Para nosotros los pueblos...

Photo of Dag Hammarskjöld ©UN Photo/JO
 

En octubre de 2015, las Naciones Unidas conmemoran su 70º aniversario y, con este motivo, es apropiado examinar la pertinencia del documento fundacional, la Carta de las Naciones Unidas. Las Naciones Unidas han evolucionado en un mundo cambiante, y corresponde a los Estados Miembros mantener el fortalecimiento de las capacidades de la Organización y reafirmar su compromiso con los propósitos y principios de la Carta. La visión y los valores expresados por el segundo Secretario General de las Naciones Unidas, Dag Hammarskjöld, siguen siendo pertinentes para este fin.

La Carta es una declaración valiente, excepcional en cuanto al contenido y a la aspiración, y sus propósitos y principios siguen siendo pertinentes para hacer frente a los complejos retos mundiales de hoy. En su introducción del informe anual presentado a la Asamblea General de las Naciones Unidas el 17 de agosto de 1961, menos de cinco semanas antes de su trágica muerte, Dag Hammarskjöld resumió la pertinencia del documento de la siguiente manera:

“[E]n el Preámbulo de la Carta se afirma que un principio y propósito de la Organización es 'crear condiciones bajo las cuales la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de los tratados y de otras fuentes del derecho internacional puedan mantenerse'. Con estas palabras [...] da expresión a otro principio democrático básico, el del imperio de la ley1”.

La Carta es única, pero los Estados Miembros no la han aplicado con ecuanimidad en todo su potencial y significado. El 70º aniversario de la creación de las Naciones Unidas proporciona una oportunidad importante de hacer balance y de reafirmar el compromiso con la Carta. Un debate sobre la manera de revitalizar la Carta tendrá que abordar el modo de reafirmar y hacer efectivo el compromiso con sus propósitos y principios, así como determinar en qué medida se necesitan modificaciones a fin de adaptarse a las exigencias de un mundo en evolución.

La integridad, la determinación e incansable labor de Dag Hammarskjöld para adaptar la Organización y encontrar soluciones mediante una aplicación constructiva de la Carta siguen siendo una fuente de inspiración y una brújula orientadora. En su último informe anual a la Asamblea General en 1961, Dag Hammarskjöld sostuvo que los objetivos de la Carta debían lograrse de manera progresiva, mediante la aplicación de cuatro principios fundamentales:

  • La igualdad de derechos políticos, en términos de igualdad soberana y de respeto individual de los derechos humanos y las libertades fundamentales.
  • La igualdad de oportunidades económicas, a fin de promover niveles de vida más elevados a través de la creación de condiciones propicias para el desarrollo y el progreso económico y social.
  • Un marco firme del estado de derecho en el que se basen las acciones y actividades de la comunidad internacional.
  • La prohibición del uso de la fuerza contrario al interés común de la comunidad internacional2.

En muchos sentidos Dag Hammarskjöld fue a la vez realista e idealista: idealista porque creía en las posibilidades de las Naciones Unidas, así como en los propósitos y principios de la Carta, y realista porque comprendía los límites de la Organización y de sus Estados Miembros, que se rigen principalmente por los intereses nacionales. En un discurso pronunciado en 1956,

Dag Hammarskjöld se refirió a la brecha entre idealismo y realismo. Considerando que las afirmaciones de que las Naciones Unidas habían fracasado eran, a menudo, engañosas, señaló que si nos referimos a los propósitos de la Carta, se trata de expresiones de ideales compartidos universalmente que no pueden fallarnos aunque nosotros, por desgracia, a menudo les fallemos. Pero que si pensamos más bien en las instituciones de las Naciones Unidas, se trata de nuestros instrumentos, ya que las hemos formado, nos servimos de ellas y nos incumbe la responsabilidad de corregir los fracasos en que desemboque nuestro uso de ellas3.

En el contexto del 70° aniversario de las Naciones Unidas podemos reflexionar sobre las palabras de Dag Hammarskjöld que nos recuerdan que la Carta de las Naciones Unidas no puede fallarnos, sino que es responsabilidad de los Estados Miembros corregir cualquier deficiencia. Todas las secciones del Preámbulo de la Carta están conectadas y son interdependientes, como lo expresó el Vicesecretario General de las Naciones Unidas, Jan Eliasson, en la 13ª conferencia anual Dag Hammarskjöld en 2011, al señalar que las soluciones duraderas requieren que la búsqueda de la paz, el desarrollo y los derechos humanos tengan lugar de forma paralela, ya que no hay paz sin desarrollo; no hay desarrollo sin paz; y no hay paz y desarrollo sostenibles sin el respeto de los derechos humanos. Y afirmó que si uno de estos tres pilares es débil en una nación o una región, toda la estructura es débil y que, por lo tanto, deben derribarse los muros y barreras entre esas esferas4.

