Objetivo 17—Posibilitar un futuro sostenible con la acción conjunta de países y comunidades: una Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible revitalizada

Objetivo 17

Fortalecer los medios de implementación y revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible

 

El año 2015 será crucial para la agenda de desarrollo en las Naciones Unidas. La financiación del desarrollo sostenible será el tema principal del acuerdo que se prevé alcanzar en Addis Abeba en julio de 2015. Más tarde, en septiembre del mismo año, se aprobará en una cumbre mundial un documento final que incluirá la agenda para el desarrollo después de 2015, y hay grandes esperanzas de lograr un acuerdo ambicioso y de gran alcance en relación con el cambio climático durante la 21ª Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que tendrá lugar en París en diciembre de 2015. Esta serie de acuerdos serán el marco para diseñar medidas, orientaciones y enfoques transformativos para la gente y para nuestro frágil planeta.

Uno de los puntos más relevantes es la evolución conceptual de estos acuerdos sobre el desarrollo sostenible, que se centran firmemente en un marco integrado y en la implementación basada en la participación decidida. El Secretario General ha manifestado que el 2015 ofrecerá “una oportunidad muy necesaria para integrar la agenda más amplia de las Naciones Unidas con sus objetivos inextricablemente relacionados y mutuamente interdependientes en materia de paz y seguridad, desarrollo y derechos humanos”. Igual importancia reviste la voluntad de considerar la universalidad de las iniciativas y acoger medidas tanto en los países ricos como en los pobres. No es posible seguir protegiendo la prosperidad, la seguridad y la sostenibilidad de nuestro mundo a base de fondos concesionales de países ricos a países pobres; esa protección se debe fundamentar más bien en medidas diversas que emprendamos todos, en todo el mundo. Las políticas nacionales de los países más ricos pasan a formar parte integrante de su apoyo a la ejecución de la agenda para el desarrollo. La participación efectiva y cualificada de los gobiernos, las instituciones de las Naciones Unidas, el sector privado, la sociedad civil y el mundo académico determinará el éxito o el fracaso de la nueva agenda. Esta es la base de la revitalización de la alianza mundial para el desarrollo sostenible.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que constituyen los cimientos de la agenda para el desarrollo sostenible después de 2015, incluyen un amplio conjunto de 17 objetivos y 169 metas propuestos por el Grupo de Trabajo Abierto de la Asamblea General. Si bien los ODS extenderán hasta 2030 la labor de desarrollo que comenzó con los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y utilizarán la estructura existente de objetivos, metas e indicadores, su alcance es más amplio que el de los ODM y abarcan a pueblos y naciones con independencia de las fronteras geográficas y económicas.

El conjunto de 17 ODS y 169 metas se ha diseñado para propiciar un entorno físico y económico que sea beneficioso para todos los habitantes del mundo, que ofrezca oportunidades de trabajo y una educación adecuados y que permita a nuestros jóvenes convertirse en ciudadanos sanos y productivos. Los ODS se centran en la reducción de las desigualdades, la erradicación de la pobreza y el restablecimiento y la protección del medio ambiente, así como en la creación de sociedades justas y pacíficas. Un detalle importantísimo es que en ellos se describen los medios de implementación, como la financiación, la asistencia, el comercio, la deuda, la tecnología y la creación de capacidad mediante una alianza revitalizada (ODS 17), sin la cual no se podría lograr ninguno de los demás objetivos.

La alianza mundial para el desarrollo revitalizada a la que se alude en el ODS 17 entraña una visión de desarrollo sostenible que comparten países y comunidades, y una firme determinación de proporcionar los medios financieros y tecnológicos necesarios para llevar a la práctica esa visión.

Las necesidades financieras y tecnológicas que supone esta transformación ocuparán un lugar central en todas las consideraciones relativas al desarrollo. La financiación, tanto pública como privada, nacional o mundial, tiene que ser sustancial a fin de satisfacer las demandas de esta nueva agenda. De igual importancia será la capacidad de poner la ciencia y la tecnología al servicio de los pobres y en nombre del desarrollo sostenible.

