Movilizar a la comunidad mundial para lograr el Objetivo de Desarrollo Sostenible 14

NASA Space Shuttle Overflight photo of the Niger Delta. 19 November 2005                                   PHOTO NASA

Uno de los períodos de mi vida más interesantes desde el punto de vista intelectual, más desafiantes a nivel político y más gratificantes en la esfera personal fue el tiempo que pasé como Asesora del ex Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-moon, trabajando con los Estados Miembros y con personas de todo el mundo para articular la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Aprobada por los líderes mundiales en una emocionante ceremonia celebrada en 2015, esta histórica agenda, condensada en 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), indica el camino hacia un futuro de dignidad, prosperidad y paz para todos. En esta fase todavía incipiente de nuestros esfuerzos por aprovechar el potencial de la Agenda y cumplir sus promesas, me siento profundamente honrada de que el actual Secretario General, António Guterres, me haya pedido que asuma el cargo de Vicesecretaria General y, por tanto, de volver a servir a la población mundial en esta esencial labor.

Sé, por la economía y la experiencia de mi propio país, Nigeria, que la conservación y el uso sostenible de los océanos, los mares y los recursos marinos son parte fundamental de la Agenda 2030 y sus objetivos de poner fin a la pobreza extrema y el hambre y de promover el desarrollo socioeconómico pacífico y sostenible de todas las naciones. Con los océanos cerca de o en el límite de su capacidad para satisfacer las necesidades humanas y mantenerse como ecosistemas viables, solo las Naciones Unidas pueden movilizar el tipo de acción transformadora necesaria a nivel mundial, regional y nacional para invertir esta tendencia.

En muchos países ribereños en desarrollo y pequeños Estados insulares en desarrollo, mantener y recuperar la salud y la resiliencia de los ecosistemas costeros y marinos, como los manglares y los arrecifes de coral, son acciones vitales para protegerse contra peligros naturales como las tormentas extremas y el aumento del nivel del mar. También es esencial para reforzar la seguridad alimentaria, proteger los medios de subsistencia y preservar el desarrollo económico en general. La pesca marítima proporciona puestos de trabajo a 300 millones de personas y contribuye a satisfacer las necesidades nutricionales de 3.000 millones de personas. El papel de la pesca es especialmente importante en muchas de las comunidades más pobres del mundo, donde el pescado es una fuente fundamental de proteínas, micronutrientes esenciales y ácidos grasos Omega 3. El sector pesquero proporciona una red de protección social, en particular para las mujeres, que son mayoría en actividades secundarias relacionadas con la pesca marítima y la acuicultura marina, como la elaboración y la comercialización de productos piscícolas.

Los océanos están también sufriendo un gran estrés por culpa del cambio climático. En el mundo, el nivel del mar ha aumentado 20 centímetros desde el comienzo del siglo XX, debido principalmente al aumento de la temperatura de los océanos y al deshielo de los glaciares y los casquetes polares. Algunas regiones están experimentando un aumento aún mayor del nivel del mar. La tendencia general al calentamiento, los episodios masivos de decoloración del coral, la acidificación y el aumento del nivel del mar están afectando a los ecosistemas de todas las regiones, amenazando las pesquerías, las cadenas alimentarias y la capacidad de los océanos para actuar como sumideros de carbono eficientes. Las temperaturas más cálidas están causando fenómenos meteorológicos más extremos, y el aumento previsto de dos metros en el nivel del mar para finales de siglo sería catastrófico para los hábitats y las economías costeras. Cientos de millones de personas están en peligro.

La situación en Nigeria ofrece un claro ejemplo de la amenaza. El litoral es vital para los habitantes del estado de Lagos y del delta del Níger, que representan el 19% de la población de Nigeria y que son muy vulnerables por culpa de la pobreza, el aumento de la población, la urbanización, la contaminación del agua y la deficiente salud, las escasas instalaciones de saneamiento y el mal uso de la tierra. Lagos, en particular, corre el riesgo de sufrir la erosión de sus costas e inundaciones. Aunque cierto grado de erosión se produce de forma natural, actividades humanas como la construcción de puertos, plantas de producción de petróleo y presas fluviales y la extracción de arena están agravando el peligro. El delta del Níger, que aporta el 35% del producto interno bruto del país y el 90% de los ingresos de la exportación, está experimentando una gran pérdida de biodiversidad, deforestación, sobrepesca y pérdida de zonas de desove por culpa de la destrucción de los manglares. Los derrames de petróleo siguen devastando los océanos y los ríos.

Estos ejemplos demuestran que la conservación y el uso sostenible de los océanos, los mares y los recursos marinos van mucho más allá de la necesidad de adaptación al cambio climático y mitigación de sus efectos. Deben abarcar todas las actividades relacionadas con los océanos, como la pesca y la acuicultura, las fuentes terrestres de contaminación, el turismo, el transporte y las nuevas industrias oceánicas como las energías renovables en alta mar y la biotecnología marina. Todos los problemas que padecen los océanos son de origen humano; todos pueden solucionarse mediante nuestra acción concertada y coordinada. Este es el propósito del ODS 14 y sus metas conexas.