Las siguientes ocho afirmaciones, inspiradas en la visión y el legado de Dag Hammarskjöld, podrían contribuir al diálogo y al proceso para unas Naciones Unidas más fuertes y eficaces:

  • La Carta debe aplicarse y los Estados Miembros deben reafirmar y reconocer que su aplicación sigue siendo su responsabilidad. El septuagésimo período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas debería allanar el camino para una declaración conjunta relativa a los debates de reforma que se centre en la aplicación de los pilares del Preámbulo y en un proceso de decisión con plazos respecto de las enmiendas.
  • Las Naciones Unidas deben velar por la dimensión centrada en los pueblos de la Carta. La frase inicial de la Carta, “Nosotros los pueblos”, debe colocarse en el centro de la Organización y de sus operaciones, y las Naciones Unidas en su conjunto deben examinar de nuevo su fundamento ideológico para garantizar la inclusividad.
  • Deberían reforzarse el liderazgo de las Naciones Unidas y la integridad de los funcionarios públicos internacionales. La Carta establece, como subrayó reiteradamente Dag Hammarskjöld, un papel fuerte e independiente del Secretario General que debería seguir siendo leal únicamente a los principios de la Carta. La elección del próximo Secretario General ofrece una oportunidad importante para seguir mejorando la transparencia y la rendición de cuentas. Las Naciones Unidas también deberían revitalizar los principios de imparcialidad, integridad y ética del funcionario público internacional, consagrados en los Artículos 100 y 101 de la Carta. Las Naciones Unidas deben avanzar a fin de garantizar una Secretaría del siglo XXI con una mayor integridad y un personal profesional, dinámico y con más movilidad.
  • El Consejo de Seguridad debe ser democrático y ampliarse a fin de reflejar las realidades geopolíticas del mundo de hoy. Debe romperse el estancamiento de los esfuerzos de reforma y debe establecerse un proceso claramente definido, con una fecha de finalización fijada, para lograr un acuerdo. Si no logramos reformar el Consejo de Seguridad, este seguirá perdiendo autoridad y se le ignorará cada vez más y, por consiguiente, corre el riesgo de perder su papel en la protección de la paz y la seguridad internacionales. Se debería estudiar una propuesta para limitar el uso del veto, por ejemplo, en casos de atrocidades graves o violaciones masivas de los derechos humanos. La ampliación del Consejo requerirá modificar la Carta. Ello puede hacerse —ya se ha modificado en tres ocasiones— con el primer conjunto de enmiendas que modifiquen la composición del Consejo.
  • Los esfuerzos para mantener la paz y la seguridad deben incluir nuevos métodos y mejores instrumentos a fin de promover la prevención y la consolidación de la paz: Las Naciones Unidas no han estado a la altura de su propósito de preservar a las generaciones futuras del flagelo de la guerra. Las operaciones de consolidación y mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas deben examinarse de nuevo. Los Artículos 34 y 41, que se refieren a medidas que no impliquen el uso de las fuerzas armadas, deberían estudiarse más a fondo y aplicarse a fin de reconocer la necesidad de la prevención y del arreglo pacífico de los conflictos. Son necesarios mayores esfuerzos para velar por que se garantice la participación de la mujer en la consolidación de la paz. La utilización de las disposiciones del Capítulo VIII de la Carta debería mejorar a fin de clarificar y aumentar la cooperación con las organizaciones regionales.
  • Los derechos humanos se deben respetar, aplicar y defender: las Naciones Unidas son decisivas para el desarrollo y la promoción de las reglas y normas internacionales. Los Estados Miembros deben reafirmar su compromiso de proteger y promover los derechos humanos, en particular los de las mujeres y las niñas, y de respetar y aplicar los valores y principios fundamentales, definidos y refrendados en los tratados y marcos jurídicos mundiales que exigen cumplimiento por todos los Estados Miembros.
  • La justicia y el respeto del derecho internacional deberían ampliarse para incluir una disposición sobre la justicia de género y el derecho ambiental: debemos otorgar a la justicia de género un mayor reconocimiento y elaborar nuevos enfoques al respecto. Debemos integrar el derecho ambiental en toda la labor de las Naciones Unidas en materia de estado de derecho y velar por que este se integre en la elaboración de los objetivos de desarrollo sostenible.
  • El progreso social debe reorientarse hacia el desarrollo sostenible mundial y debe abordarse como una responsabilidad de todos. La Carta debe modificarse para incluir la sostenibilidad.