La nueva alianza se basará en la experiencia del octavo ODM (Fomentar una alianza mundial para el desarrollo), descripta en la Declaración del Milenio, en la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, celebrada en 2002 en Monterrey (México), y en la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, que tuvo lugar en 2002 en Johannesburgo (Sudáfrica).

El octavo ODM ha contribuido a galvanizar el apoyo para los ODM y a movilizar recursos, sobre todo al poner de relieve la responsabilidad de los donantes tradicionales. Además, el crecimiento de la cooperación Sur-Sur ha ofrecido oportunidades viables para que los países en desarrollo avancen individual y colectivamente hacia el crecimiento económico sostenido y el desarrollo sostenible.

Por otra parte, el octavo ODM perpetuó una relación de tipo “donante-receptor” y no prestó la atención suficiente a la movilización de recursos financieros para el desarrollo alternativos a la asistencia. También tenía otras limitaciones, como el grado insuficiente de compromiso en cuestiones diversas, incluidas la asistencia, el comercio, el alivio de la deuda, el acceso a medicamentos esenciales y la tecnología de la información y las comunicaciones, y la falta de un mecanismo sólido de rendición de cuentas vinculado al Objetivo y orientado a asegurar el cumplimiento de los compromisos.

En el período posterior a 2015, la cooperación para el desarrollo debe ser más eficaz. Hay que conseguir que se centre la atención en la calidad de los recursos disponibles. Esos recursos deben ser más estables, previsibles e incondicionales. De hecho, habrá que seguir codificando los principios de la cooperación eficaz para el desarrollo a nivel internacional. Por consiguiente, la alianza mundial revitalizada tiene que basarse en la Alianza de Busan para la Cooperación Eficaz al Desarrollo de 2011. Debe promover una visión común de cooperación eficaz sustentada firmemente en procesos y políticas nacionales de desarrollo, y fomentar un entendimiento de los criterios que hacen “eficaz” la cooperación para el desarrollo en todos los países.

Dada la naturaleza integral de los problemas de desarrollo actuales, es necesario superar la histórica división Norte-Sur de proveedores y receptores de asistencia para el desarrollo. Sin duda, la alianza mundial exige una asistencia oficial para el desarrollo más estable, como fuente esencial de financiación para el desarrollo, en particular para los países más vulnerables. Se debe cumplir lo antes posible el compromiso de destinar el 0,7% del ingreso nacional bruto a la asistencia oficial para el desarrollo en beneficio de estos países.

Al mismo tiempo, la alianza mundial también debe servirse de la inversión nacional y extranjera y de las innovaciones en materia de financiación, velar por que los niveles de endeudamiento sean sostenibles, desarrollar aptitudes y competencias, fomentar y facilitar el acceso al comercio y otorgar a los países la libertad de elaborar sus propias políticas económicas.

La alianza mundial revitalizada debe comprender también una amplia variedad de agentes, tanto en el sector público como en el sector privado y la sociedad civil, y debe tener en cuenta los intereses de todos los agentes clave, incluidos los que tienen un acceso limitado a los foros nacionales y mundiales de adopción de decisiones. La administración y la dirección de esta alianza deberían recaer íntegramente en los países y las comunidades, cuya opinión ha de tenerse en cuenta a la hora de diseñarla e instituirla.

La alianza debe velar por la armonización de las políticas para el desarrollo, de manera que se incluyan diversas fuentes de financiación para el desarrollo y se aborden las cuestiones generales que conforman la base del desarrollo sostenible para todos.

Esta alianza debe facilitar eficazmente tanto el intercambio de recursos como el de conocimientos y capacidades.

