Promover los asentamientos humanos sostenibles: su importancia para la Agenda 2030

La Directora Ejecutiva de ONU-Hábitat, Maimunah Mohd Sharif, en el asentamiento Kalobeyei en Turkana, Kenya, durante una visita a los proyectos de ONU-Hábitat con embajadores y representantes de ONU-Hábitat de varios Estados Miembros. 4 de abril de 2018. © Julius Mwelu/UN-Hábitat

El mundo se está urbanizando a un ritmo sin precedentes, y la migración de millones de personas a las ciudades y los centros urbanos ejerce una gran presión en los habitantes, los políticos, los gestores de las ciudades, los planificadores urbanos y los encargados de formulación de políticas. Al mismo tiempo, las ciudades actúan como modelos de innovación y oportunidades que cuentan con el poder transformador del cambio positivo y la inclusión.

Antes de esto, los retos son numerosos e incluyen la provisión de servicios básicos, como agua y saneamiento, especialmente para los grupos marginados que viven en la periferia de las ciudades y otras aglomeraciones urbanas, así como la gestión del crecimiento urbano descontrolado. Los líderes locales también tienen la responsabilidad de crear las mismas oportunidades para que los habitantes consigan medios de subsistencia, sean productivos económicamente y se comprometan en actividades sociales y de ocio en un entorno sostenible y seguro para todos, sin dejar a ninguna persona ni ningún lugar atrás. El reto de la urbanización se ve agravado por los asentamientos humanos anteriormente rurales que se están transformando rápidamente en centros urbanos y pequeñas ciudades, que posteriormente se convertirán en ciudades más grandes. En 2014, el 54 % de la población del mundo era urbana. Se espera que la proporción de la población que vive en zonas urbanas alcance el 60,4 % en 2030. A partir de 2018, se estima que 548 ciudades tengan poblaciones de más de 1 millón de personas, y se espera que aumente a 706 ciudades en 2030.

En 2014, el 30 % de la población urbana en los países en desarrollo vivía en barrios marginales, e innumerables ciudades en todo el mundo experimentaron un aumento no planificado de sus estructuras informales, en las que habitaban personas pobres y con rentas bajas. Esto ha aumentado el crecimiento urbano más allá de las fronteras administrativas de la mayoría de ciudades, lo que hace que los servicios básicos y las oportunidades laborales decentes estén fuera del alcance de la mayoría de los habitantes de las zonas marginales. Ayudar a las ciudades y otros asentamientos humanos a convertirse en zonas modernas habitables y sostenibles es el mandato global de ONU-Hábitat. Con presencia en más de 70 países, la agencia trabaja con los Gobiernos nacionales y lo cales para lograr el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 11, cuya meta consiste en lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles. Además, ONU-Hábitat respalda la consecución de otros ODS en zonas urbanas. El plan de acción para llevar esto a cabo, la Nueva Agenda Urbana (marco de ONU-Hábitat para la realización del papel transformador de las ciudades en el desarrollo sostenible) se adoptó en la Conferencia Hábitat III en Quito, Ecuador, en 2016.

Los factores críticos para el desarrollo de los asentamientos humanos y urbanos sostenibles en la Nueva Agenda Urbana incluyen: planificación urbana multisectorial; financiación local; acceso a vivienda seguro y asequible; prestación de los servicios básicos adecuados; inversión en redes de transporte público asequibles y de bajas emisiones; y enfoques inclusivos y participativos para la planificación, implementación y seguimiento para garantizar la propiedad local y la sostenibilidad a largo plazo.

De manera operativa, ONU-Hábitat trabaja con un gran número de socios para diseñar, desarrollar e implementar soluciones innovadoras, asequibles y reproducibles a los retos de cada una de las dimensiones críticas del desarrollo urbano sostenible. Las lecciones aprendidas y las mejores prácticas que surgen de las operaciones fortalecen el trabajo normativo de la agencia. Esto incluye el asesoramiento a los encargados de la formulación de políticas, los líderes de la ciudad y las instituciones de financiación del desarrollo.

