Prevención de crisis y conflictos: El papel de la mujer en los procesos de paz actuales

Comandante de la Fuerza Lund. Chipre, abril de 2015. © UNFICYP 

Este otoño se cumplirán 17 años desde que se aprobó la resolución 1325 (2000) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre las mujeres y la paz y la seguridad. Esta agenda incluye disposiciones específicas con respecto a las negociaciones y los acuerdos de paz, al igual que la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDCM), de 1979. Aunque se han logrado avances en el acceso de la mujer a los procesos de paz y su participación en ellos, todavía queda mucho por hacer. Lamentablemente, las mujeres siguen quedando en gran medida excluidas de participar y mediar en los procesos de paz1, por lo que los nuevos acuerdos de paz carecen de perspectivas de género. Esto sucede a pesar del importante papel que desempeñan las mujeres en la promoción de la paz, el diálogo pacífico y el cese de las hostilidades en muchos conflictos armados. Un estudio de 2012 elaborado por ONU-Mujeres sobre 31 procesos de paz entre 1992 y 2011 pone de relieve esta marginación de la mujer: solo el 4% de los signatarios, el 2,4% de los mediadores principales, el 3,7% de los testigos y el 9% de los negociadores eran mujeres2.

¿Cómo pueden ayudar los agentes y las redes regionales externos a impedir que se margine a la mujer o incluso se la excluya de participar en los procesos de paz?

Establecer un alto el fuego entre las partes beligerantes es un aspecto decisivo de los procesos de paz. Sin embargo, es igualmente importante que los procesos de paz también impliquen diseñar y definir nuevas estructuras e instituciones políticas de gobernanza e incluso, en algunos casos, elaborar nuevas constituciones o disposiciones de carácter constitucional. Los procesos de paz, cuando llegan a buen puerto, representan momentos decisivos de la historia y la trayectoria de un país, y las mujeres no deberían quedar excluidas. En segundo lugar, los procesos de paz presentan una oportunidad excepcional para promover los compromisos de un país en favor de la igualdad de género, cumpliendo las disposiciones de la CEDCM, y para integrar estos objetivos estratégicos en la definición de acuerdos, instituciones, mecanismos y procesos.

En noviembre de 2015 se puso en funcionamiento en Oslo (Noruega) la red regional Nordic Women Mediators (NWM) inspirada y en parte motivada por una iniciativa similar de Sudáfrica (el Gertrude Shope Annual Dialogue Forum), y desde entonces ha surgido una red nacional en cada uno de los cinco países nórdicos. La red NWM se creó con el propósito de dar solución al acceso limitado de la mujer a los procesos de paz y su escasa participación en ellos promoviendo y respaldando la participación de la mujer en las negociaciones de paz en todos los niveles y etapas, ya sea dando mayor difusión a las opiniones y las preocupaciones de las mujeres, defendiendo procesos más inclusivos, realizando proyectos conjuntos, compartiendo experiencias o estableciendo contactos y forjando lazos con otras redes de mediadoras. Por lo tanto, reconocer y promover activamente la plena participación de la mujer en los procesos de paz —como partes, participantes y mediadoras— constituye un aspecto fundamental del cumplimiento de esta agenda y nuestro respaldo a ella. Se están creando otras redes regionales que pueden servir como instrumento eficaz en distintas crisis y zonas de conflicto.

La General de División Kristin Lund, como primera mujer Comandante de la Fuerza de las Naciones Unidas para el Mantenimiento de la Paz en Chipre (UNFICYP), pudo participar en las actividades de apoyo y promoción correspondientes al actual proceso de paz. Las mujeres representan el 50% del Equipo Directivo Superior. Las cuestiones de género siempre han ocupado un lugar prioritario en la agenda a nivel interno y externo, nunca se han relegado al último lugar. La perspectiva de género se integró en todos los aspectos de nuestro trabajo. Además, como dirigente de las Naciones Unidas, se tiene la responsabilidad y la obligación de apoyar la diversidad y actuar conforme a la resolución 1325 (2000) del Consejo de Seguridad. En la UNFICYP, esto fue sencillo, puesto que tener dirigentes mujeres ayudó a abrir muchas puertas en la comunidad. Llegar a distintos estratos de la sociedad puede contribuir de forma importante al proceso de paz.

En mayo de 2016, la red NWM (Noruega) fue invitada a Chipre para reunirse con organizaciones de mujeres, el Equipo Consultivo sobre Género, el Comité Técnico sobre la Igualdad de Género, la Representante Especial del Secretario General y el Asesor Especial del Secretario General. La red NWM (Noruega) adquirió amplia experiencia gracias a los procesos de paz del Oriente Medio, Colombia y Filipinas. Se intercambiaron y compartieron muchas experiencias. Era evidente que promover la igualdad de género todavía se presenta como un esfuerzo ascendente, en lugar de como un enfoque descendente, que es tan esencial para la paz sostenible. En lo que respecta a los datos empíricos, en investigaciones recientes se ha demostrado que en los procesos de paz inclusivos, el éxito de las soluciones negociadas es mayor y las probabilidades de establecer una paz sostenible también aumentan.

