Salud y derechos sexuales y reproductivos: el pilar del desarrollo sostenible

Natalia Kanem, Directora Ejecutiva del Fondo de Población de las Naciones Unidas, a la izquierda, hablando en el Foro de la Juventud del ECOSOC con Nikki Fraser, Representante Nacional de Jóvenes, miembro de la Asociación de Mujeres Autóctonas de Canadá y joven líder de los ODS. SDG Media Zone, Naciones Unidas, Nueva York. 30 de enero de 2017. © PVBLIC Foundation/Elsa Barb

Poco después de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que adoptamos en 2015, hablamos con niñas de 10 años de todo el mundo y les pedimos que pidieran un deseo. Sus respuestas confirmaron lo que una vez escribió la poeta estadounidense Maya Angelou: «Somos más parecidos, amigos míos, de lo que somos diferentes». Daline de Camerún y Hiba de Jordania querían que toda su familia estuviese junta. Tuong Anh de Vietnam y Ortilla de Guatemala querían una bicicleta. Ingeborg de Noruega y Temawelase de Eswatini (anteriormente Suazilandia) querían tener un futuro decente.

Aunque los ODS tienen naturaleza universal, con el objetivo de no dejar a nadie atrás, las desigualdades que surgen de la nacionalidad, etnia, género, identidad y orientación sexual, estado civil, edad y otros factores influyen en el acceso de las personas a los recursos y la capacidad de ejercer derechos básicos, incluido el derecho a la salud sexual y reproductiva. En la mayoría de países en desarrollo, las niñas y mujeres más pobres son las que menos poder tienen para decidir si quedarse embarazadas y cuándo hacerlo. También tienen menos acceso a atención sanitaria de calidad durante el embarazo y el parto, lo que con frecuencia provoca muertes maternas. Esta desigualdad tiene repercusiones duraderas para la salud de las niñas y las mujeres, sus oportunidades educativas, su carrera profesional y sus posibilidades de ingresos, así como su contribución al desarrollo de sus respectivos países y la eliminación de la pobreza. La salud y los derechos reproductivos no solo son un problema para las niñas y mujeres que viven en situaciones de pobreza, sino que son relevantes para todos nosotros (mujeres y hombres, niñas y niños) ahora más que nunca, en la era de los ODS.

Los derechos y la salud reproductivos permiten a las mujeres controlar sus propios cuerpos y decidir si quieren tener hijos, así como cuándo, con quién y con qué frecuencia. Estos derechos incluyen un embarazo y un parto seguros, con atención prenatal y posnatal adecuadas, además de acceso a asesoramiento en materia de planificación familiar y diversos métodos anticonceptivos modernos. Los derechos y la salud reproductivos también dependen de una educación sexual amplia y oportuna que permita a los adolescentes y personas jóvenes conocer sus cuerpos, entender las relaciones, tomar decisiones con conocimiento de causa sobre su sexualidad y alzar la voz contra el acoso, la explotación y los abusos sexuales. Los derechos reproductivos incluyen asistencia sobre cómo quedarse embarazada y atención y asesoramiento en caso de aborto espontáneo o para mujeres que sufran depresión posparto. Poder ejercer estos derechos también evita los abortos en condiciones de riesgo.

Los derechos reproductivos son derechos humanos, y la igualdad de género, que depende de la capacidad de las mujeres de ejercerlos completamente, es fundamental para el desarrollo sostenible. El Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) celebrada en El Cairo en 1994 fue el primer acuerdo internacional que reconoció el derecho a la salud sexual y reproductiva. El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) se encarga de este mandato a nivel mundial, y aunque el mundo ha progresado hacia el acceso universal a la salud y los derechos sexuales y reproductivos desde 1994, este progreso no es suficiente. Para alcanzar los ODS, debemos acelerar el progreso de forma significativa.

Actualmente, existen casi 1800 millones de personas jóvenes entre los 10 y los 24 años en el mundo, todas ellas con aspiraciones y necesidades únicas. Seguimos dejando atrás a demasiadas de estas personas, sobre todo a niñas adolescentes. Cuando empiezan sus años fértiles, resulta especialmente urgente garantizar que tengan acceso a la información y los servicios necesarios para su salud sexual y reproductiva. La Agenda 2030 ofrece una oportunidad sin precedentes para que se escuche a las personas jóvenes, que reclamen sus derechos y que alcancen sus aspiraciones. Los ODS ya están avanzando al incluir en varias de sus metas un enfoque específico en los adolescentes. Sin embargo, rara vez se menciona a los adolescentes de forma explícita en los indicadores de los ODS. 