Las Naciones Unidas y sus organismos especializados ya están ayudando a los países en desarrollo a trabajar para cumplir las metas conexas del ODS 14. La clave de esta labor es armonizar el desarrollo económico y la salud de los océanos. No podemos mantener en el tiempo, y mucho menos acelerar, los cambios que estamos provocando en los ecosistemas oceánicos. Esta es la razón por la que el sistema de las Naciones Unidas está trabajando con los Gobiernos y las organizaciones internacionales del sector privado y de la sociedad civil para fortalecer las estructuras de gobernanza y promover la aplicación de instrumentos jurídicos internacionales y diversos instrumentos de gestión, como la ordenación integrada de las zonas costeras y la planificación del espacio marino, así como para facilitar un enfoque coordinado de la aplicación de las leyes y políticas de protección ambiental y desarrollo económico sostenible.

Mirando hacia el futuro, es especialmente importante adoptar cuatro medidas.

En primer lugar, movilizar el liderazgo de alto nivel y la voluntad política y facilitar el establecimiento de alianzas. La próxima Conferencia sobre los Océanos, que se celebrará del 5 al 9 de junio de 2017 en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York, pondrá un acento muy necesario en todas las cuestiones pertinentes. La conferencia permitirá a las partes interesadas inscribir compromisos concretos. El encuentro servirá también de plataforma para informar a todos los agentes sobre el marco jurídico internacional que regula los mares y los océanos, así como sobre las herramientas y las metodologías necesarias para su utilización y conservación sostenibles. Cobrará especial importancia promover modalidades de consumo y producción sostenibles, en particular en relación con la pesca, e incentivar mecanismos de mercado para reducir la generación de desechos y la contaminación.

En segundo lugar, traducir la voluntad política expresada en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en compromisos de financiación para la creación de capacidad. Las Naciones Unidas ya están trabajando con los Gobiernos en la implantación de instrumentos innovadores de financiación como los bonos azules, los seguros y el canje de deuda por medidas de adaptación al cambio climático. Además de las subvenciones que conceden entidades como el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, el Fondo Verde para el Clima y el Fondo de Adaptación, se necesitan recursos para mejorar la gobernanza de los medios y recursos marinos y para promover la diversificación económica, la creación de empleo, la seguridad alimentaria, la reducción de la pobreza y el desarrollo económico sostenible.

En tercer lugar, ampliar la base de conocimientos. Es preciso recabar información y datos científicos y económicos de más calidad para comprender el impacto y el costo ambiental de la actividad humana en los océanos, el impacto socioeconómico del deterioro de los océanos sobre el bienestar humano y las sinergias y el equilibrio entre las diferentes políticas. Estos datos vendrán facilitados en diversos informes y evaluaciones, como el próximo informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático sobre los océanos y la criosfera y el Proceso Ordinario de Presentación de Informes y Evaluación del Estado del Medio Marino a Escala Mundial, incluidos los Aspectos Socioeconómicos. Es también de celebrar la contribución de la Alianza Mundial para los Datos sobre el Desarrollo Sostenible para subsanar las carencias de datos críticos y asegurar que los datos sean accesibles y utilizables. Es fundamental aprovechar el creciente potencial de los macrodatos para identificar los riesgos en tiempo real y hacerles frente. Los datos son la base de la adopción de decisiones y la materia prima para la rendición de cuentas. Pueden complementar y reforzar las estadísticas tradicionales y llevar al mundo al camino de la igualdad de la información, donde todos los ciudadanos, organizaciones y Gobiernos tengan la información correcta en el momento adecuado y tomen buenas decisiones que puedan mejorar la vida de las personas.

En cuarto lugar, compartir las mejores prácticas y experiencias. Muchas de las soluciones más innovadoras son locales, y van desde las zonas marinas gestionadas localmente hasta la gestión colectiva de pesquerías realizada por las cooperativas. Aunque no todas pueden aplicarse a mayor escala, algunas pueden tener una pertinencia más amplia. Diferentes culturas y sistemas de conocimiento, incluidos los conocimientos tradicionales, pueden ofrecer nuevas perspectivas para la innovación y para comprender cuestiones clave de sostenibilidad, como la responsabilidad intergeneracional. También resultará crucial educar a los jóvenes sobre la fragilidad del medio marino y su importancia para el desarrollo sostenible.

Mantener la integridad de los ecosistemas marinos exigirá cambiar de forma radical la forma en que la humanidad ve y utiliza estos recursos frágiles, finitos e irreemplazables. Pero si seguimos las directrices de la Agenda 2030 e invertimos sabiamente en el desarrollo sostenible, podremos mantener y mejorar la calidad de vida que los mares, los océanos y los recursos marinos proporcionan a la humanidad.

Durante los años que he participado en la elaboración y aplicación de la Agenda 2030, he podido comprobar el papel fundamental que desempeñan las Naciones Unidas en unir a las personas, proporcionando un foro de debate y aportando datos, análisis y opciones de políticas fundamentales. Y, recientemente, en el tiempo que ejercí como Ministra de Medio Ambiente de Nigeria, no solo pude comprobar las múltiples necesidades, sino también la disposición de las personas a contribuir a la solución de los problemas para sus comunidades y para el mundo. Este espíritu, junto con el apoyo de las Naciones Unidas, puede lograr grandes progresos. Espero con interés trabajar con los asociados de todo el mundo para situar a las personas y el planeta, incluidos nuestros preciosos océanos y mares, en el camino hacia un futuro sostenible.