Empoderamiento de la mujer en las crisis y los conflictos

En las situaciones de crisis y conflicto resulta fundamental empoderar a las mujeres. Representan el 50% de la población mundial y, por tanto, deben formar parte de las soluciones.

En las situaciones de conflicto armado y crisis es necesario llegar a distintas mujeres y organizaciones de mujeres y consultar periódicamente con ellas. Las mujeres no constituyen un grupo homogéneo en ningún país y es importante tener en cuenta las identidades étnicas, religiosas, lingüísticas y de otros tipos. No cabe esperar que todas las mujeres piensen del mismo modo. Por ejemplo, las opiniones, inquietudes y necesidades de las mujeres profesionales de las zonas urbanas probablemente serán distintas de las que tengan las agricultoras y microempresarias de las zonas rurales. Tomemos en serio a las mujeres. Habrá mujeres en distintos lados del conflicto cuyas opiniones, perspectivas, necesidades e inquietudes no siempre coincidirán, como tampoco lo harán las de los hombres.

En muchos países afectados por conflictos, habrá iniciativas de paz impulsadas por mujeres locales, a menudo no en la capital sino en las áreas afectadas. Es indispensable ponerse en contacto con estas iniciativas de las mujeres locales, consultarles y prestarles apoyo para detener las hostilidades y promover el diálogo y el entendimiento. Esta obligación figura también en la resolución 1325 (2000) del Consejo de Seguridad (párrafo 8).

Cuando no existen organizaciones oficiales de mujeres y de la sociedad civil, es fundamental entablar comunicación con las mujeres directamente y, de ser posible, disponer un mecanismo para realizar consultas con sus pares y asociados. Sin duda, es necesario ser consciente de la estructura política para no acabar suplantando a la mujer.

Durante los períodos de conflicto y crisis, diversas iniciativas de ámbito local, nacional, regional e internacional tienen por objeto frenar o reducir la violencia y procurar que las partes beligerantes entablen unas negociaciones preliminares con el fin de valorar si sería posible sentar los cimientos de unas conversaciones de paz oficiales entre estos agentes —que a menudo incluyen algún tipo de alto el fuego temporal—. Las negociaciones preliminares, cuando son fructíferas, dan lugar a una hoja de ruta de cuestiones clave con respecto a las conversaciones y el acuerdo oficiales.

Las mujeres y los agentes de la sociedad civil a menudo quedan excluidos de las conversaciones y los acuerdos de las negociaciones preliminares, que además suelen ser confidenciales. Como resultado, las mujeres y la sociedad civil no pueden presentar sus necesidades e inquietudes durante esas negociaciones preliminares, que es cuando se establece la agenda correspondiente a las conversaciones oficiales, en las que se examina en qué consiste el conflicto. La mayoría de los procesos de paz se centran en poner fin a la violencia —o la violencia política—, pero no reconocen las distintas formas de violencia que sufren las mujeres y las minorías, como los pueblos indígenas, por lo que no abordan estas formas de violencia ni dan respuesta a las preocupaciones de la mitad de la población con respecto a la seguridad. Como tales, las negociaciones preliminares y los acuerdos suponen un gran reto para las mujeres y la sociedad civil, ya que estas negociaciones y acuerdos sientan las bases y la estructura de las conversaciones oficiales.

También pueden existir oportunidades para respaldar los procesos de diálogo paralelos entre las mujeres y los agentes de la sociedad civil, pero esto depende en gran medida de las condiciones de seguridad en que se encuentre el país. Una vez que se ve con mayor claridad que es posible convocar conversaciones oficiales, resulta esencial colaborar con las mujeres, las organizaciones de mujeres y la sociedad civil a fin de ayudarles a prepararse para su participación en los procesos de paz, ya sea directamente en la mesa oficial de negociaciones o en vías, estructuras y procesos paralelos. Muy pocos agentes de la sociedad civil pueden presentarse sin más y participar en estos procesos. Muchos necesitan asistencia, orientación y apoyo si de verdad desean participar eficientemente, lo que significa recibir no solo apoyo técnico y financiero, sino también contar con los medios necesarios para consultar a sus bases y con estrategias relativas a los temas clave de la agenda, cuando se preparen sugerencias sobre asuntos concretos.