El UNFPA trabaja con los Gobiernos para obtener datos desglosados por edad y sexo, y estamos logrando avances en la recopilación de datos de los adolescentes más jóvenes. Tradicionalmente, la recopilación de datos se ha centrado en las mujeres casadas en edad reproductiva (de 15 a 49 años), no en las niñas de 10 a 14 años o en las mujeres que no están casadas. Además, los datos no se suelen desglosar por edad. Los crecientes esfuerzos por desarrollar metodologías y métodos sistemáticos de recopilación de datos que incluyan a adolescentes de todas las edades, independientemente de su estado civil, son fundamentales para identificar y abordar sus necesidades.

En el UNFPA, estamos convencidos de que, mediante la medición del progreso de las adolescentes, podremos hacer un seguimiento de nuestro progreso hacia los ODS. Una niña que tenía 10 años cuando se adoptaron los objetivos globales en 2015, será una mujer joven cuando alcancemos nuestra meta en 2030. Mientras trabajamos para aplicar los ODS, estas niñas pasarán por algunos de los momentos más cruciales y decisivos de sus vidas, como la pubertad y todo lo que implica: la formación de la identidad, los cambios en el cuerpo, la aparición de la menstruación, la exploración de las relaciones, mayor autonomía e independencia y la transición hacia la edad adulta.

En algunas partes del mundo, la aparición de la pubertad equivale a la edad adulta, y se otorga a las niñas jóvenes responsabilidades desproporcionadas, como duras tareas domésticas, el matrimonio infantil, el inicio prematuro de la actividad sexual y, de forma consecuente, la maternidad. Esto tiene repercusiones de gran alcance para la salud y el desarrollo sostenible.

Cuando una adolescente se queda embarazada, puede verse obligada a dejar el colegio, lo que elimina sus perspectivas de empleo y la convierte en una persona más vulnerable a la pobreza y la exclusión. Si su cuerpo no está lo suficientemente desarrollado para tener un hijo, su salud se resiente. De hecho, las complicaciones en el embarazo y el parto son la causa principal de muerte de las niñas de 15 a 19 años en todo el mundo.

En muchos lugares, las niñas pueden estar expuestas a la presión de las redes sociales sobre qué aspecto deberían tener y cómo deberían comportarse, lo que perpetúa la doble moral sexual que refuerza los estereotipos de género. Las redes sociales también han permitido el movimiento #MeToo y otros movimientos sociales que enfatizan el alcance y la universalidad del acoso y el abuso sexual, así como la urgencia de abordar estos problemas. La violencia contra las mujeres y niñas, que no tiene límites sociales, económicos ni nacionales, sigue siendo la forma de vulneración de los derechos humanos más extendida del mundo. Se estima que una de cada tres mujeres experimentará abusos físicos o sexuales a lo largo de su vida.

La comunidad global ha reconocido que la salud y derechos sexuales y reproductivos son el pilar del desarrollo sostenible. En UNFPA, estamos decididos a garantizar que todas las mujeres y niñas adolescentes que quieran métodos anticonceptivos modernos tengan acceso a ellos. Estamos trabajando para garantizar entornos en los que los partos sean seguros en todas partes y para acabar con la violencia contra las mujeres y niñas, incluidos el matrimonio infantil y la mutilación genital femenina.

Sabemos que es necesario alcanzar salud y derechos sexuales y reproductivos para todos:

  • un entorno legal y político favorable para abordar las desigualdades;
  • sistemas de educación y salud reforzados;
  • datos desglosados por sexo y edad para garantizar que no se deje a nadie atrás;
  • inversiones específicas en las mujeres y niñas;
  • cambios en las normas sociales que limitan la autonomía de las mujeres y niñas y su capacidad de tomar decisiones independientes sobre sus propios cuerpos, al tiempo que se sensibiliza a los niños y hombres; y
  • alianzas y mayor colaboración entre los sectores de la salud, la educación, el género, la población y el desarrollo.

Si nos tomamos en serio la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ¡ahora es el momento de actuar! El año que viene, en 2019, habrán pasado 25 años desde la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo y será el 50 aniversario del UNFPA. Esperamos que los Estados Miembros aprovechen esta oportunidad para reafirmar su compromiso con el consenso alcanzado en El Cairo: que los derechos reproductivos son derechos humanos y fundamentales para crear un futuro decente para todos.