Dag Hammarskjöld desempeñó un papel decisivo en la identificación y el establecimiento de programas de reforma. Pero también era plenamente consciente de los límites y de la necesidad de pragmatismo en la aplicación de dichas reformas. Después de solo un año en el cargo, parafraseó a Henry Cabot Lodge Jr., que había dicho que las Naciones Unidas no fueron creadas para llevarnos al cielo, sino para salvarnos del infierno. Para Dag Hammarskjöld esta frase resumía tan bien como cualquier otra tanto el papel esencial de las Naciones Unidas como la actitud mental que deberíamos aportar en su apoyo5.

Dag Hammarskjöld encarnó y honró muchos de los principios de la Carta tal como manifestó en sus virtudes personales, ética y creencias. Pero era consciente del tiempo necesario para que la tarea de construir un mundo realmente unido diera sus frutos. Como expresó en su discurso pronunciado en la Universidad de Nueva York el 20 de mayo de 1956, todavía estamos buscando formas de lograr que nuestras instituciones internacionales desempeñen con mayor eficacia el propósito fundamental expresado en las palabras de Woodrow Wilson: ser los ojos de las naciones para vigilar el interés común. Según Dag Hammarskjöld, no cabía duda de que dentro de cuarenta años también deberíamos trabajar en la misma búsqueda y que no podía ser de otra manera. Opinaba que una organización mundial era aún una aventura nueva en la historia de la humanidad y que necesitaba mucho perfeccionamiento del crisol de experiencias y no existen sustitutos para el tiempo a ese respecto6.

No obstante, Dag Hammarskjöld no tenía la menor duda de que las Naciones Unidas, a pesar de todas sus limitaciones, son una organización que la humanidad necesita y que la necesitamos por las aportaciones constructivas que ofrece en los intentos internacionales de resolver los conflictos de intereses. Afirmaba que la necesitamos como base y marco para iniciativas difíciles y que precisan mucho tiempo, a fin de encontrar normas en las que una influencia extranacional, o quizás incluso supranacional, puedan aplicarse a la prevención de futuros conflictos7.

Notas

Documentos oficiales de la Asamblea General, decimosexto período de sesiones, Suplemento núm. 1A (a/4800/add.1), pág. 2.

2  Hans Corell, “Dag Hammarskjöld, the United Nations and the Rule of Law in Today’s World”, conferencia en la Dag Hammarskjöld University College of International Relations and Diplomacy, Zagreb, 29 de noviembre de 2011.

3  Dag Hammarskjöld, “Address at New York University Hall of Fame  Ceremony on the Unveiling of the Bust and Tablet for Woodrow Wilson, New York, May 20, 1956”, en Public Papers of the Secretaries-General of The United Nations, vol. III: Dag Hammarskjöld 1956-1957, Andrew W. Cordier y Wilder Foote, eds. (Nueva York y Londres, Columbia University Press 1973), pág. 145.

4  Jan Eliasson, Peace, Development and Human Rights. The Indispensable Connection. The Dag Hammarskjöld Lecture 2011 (Uppsala, Fundación Dag Hammarskjöld, 2011), pág. 12.

5  Dag Hammarskjöld, “Address at University of California Convocation, Berkeley, California, May 13, 1954”, en Public Papers of the Secretaries-General of The United Nations, vol. II: Dag Hammarskjöld 1953-1956, Andrew W. Cordier y Wilder Foote, eds. (NuevaYork y Londres, Columbia University Press 1972), pág. 301.

6  Dag Hammarskjöld, “Address at New York University Hall of Fame Ceremony on the Unveiling of the Bust and Tablet for Woodrow Wilson, New York, May 20, 1956”, pág. 145.

7  Dag Hammarskjöld, “‘Do We Need the United Nations?’, Address Before the Students’ Association, Copenhagen, May 2, 1959”, en Public Papers of the Secretaries-General of The United Nations, vol. IV: Dag Hammarskjöld 1958-1960, Andrew W. Cordier y Wilder Foote, eds. (Nueva York y Londres, Columbia University Press 1974), pág. 374.