La salud y los objetivos de desarrollo del Milenio: Los retos del futuro

En el año 2000, la comunidad internacional adoptó la Declaración del Milenio, en la que establece un compromiso histórico para erradicar la pobreza extrema y mejorar la salud de la población más pobre del planeta de aquí a 2015. Esta Declaración y las metas acordadas a nivel internacional para los objetivos de desarrollo del Milenio (ODM) sitúan la salud en el centro de la agenda internacional del desarrollo y la promueven como factor clave del progreso económico.


La salud figura en tres de los ocho objetivos de desarrollo del Milenio y nadie pone en duda su contribución a la consecución de todos los demás, en particular de aquellos relacionados con la erradicación de la pobreza extrema y el hambre, la educación y la igualdad entre los géneros. El objetivo 8, que insta a crear una alianza mundial a favor del desarrollo, es una característica única de los objetivos de desarrollo del Milenio, porque reconoce que los países ricos deben adoptar una serie de medidas para ayudar a los países pobres a lograr todos los demás. El objetivo 8 nos recuerda que la seguridad y la prosperidad a nivel mundial dependen de que el mundo sea más equitativo para todos.


Nunca había atraído la salud tanta atención internacional ni había contado con tantos recursos como en los últimos años. Se han creado más de 100 alianzas, que giran principalmente en torno a una serie de enfermedades. La asistencia oficial para el desarrollo en el ámbito de la salud se multiplicó por seis en términos reales, pasando de 1.700 millones de dólares de Estados Unidos en 1985 a 9.700 millones en 20051. En la Cumbre del Grupo de los Ocho celebrada en Gleneagles en 2005, los países ricos acordaron duplicar la ayuda a África para 2010 y muchos de ellos anunciaron calendarios para aumentar su asistencia para el desarrollo al 0,7% de su producto nacional bruto. Además, el número de mecanismos de financiación innovadores como, por ejemplo, el Servicio Financiero Internacional para la Inmunización, los mecanismos de garantía de mercado y UNITAID, sigue en aumento. Estos mecanismos se consideran elementos importantes de un planteamiento más sostenible y orientado hacia la obtención de resultados en el marco de la asistencia para el desarrollo, así como un intento de corregir las deficiencias de la ayuda.


A medio camino en la cuenta regresiva hasta 2015, año al que tanta importancia se acordó en la Declaración del Milenio y en sus objetivos de desarrollo, podemos observar varios ejemplos de éxito. En 2007, el azote mundial que representa la mortalidad de los niños menores de cinco años descendió por primera vez por debajo de 10 millones de muertes anuales, al situarse aproximadamente en 9,7 millones. El aumento de la cobertura de las intervenciones, como la lactancia materna exclusiva, la vacuna contra la viruela, los complementos de vitamina A y mosquiteros impregnados de insecticida han contribuido a este descenso.


En 2005 se estimaba que siete países muy afectados -Bangladesh, Brasil, Egipto, las Filipinas, Indonesia, México y Nepal- iban por buen camino para alcanzar el objetivo 4, consistente en reducir la mortalidad infantil, y el número de países continúa aumentando. Algunos estudios recientes muestran un descenso constante de la mortalidad en otros países, como Madagascar, Malawi y la República Unida de Tanzania. Además, seis de once países africanos gravemente afectados por el VIH registraron un descenso del 25% o más en la prevalencia del VIH entre los jóvenes de 15 a 24 años de edad en sus capitales2. Entre 2001 y 2006, el número de personas que recibía terapia antirretroviral en países de renta baja y media aumento de 240.000 a aproximadamente 2,1 millones.


Sin embargo, aún persisten desigualdades en materia de salud dentro de un mismo país y entre un país y otro. Si bien existen algunos casos de progreso, las tendencias actuales indican que muchos países de bajos ingresos no alcanzarán los objetivos de desarrollo del Milenio en lo tocante a la salud en 2015. La situación resulta especialmente preocupante en el África subsahariana, donde tiene lugar un 40% de las muertes de niños y los avances hacia la consecución de los objetivos de desarrollo del Milenio se encuentran por debajo de lo previsto. En cuanto a la mortalidad materna, la evidencia muestra que los descensos se han limitado a países con bajos niveles de mortalidad. Los países con las mayores tasas de mortalidad materna han sufrido un estancamiento o incluso un empeoramiento de la situación, y aquellos afectados por conflictos armados o una epidemia generalizada de VIH son los que muestran menos progresos o incluso pérdida de avances anteriores.


