cinco años, la iniciativa transformará los recursos en acciones con el fin de respaldar la legislación, las políticas, las instituciones, las medidas de prevención, los servicios y los datos para detener la violencia y avanzar en materia de igualdad de género.

En el sistema de las Naciones Unidas también debemos predicar con el ejemplo. Promover la igualdad de género en el lugar de trabajo empieza en nuestras propias instituciones de las Naciones Unidas. El Secretario General de las Naciones Unidas ha dejado claro su compromiso con una política de tolerancia cero ante el acoso sexual, introduciendo un plan de cinco puntos ideado para abordar el problema dentro del sistema. En ONU-Mujeres, acabo de designar a Purna Sen, nuestra Directora de la División de Políticas, en un puesto especial como Coordinadora Ejecutiva y Portavoz para abordar el acoso sexual y otras formas de discriminación. Esto garantizará la existencia de enfoques centrados en las supervivientes, de forma que las experiencias de las mujeres sean el núcleo del trabajo contra el acoso sexual y se contribuya a impulsar las acciones decisivas para detenerlo.

También respaldamos firmemente el trabajo de la sociedad civil y de las organizaciones de mujeres en todo el mundo con medidas como el Fondo Fiduciario de las Naciones Unidas para Eliminar la Violencia contra la Mujer, entre otras, que durante los últimos 20 años ha sido el mayor fondo del mundo dedicado a acabar con la violencia contra mujeres y niñas. Independientemente del lugar del mundo en el que realicemos nuestras actividades, siempre colaboramos con la sociedad civil, el grupo de aliados más grande y antiguo que respalda nuestra agenda.

Acabar con el abuso y el acoso sexual también es responsabilidad de los hombres. Al tiempo que las mujeres asumen la responsabilidad de los derechos humanos de sus hermanas, los hombres deben asumir la de las acciones de sus hermanos. Ha llegado el momento de utilizar el movimiento #TimeIsNow para que los hombres y niños escuchen a las mujeres y niñas, y trabajen con ellas para acabar con las normas sociales y estereotipos negativos. Necesitamos que los hombres tomen medidas en el trabajo y en casa, que denuncien la violencia y el acoso y que cambien la forma en la que tratan a las mujeres y cómo hablan de ellas.

El movimiento HeForShe de ONU-Mujeres está logrando que hombres y niños participen en la lucha por la igualdad de género pidiéndoles que se comprometan a defender los derechos de las mujeres y a redefinir la masculinidad. Hasta ahora, casi 1,3 millones de hombres en todo el mundo, incluidos gobernantes, altos ejecutivos e incluso el hombre más rápido del mundo, Usain Bolt, se han comprometido a hacer su contribución. La era del movimiento «MeToo» exige que sigamos avanzando. Necesitamos que una marea creciente de hombres feministas se una a la lucha para formar un movimiento de resistencia firme e inquebrantable.

En el siglo XIX, personas en todo el mundo lucharon para acabar con la esclavitud. En el siglo XX, la lucha contra el racismo y el colonialismo volvió a despertar la conciencia de las personas. El gran reto del siglo XXI representa la lucha contra el sexismo, la violencia de género y todas las formas de opresión de la mujer.

Cuando pienso en estas luchas, y cuando me siento frustrada por el lento ritmo del cambio, a menudo me consuelo con las palabras de Nelson Mandela: «Todo parece imposible hasta que se logra». Lograr un planeta 50-50 antes de 2030 será imposible hasta que los hombres se unan a las mujeres en su lucha por la igualdad en cada ámbito de la vida. Solo cuando trabajemos todos juntos en solidaridad (los hombres y las mujeres, las estrellas de cine y los granjeros, los supervisores y el personal, los ciudadanos y los líderes políticos) lograremos lo imposible.  

Notas

«6,000 female lawyers are calling out sexual abuse in the Swedish legal industry – and it’s just the tip of the iceberg», Business Insider Nordic, 16 de noviembre de 2017. Disponible en: http://nordic.businessinsider.com/6000-swedish-female-lawyers-are-callin....