Prevenir el uso de niños soldados, prevenir el genocidio

Lieutenant General Roméo Dallaire, 1994 ©LGenDallaire

Vivimos en una era en la que el nivel de sufrimiento humano a consecuencia de conflictos intraestatales parece estar aumentando exponencialmente. El desafío fundamental sigue siendo cómo crear el impulso político para generar respuestas oportunas y no selectivas al sufrimiento humano (MacFarlane y Weiss, 2000). En el centro del sufrimiento humano que estamos presenciando están las penurias de las poblaciones vulnerables, principalmente los niños. De todas las amenazas que definen los conflictos contemporáneos, el uso de niños soldados representa una de las tendencias de mayor alcance y más perturbadoras a día de hoy. Si en el pasado se obligaba a los niños a luchar pese a su juventud, ahora se les obliga a hacerlo debido a ella.

Los nuevos planteamientos de la prevención de conflictos deben incluir formas de priorizar la protección de los niños. Como afirmaba Graça Machel, nuestro fracaso colectivo a la hora de proteger a los niños debe transformarse en una oportunidad para afrontar los problemas que causan su sufrimiento (2001, pág. XI). Es posible que nuestra incapacidad para prevenir los conflictos y darles respuesta esté directamente relacionada con nuestra incapacidad para proteger a los niños y prevenir su uso deliberado en los conflictos armados.

ALERTA TEMPRANA

Desde su implantación en 2005, la doctrina de la responsabilidad de proteger ha tratado de promover la prevención de los conflictos. Utilizando la idea de indicadores de alerta temprana, la responsabilidad de proteger tiene por objeto obligar a la comunidad mundial a adoptar medidas para evitar atrocidades masivas. Las Naciones Unidas tenían intención de establecer una capacidad de alerta temprana para fundamentar medidas firmes y oportunas (Guéhenno, Ramcharan y Mortimer, 2010). Si conseguimos entender y reconocer el momento en el que se produce esta movilización hacia atrocidades masivas en sus primeras fases, podremos aprovechar esta oportunidad crítica para crear respuestas más eficaces.

Aparentemente, el sistema de las Naciones Unidas no entiende completamente que el carácter y la urgencia de las situaciones que conducen al genocidio exigen un análisis y un enfoque únicos, que justifican un mandato hecho a medida para este fin (citado en Akhavan, 2011, pág. 21). La responsabilidad de proteger está diseñada específicamente para prevenir las atrocidades masivas y el genocidio mediante la adopción de un enfoque “limitado pero profundo” descrito por el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon:

Nuestra concepción de la responsabilidad de proteger es, por lo tanto, limitada pero profunda. Su alcance está limitado y se centra exclusivamente en los cuatro delitos y violaciones acordados por los líderes mundiales en 2005. Ampliar el principio para abarcar otras calamidades como el VIH/SIDA… menoscabaría el consenso de 2005 y extendería el concepto más allá del reconocimiento o la utilidad operativa. Al mismo tiempo, nuestra respuesta debe ser profunda y utilizar todo el conjunto de herramientas de prevención y protección de que disponen el sistema de las Naciones Unidas, sus asociados regionales, subregionales y de la sociedad civil y, sobre todo, los propios Estados Miembros (2008).

Debe existir una lista completa de indicadores de alerta temprana en la que pueda basarse la comunidad mundial para justificar las acciones. El reclutamiento y uso de niños soldados se inscribe en el mandato de la responsabilidad de proteger, pero todavía no se utiliza como indicador de alerta temprana. Puede galvanizar el apoyo mundial, cumpliendo al mismo tiempo la petición de Ban Ki-moon de un enfoque “limitado pero profundo”.

En abril de 2012, el Secretario General Ban Ki-moon creó un Panel de Examen Interno para examinar las acciones de las Naciones Unidas en Sri Lanka. El informe del Panel concluyó que las acciones de las Naciones Unidas habían supuesto un “fracaso sistémico”. También afirmaba que algunos de los fallos fueron similares a los ocurridos en Rwanda. Como resultado de las recomendaciones de este Panel, el Secretario General Adjunto, Jan Eliasson, dirigió el diseño de un plan para aplicar las recomendaciones, denominado Plan de Acción “Los Derechos Primero”. Ahora debe traducirse en acciones. La iniciativa “Los Derechos Primero” busca prevenir las violaciones a gran escala de los derechos humanos.

Con la aprobación de la resolución 2171 (2014) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad se comprometió a utilizar mejor todas las herramientas del sistema de las Naciones Unidas para garantizar que las señales de alerta de una matanza inminente se traduzcan en la “adopción de medidas preventivas concretas” (Naciones Unidas, 2014). Estas medidas pueden ilustrarse priorizando la protección de los niños en el programa de paz y seguridad, que podría avisarnos de un posible genocidio.