En el período posterior a 2015 habría que orientar los recursos y prioridades de desarrollo a aumentar la capacidad de los países en desarrollo para movilizar los recursos nacionales; ampliar la infraestructura económica; mejorar la capacidad de producción nacional; extender la prestación de servicios sociales básicos de calidad; afrontar los efectos del cambio climático; promover un crecimiento económico rápido e inclusivo; alcanzar la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza, y promover sociedades justas y pacíficas.

Todos los países y comunidades, en su calidad de socios con un propósito común, pero con fortalezas y recursos diferentes, deben fomentar el respeto mutuo y centrarse en las prioridades mundiales comunes, que se enuncian en el documento final de la Conferencia Río+20, celebrada en Río de Janeiro (Brasil) en junio de 2012, titulado “El futuro que queremos”.

La aplicación de la alianza mundial revitalizada debería basarse en los datos objetivos disponibles sobre los resultados obtenidos. Habrá que fortalecer la capacidad estadística y de recopilación de datos de los países en desarrollo para que sea posible supervisar el avance de los compromisos de desarrollo a nivel nacional y rendir cuentas al respecto. Se debe empoderar a los ciudadanos y se deben reforzar los mecanismos sólidos que propicien su participación. A nivel mundial, se espera que el Foro Político de Alto Nivel sobre el Desarrollo Sostenible, que se reúne bajo los auspicios de la Asamblea General y el Consejo Económico y Social, desempeñe un papel clave en la supervisión del progreso de los compromisos de desarrollo y la rendición de cuentas.

Por último, para impulsar la alianza mundial para el desarrollo, los interesados de los sectores público y privado tendrán que promover las alianzas a todos los niveles, procurando que no sean duplicativas, sino más bien complementarias. Las alianzas mundiales y regionales deben apoyarse en los dinámicos centros de información y conocimientos que van surgiendo dentro y fuera del sistema de las Naciones Unidas, donde los agentes se relacionan con arreglo a sus intereses y sus propuestas para forjar y reafirmar sus compromisos de desarrollo sostenible a todos los niveles. Algunas de estas alianzas multipartitas que se han constituido para abordar temas específicos han demostrado ser muy eficaces. El Fondo Mundial, la Alianza GAVI, Todas las Mujeres, Todos los Niños y Energía Sostenible para Todos son solo algunos ejemplos de los esfuerzos realizados por las coaliciones dedicadas a cuestiones concretas. Esta modalidad de colaboración debe extenderse para abarcar la amplia variedad de cuestiones que incluye la agenda de los ODS.

La nueva alianza para el desarrollo establecida con el fin de hacer frente a los problemas de nuestro mundo contemporáneo exige muchas transiciones. Habrá que pasar de la interacción Norte-Sur a las medidas universales, pasar del diseño de un nuevo marco de políticas a la aplicación de los acuerdos que se concluyan en 2015, pasar a un modelo de supervisión y revisión más firme y dar paso a la confianza y los beneficios mutuos.

Un elemento fundamental de esos desafíos es la voluntad de llevar a cabo procesos de supervisión y revisión basados en datos objetivos. Se necesita una auténtica revolución en materia de datos y análisis que aproveche los instrumentos y los datos existentes, para lo que habrá que reforzar la capacidad necesaria en cada país. Todas las instituciones multilaterales deben centrarse, en primer lugar, en analizar los datos disponibles y las consiguientes carencias. Se debe hacer un esfuerzo considerable para desarrollar la capacidad de recopilación, procesamiento y uso de los datos a fin de fortalecer la adopción de decisiones de los Gobiernos nacionales y las instituciones multilaterales. Los ODS, sus metas e indicadores proporcionarán un marco general para estos esfuerzos en los planos regional, nacional y mundial.

No necesitamos más instituciones internacionales; lo que necesitamos es transformar los métodos de trabajo de nuestras instituciones actuales. La integración, la aplicación y la adopción de decisiones con base empírica, así como el examen de las necesidades de financiación y tecnología deben ser los elementos básicos que definan la agenda, las medidas legislativas y las actividades operacionales a nivel nacional, junto con una cooperación multilateral mejorada.