De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha comprometido a utilizar la salud de dos poblaciones concretas -las mujeres y las poblaciones africanas- para medir la eficacia de su labor. En una nueva respuesta a la necesidad de avanzar más rápidamente hacia la consecución de los objetivos de desarrollo del Milenio en este continente, el Secretario General de las Naciones Unidas creó el Grupo de trabajo sobre los objetivos de desarrollo del Milenio en África. Esta iniciativa reúne al sistema de las Naciones Unidas y a los principales asociados para el desarrollo a fin de acelerar los esfuerzos que se realizan actualmente en los países africanos para alcanzar dichos objetivos.


Existe un amplio consenso sobre la necesidad de que los países redoblen sus esfuerzos para acelerar los avances destinados a lograr los objetivos de desarrollo del Milenio en lo tocante a la salud. Por ejemplo, existen intervenciones asequibles contra la malaria -los medicamentos eficaces, la gestión integrada de vectores mediante el uso de mosquiteros impregnados de insecticida y la fumigación de interiores con efecto residual- que no llegan a las personas que las necesitan. Este aumento de las intervenciones no sólo requiere un incremento significativo de las inversiones y los compromisos políticos en materia de salud, sino que debe prestarse atención a aspectos fundamentales y de aplicación, como:

Salud y desarrollo. Reconociendo que las inversiones en la salud deben incorporarse a una planificación más general del desarrollo social y económico, que incluya reformas del sector público y planificación macroeconómica y fiscal, la salud ya no debe considerarse una simple consumidora de recursos, sino una productora de beneficios. Este aspecto es vital para luchar contra la pobreza y promover el desarrollo socioeconómico.


Fortalecimiento de los sistemas de salud. Se requieren inversiones urgentes en los sistemas de salud para eliminar obstáculos y mejorar la prestación de servicios sanitarios y el acceso a la atención médica. Cada vez resulta más evidente que los sistemas deficientes son uno de los principales obstáculos para mejorar los resultados en este ámbito; muchos de ellos no están preparados para ofrecer servicios asequibles y esenciales con la cobertura necesaria para las personas que más las necesitan. Debe hacerse mayor hincapié en la necesidad de prestar servicios de salud integrales y resolver la escasez de recursos humanos en el sector de la salud. Existen numerosas evidencias de que los sistemas de salud basados en valores de la atención primaria de la salud, como la equidad, la participación de la comunidad y de los distintos sectores, puede mejorar tanto el acceso como los resultados. A tal efecto, en el próximo Informe sobre la Salud en el Mundo (2008) de la OMS se presentará un examen de la situación actual de la atención primaria de la salud para informar mejor a los responsables políticos sobre una estrategia a este respecto a fin de dar una nueva orientación a los sistemas de salud.


Financiación sostenible. Los países necesitan ayuda previsible a largo plazo de los asociados para el desarrollo que se desembolse de acuerdo con criterios técnicos y no políticos. También necesitan recursos flexibles que puedan prestar apoyo al sistema sanitario en su conjunto. En el Informe sobre la Salud en el Mundo de 2006, titulado Colaboremos por la salud, se recomienda el principio 50:50, es decir, destinar un 50% de la ayuda para la salud a reforzar el sistema sanitario, del cual al menos un 50% debe dedicarse a apoyar planes de emergencia para el personal de este sector. Es importante crear oportunidades estratégicas para los sistemas nacionales de salud. Por ejemplo, la flexibilidad que ofrecen las actividades de Fortalecimiento de los Sistemas de Salud (GAVI/HSS) de la Alianza Mundial para el Fomento de la Vacunación y la Inmunización (GAVI) ha permitido que la República Democrática del Congo asigne un 32% de sus subvenciones a aspectos relacionados con los recursos humanos. Por otra parte, los asociados para el desarrollo exigen planes y estrategias de salud que indiquen su costo a fin de contar con los fundamentos necesarios para una financiación a más largo plazo. Los planes deben ser exhaustivos y abarcar todas las principales causas de muerte y discapacidad, y deben ser suficientemente ambiciosos y proporcionados con lo necesario para alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio. Asimismo deben establecer un vínculo claro entre la financiación y los resultados.


