Proteger los pequeños Estados insulares en desarrollo contra la contaminación y los efectos del cambio climático

Una parte de los atolones Maalhosmadulu (Maldivas), vista desde el espacio. 

©NASA/GSFC/METI/ERSDAC/JAROS, AND U.S./JAPAN ASTER SCIENCE TEAM/MARINE PHOTOBANK

Pocos símbolos del pasado y el futuro de la comunidad internacional son tan emblemáticos como los océanos. Desde las primeras migraciones humanas, los océanos llevaron a nuestros ancestros a nuevos continentes, unieron civilizaciones y abrieron el mundo a la exploración y el comercio. También nos conectan desde el punto de vista ecológico. Numerosas especies de peces nadan a través de las aguas territoriales para desovar y alimentarse, reportando al sector de la pesca miles de millones de dólares y proporcionando medios de subsistencia a un incontable número de hogares. Y lo que es más importante, los océanos desempeñan un papel fundamental en la regulación del clima mundial que sostiene nuestra vida. De hecho, los científicos han demostrado que, desde el comienzo de la era industrial, los océanos han soportado las consecuencias de la quema excesiva de combustibles fósiles, absorbiendo las emisiones de dióxido de carbono y la mayoría del calor generado por el calentamiento global.

Pero incluso los vastos océanos tienen sus límites. Las emisiones de dióxido de carbono elevan la acidez de los océanos, destruyendo de esta manera los corales y los crustáceos y alterando gravemente los hábitats y los recursos marinos esenciales. Al mismo tiempo, las temperaturas de la superficie del mar son las más altas en millones de años, y ahora sabemos que el calentamiento global se está produciendo mucho más rápido de lo que pensábamos. Los nuevos estudios sugieren que, al actuar como un sumidero de temperatura, los océanos han impedido el aumento catastrófico de la temperatura en tierra. Un informe de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza publicado en 2016 consideró el notable aumento de la temperatura de los océanos el "mayor desafío oculto de nuestra generación"1. "Oculto" porque bajo las olas, el calentamiento ha afectado a toda la vida marina, desde los microbios más pequeños hasta las ballenas más grandes, preparando las condiciones para una catástrofe y amenazando los "sectores clave para el ser humano [...], especialmente la pesca, la acuicultura, la gestión de los riesgos costeros, la salud y el turismo costero"2. Esta amenaza es especialmente grave para los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID). Seguimos dependiendo principalmente de los recursos marinos para nuestra alimentación y obtención de ingresos, y necesitamos hábitats oceánicos saludables para nuestras empresas de turismo. También somos vulnerables al aumento del nivel del mar provocado por el calentamiento global, que no solo amenaza nuestras infraestructuras costeras, sino que podría convertir nuestras islas en inhabitables si no hacemos nada al respecto.

Por estos motivos, Maldivas y muchos otros PEID, conocidos también como grandes Estados oceánicos, fueron algunos de los más firmes defensores del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 14 en la Agenda 2030. El ODS 14 comprende una serie de metas concebidas para "conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible". También reconoce que el cumplimiento de estas metas será difícil, si no imposible, si no limitamos las emisiones de gases de efecto invernadero que están detrás de tantos problemas.

En la práctica, los PEID han estado a la vanguardia de los esfuerzos mundiales para cumplir el ODS 14 en lo que respecta a nuestras ambiciosas medidas para reducir las emisiones y a proyectos de desarrollo sostenible que nos ayudan a adaptarnos a la vida en un contexto de calentamiento global. La labor de los PEID debe ser tenida en consideración a la hora de establecer zonas marinas protegidas en beneficio de millones y millones de personas en el mundo que dependen de los sistemas marinos saludables para su alimentación y obtención de ingresos.

Desde 2004, por ejemplo, Maldivas trabajó con las Naciones Unidas para declarar Reserva de Biosfera el atolón Baa. Este atolón fue seleccionado gracias a su notable biodiversidad y a su potencial para demostrar los beneficios económicos de la conservación. En tan breve período de tiempo, los atolones han demostrado una notable resiliencia contra el calentamiento de las aguas en comparación con otros hábitats.

En el Caribe, las zonas marinas protegidas de Granada son la prueba viviente de cómo la protección del hábitat esencial de los peces brinda beneficios a largo plazo aumentando la productividad de las poblaciones de valor comercial.

En otros lugares del Pacífico, Palau, las Islas Marshall y los Estados Federados de Micronesia han destinado una gran parte de sus aguas a zonas marinas protegidas, resguardando así a los tiburones y las tortugas y protegiendo las cruciales zonas de desove de innumerables especies. También han trabajado incansablemente para llamar la atención sobre el problema de la contaminación causada por los plásticos, que supone una grave amenaza para la vida marina y para las comunidades humanas que dependen de ella.

Aun así, mientras trabajamos para proteger y restaurar los medios marinos, las islas se han visto obligadas a hacer grandes inversiones para proteger sus costas de los graves efectos del cambio climático como la erosión y el aumento del nivel del mar. En Maldivas, por ejemplo, nos hemos visto obligados a construir infraestructuras resistentes al clima como muelles, carreteras, diques e instalaciones de saneamiento. Estos proyectos son extremadamente costosos y desvían recursos de otras prioridades como la salud pública y la educación. Otros PEID han tenido que rediseñar su futuro desarrollo debido a la incertidumbre que provocan el cambio climático y la degradación de los océanos.

Una cosa es segura: al igual que los efectos de la sobrepesca, la contaminación y el cambio climático son globales, también lo son las soluciones. La protección de los océanos para las generaciones presentes y futuras requiere que todos los países cumplan los compromisos asumidos para apoyar los medios de aplicación de la Agenda 2030 y para reducir las emisiones. Como los océanos, el ODS 14 debe volver a unirnos.  

Notas

1      Dan Laffoley y John M. Baxter, eds., Explaining Ocean Warming: Causes, Scale, Effects and Consequences (Gland (Suiza), Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, 2016), pág. 8. Disponible en: https://portals.iucn.org/library/sites/library/files/documents/2016-046_....

2       Ibid., pág. 50.