Las alianzas de larga data con las universidades e institutos de investigación han permitido a ONU-Hábitat producir y crear de forma constante obras reconocidas en el ámbito del desarrollo de los asentamientos humanos y urbanos sostenibles, de forma que ha obtenido reconocimiento como líder global en el conocimiento y el desarrollo de las capacidades.

El agua limpia y el saneamiento es una gran prioridad para las personas en las ciudades. Mediante el desarrollo de alianzas estratégicas y el aprovechamiento de las inversiones públicas y privadas, ONU-Hábitat ha proporcionado acceso sostenible y mejorado a ambos servicios para más de 2 millones de personas en África, Asia y América Latina.

El innovador Programa Participativo de Mejora de los Barrios Marginales de ONU-Hábitat ha mejorado la calidad de vida de 2 millones de habitantes de barrios marginales en todo el mundo, con intervenciones que implican a las comunidades en el diseño de proyectos, la implementación y el seguimiento para mejorar la capacidad local y los medios de subsistencia, y garantizar la sostenibilidad integrada mediante el empoderamiento de las personas.

Al colaborar con las ciudades asociadas, el Programa Ciudades Más Seguras ha desarrollado 40 espacios públicos en 12 países durante los últimos dos años, permitiendo a más de 500 000 personas disfrutar de un traslado más sencillo y un acceso más seguro a las instalaciones recreativas. La seguridad de la tenencia de las tierras es un aspecto importante del desarrollo sostenible de los asentamientos humanos y el ámbito urbano. Últimamente, la agencia ha sido fundamental para establecer mecanismos para la resolución de conflictos relacionados con el terreno en el norte de Irak.

Generar los ingresos adecuados para financiar programas sociales sostenibles es otro reto clave para muchos Gobiernos locales. Las intervenciones de ONU-Hábitat en Somalia, por ejemplo, han demostrado que los impuestos basados en las tierras y propiedades son una fuente viable de ingresos estables para las autoridades locales.

ONU-Hábitat también trabaja con los Gobiernos globales para mejorar su resiliencia y su capacidad para afrontar los desastres naturales o provocados por el ser humano. Esto respalda los esfuerzos de rehabilitación y recuperación de los Estados Miembros de las Naciones Unidas en las situaciones posteriores a los conflictos, como es el caso de Afganistán, Colombia, la República Democrática del Congo, Irak, Líbano, Somalia, Sri Lanka y Siria. Más de 1 millón de personas, incluidos refugiados, personas desplazadas internamente, retornados y comunidades de acogida, se han beneficiado de alojamiento e infraestructuras de servicios mejorados, así como de derechos seguros de tenencia de las tierras.

Uno de los pilares centrales de todas las iniciativas de ONU-Hábitat es un enfoque ascendente que destaque la participación de los ciudadanos y la implicación de todos los grupos de interés, desde comunidades hasta expertos en el diseño y la implementación de programas.

La desigualdad afianzada, la segregación territorial y la exclusión social suponen retos para las vidas de las personas en la mayoría de ciudades y asentamientos humanos. Los inconvenientes se concentran en las poblaciones más marginadas. ONU-Hábitat destaca el impacto de los derechos humanos, el género, la población joven y el cambio climático en la consecución del objetivo de la Agenda 2030 de no dejar a nadie atrás. Para que el desarrollo de asentamientos humanos y urbanos sostenibles se afiance, las necesidades de las personas anteriormente marginalizadas o grupos excluidos deben tenerse en cuenta debidamente.

Todos los ODS se refuerzan mutuamente y no es posible progresar en uno sin hacerlo en el resto. Por este motivo, la cooperación y la colaboración con otros fondos, agencias y programas de las Naciones Unidas son fundamentales para ONU-Hábitat. Al luchar contra los problemas medioambientales, educativos y de igualdad de género (por nombrar unos pocos), juntos podemos contribuir al desarrollo sostenible e inclusivo de los asentamientos humanos y del ámbito urbano.