Acción común y armonización. Es necesario aumentar la cantidad de ayuda, pero también es necesario que la ayuda resulte más eficaz para avanzar de forma sostenible hacia los objetivos de desarrollo del Milenio. Muchos países han manifestado en repetidas ocasiones que es necesaria una mayor armonización entre los donantes y una mayor acción común en torno a las políticas y planes nacionales. La realidad sobre el terreno es compleja, dado que existen diversas iniciativas y alianzas, en muchas ocasiones con mandatos, prioridades y procesos administrativos propios. Además, aproximadamente un 20% del total de la ayuda para la salud se concede en forma de ayuda al presupuesto nacional o al del sector, mientras que hasta un 50% no forma parte del presupuesto. Es indispensable hacer realidad sobre el terreno la Declaración de París sobre la eficacia de la ayuda al Desarrollo para que los recursos destinados a la salud se desplieguen y utilicen de forma eficaz.


Gobernanza y dirección. Es necesario crear mecanismos que sean transparentes e inclusivos para que todos los asociados puedan rendir cuentas de su desempeño con arreglo a los acuerdos internacionales. La importancia de la rendición de cuentas y de la responsabilidad mutuas ha sido puesta de relieve en varias nuevas iniciativas dedicadas a los objetivos de desarrollo del Milenio, como la Alianza Internacional en pro de la Salud, en la que los gobiernos y los asociados para el desarrollo definen pactos a nivel nacional que representan un compromiso cuasi vinculante por parte de todos ellos, y ofrece un marco para supervisar sus resultados.


La salud en Estados frágiles. Debe prestarse mayor atención a los países que atraviesan por dificultades, los denominados Estados frágiles, que soportan una carga desproporcionada de enfermedades y mortalidad, y que avanzan más lentamente hacia los objetivos de desarrollo del Milenio. A pesar de ser los países que más necesitan flujos de ayuda estables y previsibles, suelen sufrir el mayor índice de volatilidad, sobre todo durante la transición de la ayuda humanitaria a la financiación del desarrollo. En muchos casos, la ayuda es concedida por actores no gubernamentales, sin el correspondiente apoyo para fortalecer el papel de liderazgo del gobierno en el sector de la salud.


La comunidad internacional ha asumido un firme compromiso para alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio en lo tocante a la salud. Varias iniciativas de nueva creación de importantes donantes y organismos para el desarrollo reconocen expresamente la necesidad de invertir en los sistemas de salud y de coordinar mejor la asistencia para el desarrollo, así como de introducir un marco de rendición de cuentas mutuo que reconozca la necesidad de que las iniciativas sean responsabilidad de los países y sean dirigidas por éstos. La OMS colabora estrechamente con el Comité de Asistencia para el Desarrollo de la Organización de Cooperación Económica y el Desarrollo (OCDE) empleando la salud como un indicador que se utilizará para supervisar la aplicación de la Declaración de París a nivel nacional. Las experiencias obtenidas se transmitirán al Tercer Foro de Alto Nivel sobre la Eficacia de la Asistencia, que se celebrará en Accra (Ghana) en 2008. Actualmente, la OMS colabora plenamente con el sistema de las Uniones Unidas, junto con otras partes interesadas, para desarrollar este programa y lograr los objetivos de desarrollo del Milenio en materia de salud.

Notas
1. Basado en la Base de Datos de Actividades de Ayuda del Comité de Asistencia para el Desarrollo de la OCDE (Sistema de informes de acreedores), y no incluye los fondos privados de fuentes no gubernamentales.
2. ONUSIDA, Informe sobre la epidemia mundial del VIH/SIDA (Ginebra, 2006).
3. OMS/ONUSIDA/UNICEF, Aumento de las intervenciones prioritarias en el sector sanitario - Informe sobre la marcha de los trabajos (Ginebra, 2006).
**Goma (República Democrática del Congo). Una niña con su hijo en el exterior de su casa. Las madres adolescentes son algo común, pues una de cada cuatro muchachas de 15 a 19 años de edad ya ha dado a luz. Los niveles de educación son bajos, en particular entre las niñas, cuyas probabilidades de asistir a la escuela son un 50% más bajas que las de los niños. © UNICEF Photo/Giacomo Pirozzi