¿UN PROBLEMA DE SEGURIDAD PRIORITARIO?

Las carencias de las iniciativas actuales para hacer frente al uso de niños soldados quedan patentes en la falta de atención prestada en los acuerdos de paz a la protección infantil y la prevención del reclutamiento y uso de niños en los conflictos armados: desde la aprobación de la Convención sobre los Derechos del Niño en 1989 se han firmado 180 acuerdos de paz entre partes beligerantes. De ellos, solo diez contenían disposiciones específicas para los niños combatientes (Whitman, Zayed y Conradi, 2014). La priorización de la prevención del uso de niños soldados, frente a la protección infantil general, es esencial debido a la conexión de los niños soldados como indicador de alerta temprana.

Si bien la atención de la comunidad mundial ha reaccionado en gran medida a situaciones en las que se habían utilizado niños como soldados, debe ponerse mayor atención en la prevención. Al fijarse en el desarme, la desmovilización, la rehabilitación y la reintegración y no en la erradicación del uso de niños soldados, la comunidad internacional simplemente ha tratado de reparar el mal, más que proteger al conjunto. Hasta que esta cuestión no se eleve en el programa de seguridad, la comunidad internacional seguirá desperdiciando excelentes oportunidades de prevenir el reclutamiento de niños como soldados (Whitman, Zayed y Conradi, 2014).

RWANDA 1994

En 1994 yo era el Comandante de la Fuerza de la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas para Rwanda (UNAMIR). Aunque he escrito mucho sobre el genocidio acontecido en ese período, no he detallado la conexión entre el reclutamiento y uso de niños soldados que presencié y la gestación del genocidio de Rwanda. Al igual que el resto de la comunidad internacional, no me percaté de la importancia del reclutamiento y uso de niños soldados como indicador de alerta temprana de atrocidades masivas o genocidio, hasta que empecé a observar este fenómeno a través de la lente de mi trabajo con la Iniciativa sobre Niños Soldados Roméo Dallaire.

El 4 de agosto de 1993 se firmó el Acuerdo de Paz de Arusha. Mi primer cometido fue recabar y presentar información sobre la aplicación del acuerdo de paz. Al echar la vista atrás, cuando visitamos por primera vez al Frente Patriótico Ruandés (FPR), lo primero que me chocó fue lo jóvenes que eran los soldados. En 1990, el FPR solo tenía 3.000 tropas, pero en 1993 se habían multiplicado hasta las 22.000. En gran parte, esto podía entenderse por la simple necesidad de recursos humanos y el pequeño tamaño de la población disponible para ser reclutada por el FPR. Todos los niños soldados parecían ser disciplinados, estar bien alimentados y ser tratados correctamente. No presentamos informes específicamente sobre el reclutamiento y uso de niños soldados, pero sí declaramos en el informe técnico de 1993 que los soldados parecían “muy jóvenes”. Además, no teníamos formación ni conocimientos para plantear esta cuestión.

Las Fuerzas Armadas de Rwanda (FAR) habían aumentado de 5.000 a 28.000 tropas desde octubre de 1990 hasta agosto de 1993. La mano de obra migrante y los hombres desempleados eran escogidos fácilmente para ser reclutados por las FAR en esa época. En noviembre de 1993 empezamos a ver hombres marchando por las calles, no en uniforme, sino llevando pantalones holgados y camisetas con los colores del Movimiento republicano nacional para la democracia y el desarrollo (MRND), los Interahamwe. Los Interahamwe eran el movimiento juvenil del partido extremista MRND. Cabía esperar que tuviesen menos de 18 años como en cualquier movimiento político juvenil, pero había muchos que parecían mayores. Después entendimos que los mayores eran los “líderes”.

En diciembre de 1993 recibí una carta firmada por miembros de las FAR en la que alertaban sobre los movimientos juveniles. En enero de 1994, a medida que aumentaban las manifestaciones en las calles, observamos que los Interahamwe estaban utilizando cada vez más a los niños. Un informante de nombre Jean Pierre nos dijo que su trabajo consistía en entrenar a los Interahamwe para matar. Explicó que podía presenciarse cómo se reclutaba a niños y se les entrenaba para matar tutsis. Vino a la UNAMIR para organizar el decomiso de los depósitos clandestinos de armas a fin de que no pudieran distribuirse. Una vez que se distribuyesen, señaló que no podrían parar la matanza.