El papel de la mujer en los procesos de paz actuales

Las mujeres desempeñan diversas funciones en procesos de paz complejos y de múltiples vías. Pueden sentarse en la mesa oficial de negociaciones, en un comité o subcomisión de cuestiones técnicas o pueden permanecer fuera de las conversaciones y participar como agentes de la sociedad civil en los acontecimientos posteriores. Todas estas funciones son fundamentales. En el proceso reciente llevado a cabo entre el Gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC), las mujeres y los agentes de la sociedad civil desempeñaron un papel clave en su movilización nacional y en la definición de sus demandas e inquietudes. Estas voces incesantes desempeñaron un papel importante en la aprobación de varias disposiciones en favor de la mujer en los acuerdos finales3.

La labor de mujeres expertas y representantes de la sociedad civil también es importante para lograr que las nuevas constituciones, disposiciones jurídicas, mecanismos e instituciones incluyan las inquietudes, perspectivas y necesidades de las mujeres, como es el caso de la reforma de los tribunales, la policía, el sector de la seguridad y otras instituciones gubernamentales. Las disposiciones jurídicas son decisivas, pero también lo son los mecanismos de ejecución. En todas estas reformas reside la oportunidad excepcional de integrar objetivos estratégicos sobre las cuestiones de género y los derechos humanos y de afrontar los orígenes estructurales de la desigualdad.

Se tiende a considerar los "asuntos de la mujer" de una forma muy limitada, básicamente como servicios de salud, educación y a veces de protección social. Es urgente escapar de esta falta de comprensión, de manera que la reforma de la policía, el sector de la seguridad y los tribunales se considere esencial para las mujeres al igual que para los hombres. Por ejemplo, la violencia contra la mujer sigue siendo un fenómeno global y una de las principales fuentes de inseguridad para las mujeres y las niñas, tanto si tiene lugar en el hogar como en la esfera privada o en público. Es necesario que las mujeres participen en la reforma de los servicios policiales y los tribunales para que realmente sea posible integrar sus necesidades en la labor de estas instituciones. A fin de que las mujeres y los agentes de la sociedad civil puedan intervenir en estos procesos y de que exista una amplia base de participación, se han de crear mecanismos para los procesos de consulta sectoriales.

La necesidad de que los mediadores realicen actividades de acercamiento no disminuye porque se celebren conversaciones de paz oficiales. Más bien al contrario, la responsabilidad de los mediadores y los facilitadores aumenta después de que se haya establecido un proceso de paz oficial. Para ello, los mediadores deberían fijar un plan de acción y un protocolo que garanticen la participación de las mujeres. Debemos permitir y facilitar que los grupos de mujeres definan y formulen sus inquietudes y demandas, como en el caso del proceso de Colombia y las FARC con la movilización nacional de mujeres. En segundo lugar, es importante crear mecanismos por los cuales estos grupos puedan acceder a las negociaciones oficiales.

Los agentes externos desempeñan un papel fundamental a la hora de conseguir que estas organizaciones de mujeres y mecanismos dispongan de suficientes recursos para poder participar. Otra función importante que los mediadores, los facilitadores y los agentes externos pueden desempeñar es velar por que las conversaciones creen un ámbito en el que las mujeres puedan expresar sus preocupaciones.

El empoderamiento de las mujeres en las situaciones de crisis y conflicto debe ser uno de los instrumentos más importantes de un proceso de paz, y recurrir a las mediadoras o redes de mujeres puede ser un punto de partida positivo para concienciar a los dirigentes de la importancia de incluir a toda la población.

Christine Bell explica que la exclusión de la mujer de los procesos de paz es bastante problemática

porque las elimina de unos procesos, que son básicamente procesos de elaboración de la Constitución, que marcan un camino de salida del conflicto y establecen las estructuras políticas, jurídicas y económicas de gobierno, prevén el plan de trabajo de la reconstrucción posterior a los conflictos, circunscriben el papel de las organizaciones internacionales y disponen las corrientes de financiación4.

Notas

1      Christine Bell, “Women and peace processes, negotiations, and agreements: operational opportunities and challenges”, informe sobre políticas (Oslo, Norwegian Peacebuilding Resource Centre, 2013), págs. 2 y 3. Puede consultarse en https://noref.no/Publications/Themes/Gender-and-inclusivity/Women-and-pe....

2      Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres, “Participación de las mujeres en las negociaciones de paz: relaciones entre presencia e influencia", informe de investigación (Nueva York, 2012), págs. 1 a 3 y 5.

3      Hilde Salvesen y Dag Nylander, “Towards an inclusive peace: women and the gender approach in the Colombian peace process”, informe (Oslo, Norwegian Centre for Conflict Resolution, 2017). Puede consultarse en https://noref.no/About-NOREF/News/New-report-women-and-the-gender-approa....

4      Bell, “Women and peace processes, negotiations, and agreements”, pág. 4.