Setenta años de las Naciones Unidas

©UN Photo/Fabrice Ribère

Poner de relieve los logros de las Naciones Unidas en los últimos 70 años exigiría muchos volúmenes y me temo que escribir acerca de mis deseos para las Naciones Unidas en los próximos siete decenios llenaría aún más libros.

Pero tal vez dos momentos destacan en la orgullosa historia de nuestra Organización: el primero es la invención del mantenimiento de la paz, que realmente permitió a las Naciones Unidas promover la paz mundial a través de un mecanismo que hoy en día damos por sentado, pero que es único en la historia de las relaciones internacionales. Cuando me convertí en Secretario General, tuvo lugar la primera reunión en la cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno del Consejo de Seguridad, y su mandato para mí era claro: crear la próxima generación de operaciones de mantenimiento de la paz. De este mandato surgió el Programa de Paz. Me gustaría que siguiéramos prestando atención a los mensajes de aquella propuesta.

Otro gran momento para las Naciones Unidas fue la Declaración Universal de Derechos Humanos, al inicio de la historia de nuestra Organización, y la Conferencia Mundial de Derechos Humanos celebrada en Viena en 1993. Ha habido numerosas conferencias para establecer agendas y objetivos mundiales antes y después de Viena, pero al lograr reunir al mundo para definir los derechos humanos y establecer claramente un compromiso mundial para su logro, este fue un momento importante en la historia.

Entonces, ¿cuál es mi deseo para el futuro? Mi deseo es que nos basemos en los logros del pasado y los actualicemos para el mundo moderno. Así como las Naciones Unidas inventaron el concepto de mantenimiento de la paz, ahora debemos modernizar la práctica, y el Consejo de Seguridad ha de servirse de los instrumentos a su alcance para promover la paz y la seguridad internacionales. Necesitamos un nuevo Programa de Paz.

Asimismo, debemos aprovechar el formidable movimiento en favor de los derechos humanos y contribuir a garantizar que se adopten universalmente. Es necesario demostrar la misma valentía que se tuvo para afirmar la universalidad de estos principios en la Declaración y en Viena y aplicarla a los nuevos ataques contra el derecho humano más fundamental: el derecho a la vida. Además, necesitamos valor y visión de futuro para alcanzar un consenso mundial en un acuerdo sobre la definición del flagelo del terrorismo, y un fuerte compromiso mundial en la lucha contra este mal.

Confío en que las Naciones Unidas, nuestras Naciones Unidas, seguirán a la cabeza en innovación para que alcancemos el objetivo de la Carta para la vida “dentro de un concepto más amplio de la libertad”.