Las pistolas se distribuían a los Interahamwe del núcleo duro que daban las órdenes, mientras que a los niños se les daban machetes. Sería mucho más fácil recuperar los machetes que las pistolas. Además, los niños estaban acostumbrados a los machetes en el trabajo agrícola. A continuación visitamos algunos de los lugares de entrenamiento. En ese momento vimos a muchos niños alrededor, todos con ropa de civiles.

Además, uno de los observadores militares de la UNAMIR informó en enero de 1994 de que había visto a profesores decir a los niños que tenían que ir a casa a preguntar a sus padres de qué etnia eran. Los profesores manifestaron su preocupación por esta nueva directriz, que estaba preparando a sus estudiantes para el genocidio. Los niños menores de 14 años no tenían carnés de identidad, por lo que esta nueva directriz permitía a todo el mundo ver quiénes eran tutsis en la clase. Esto debería haber dado una señal de advertencia, pero no se hizo nada en su momento.

Cuando el genocidio estaba en su apogeo a mediados de abril de 1994, los Interahamwe estaban utilizando visiblemente a los niños para cometer asesinatos y construir barricadas. El uso de niños era un plan estratégico y táctico deliberado de los extremistas. Si se hubiese desatado la alarma como factor de alerta temprana crítico, podría haberse movilizado apoyo para dedicar recursos a la protección de los niños y quizás haberse prevenido o reducido en gran medida la capacidad de los genocidas.

CONCLUSIÓN

Comprender el uso de niños soldados como condición previa para la comisión de atrocidades masivas también deja mayor margen para abordar este problema a través de medidas estructurales. En los Estados débiles y frágiles se arrastra más fácilmente a los niños a participar en la actividad criminal. Los factores que los hacen vulnerables a este trabajo son extremadamente similares a los que se enfrentan los niños soldados: son numerosos y fácilmente accesibles, están desesperados a nivel económico, tienen una educación escasa o nula, tienen pocas expectativas de encontrar un trabajo remunerado y están continuamente expuestos a la violencia y la degradación endémicas de los Estados abocados al fracaso.

La evidencia de la participación de niños en atrocidades masivas y genocidios se ha dado desde las Juventudes Hitlerianas de la Segunda Guerra Mundial hasta los campos de exterminio de Camboya y el genocidio en Rwanda. No se trata de un fenómeno nuevo. Sin embargo, todavía tiene que materializarse el entendimiento de la conexión entre el uso y el reclutamiento de niños soldados y la posibilidad de mecanismos de alerta temprana más eficaces. Este enfoque puede dar lugar a medidas que hagan hincapié en el refuerzo de los mecanismos de protección de los niños, desde los procesos de educación hasta la sensibilización comunitaria, las reformas del sector de la seguridad y el replanteamiento de las inversiones más rentables para las comunidades en riesgo. La ampliación de la lista de mecanismos de alerta temprana para reconocer, priorizar y prevenir el uso de niños como soldados podría ser esa acción tangible que ha eludido la comunidad mundial y que, sin embargo, puede crear un cambio sistémico a largo plazo.  

Referencias

Akhavan, Payam (2011). “Preventing genocide: measuring success by what does not happen”. Criminal Law Forum, vol. 22, núms. 1 y 2 (marzo), págs. 1-33.

Ban, Ki-moon (2008). Discurso en el acto “Responsible Sovereignty: International Cooperation for a Changed World”. Berlín, 15 de julio. Disponible en http://www.un.org/sg/selected-speeches/statement_full. asp?statiD=1631.

Guéhenno, Jean-Marie, Bertram G. Ramcharan y Edward Mortimer (2010). “UN Early Warning and Responses to Mass Atrocities”. Resumen de reunión. 23 de marzo. Centro Mundial para la Responsabilidad de Proteger. Disponible en http://www.globalr2p.org/media/files/un-early-warning-and-responses-to-mass-atrocities.pdf.

 MacFarlane, Stephen Neil y Thomas G. Weiss (2000). “Political Interest and Humanitarian Action”. Security Studies, Vol. 10, Núm. 1 (otoño), págs. 112-142. Disponible en http://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/09636410008429422#.VTEPJGRViko.

Machel, Graça (2001). The Impact of War on Children. Nueva York: Palgrave.

Naciones Unidas (2014). “Security Council, Adopting Resolution 2171 (2014), Pledges Better Use of System-Wide Approach to Conflict Prevention”. Disponible en http://www.un.org/press/en/2014/sc11528.doc.htm.

Whitman, Shelly, Tanya Zayed y Carl Conradi (2014). Child Soldiers: A Handbook for Security Sector Actors. 2ª ed., Halifax: the Roméo Dallaire Child Soldiers Initiative.