La Agenda 2030: Oportunidad sin igual de hacer frente a las condiciones que propician la propagación del terrorismo

Pese a los esfuerzos de la comunidad internacional por poner fin al terrorismo y detener la corriente de combatientes extranjeros que se suman a la organización terrorista denominada Estado Islámico en el Iraq y el Levante (EIIL), a lo largo del último año y medio el número de combatientes se ha multiplicado por más de dos. Se estima que más de 30.000 personas de más de 100 países (más de la mitad de la totalidad de los Estados Miembros de las Naciones Unidas) se han sumado a las filas del EIIL en calidad de combatientes terroristas extranjeros.

Nada justifica en ningún caso un acto de terrorismo. No pueden aducirse pretextos religiosos para excusar métodos violentos. A la vez, nunca podremos derrotar a largo plazo al terrorismo a no ser que hagamos frente a las condiciones que propician su propagación. Así ha quedado subrayado en varias resoluciones del Consejo de Seguridad relativas a las amenazas más graves a la paz y la seguridad internacionales, en general, y al terrorismo, en particular, como por ejemplo en las resoluciones del Consejo de Seguridad 1963 (2010) y 2129 (2013). El primer pilar de la Estrategia Global de las Naciones Unidas contra el Terrorismo (A/RES/60/288) consiste asimismo en hacer frente a las condiciones que propician la propagación del terrorismo. En fechas más recientes, en el Plan de Acción del Secretario General para Prevenir el Extremismo Violento (A/70/674) se precisan algunas de estas condiciones posibles: la falta de oportunidades socioeconómicas, la marginación y la discriminación, la mala gobernanza, las vulneraciones de los derechos humanos y el estado de derecho, los conflictos prolongados y no resueltos y la radicalización en las cárceles.

En septiembre de 2015 los dirigentes de todo el mundo acordaron una nueva generación de objetivos relacionados con el desarrollo, y el 1 de enero de 2016 entraron en vigor unos ambiciosos objetivos mundiales que en conjunto se conocen con el nombre de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Además de ser fundamentales por derecho propio como medio de galvanizar las iniciativas de la comunidad internacional dirigidas a atajar los graves problemas que se perfilan en el ámbito del desarrollo, los ODS también pueden ayudar de forma directa e indirecta a nuestra labor de lucha contra el terrorismo haciendo frente a las condiciones que propician su propagación.

El primero de los 17 ODS consiste en “Poner fin a la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo”. Las tasas de pobreza extrema han quedado reducidas a menos de la mitad desde 1990. Aunque se trata de un logro notable, uno de cada cinco habitantes de países en desarrollo sigue viviendo con menos de 1,25 dólares al día, mientras que millones se las apañan con apenas un poco más de esta suma diaria. La pobreza es algo más que la carencia de ingresos y recursos para garantizar medios de vida sostenibles. También se plasma en el hambre y la malnutrición, un acceso limitado a la educación y otros servicios básicos, la discriminación y la exclusión sociales y la falta de oportunidades de participación en la adopción de decisiones. El crecimiento económico debe ser inclusivo para generar puestos de trabajo sostenibles y promover la igualdad.

El ODS 4 va dirigido a garantizar una educación inclusiva y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos. Obtener educación de calidad es el fundamento de las mejoras en la vida y del desarrollo sostenible. Se ha avanzado decisivamente hacia un mayor acceso a la educación en todos los niveles y hacia un aumento de las tasas de matrícula escolar, especialmente en el caso de las mujeres y las niñas. La alfabetización básica ha aumentado enormemente, aunque hay que esforzarse por seguir avanzando hacia el logro de los objetivos de la educación universal. Un ejemplo concreto de ello sería ampliar a todos los niveles en todos los países la igualdad de niñas y niños en la educación primaria.

El ODS 5 está centrado en el logro de la igualdad de género y el empoderamiento de todas las mujeres y las niñas. Hoy en día las mujeres y las niñas siguen siendo objeto de discriminación y violencia en todas las partes del mundo. La igualdad de género no es solo un derecho humano crucial, sino también fundamento necesario para lograr un mundo pacífico, próspero y sostenible. La igualdad de acceso de las mujeres y niñas a la educación, la asistencia sanitaria, el trabajo decente y la representación en los procesos decisorios de ámbito político y económico creará economías sostenibles y será beneficiosa para las sociedades y la humanidad en general.

El ODS 8 establece la promoción del crecimiento económico inclusivo y sostenible, el empleo y el trabajo decente para todos. Aparte de que casi la mitad de la población del planeta vive con el equivalente a unos 2 dólares al día, en demasiados lugares no basta con un trabajo para tener garantizada la capacidad de salir de la pobreza. La falta persistente de oportunidades de trabajo decente y la insuficiencia de las inversiones siguen siendo problemas graves, mientras que la creación de puestos de trabajo de calidad presentará grandes dificultades a casi todas las economías en años venideros.

El ODS 10 va dirigido a reducir la desigualdad en los países y entre ellos. La comunidad internacional ha avanzado notablemente en la tarea de sacar a las personas de la pobreza. Sin embargo, persiste la desigualdad, así como disparidades en cuanto al acceso a servicios como los de atención médica y de enseñanza.

Por último, el ODS 16 está dedicado a promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar el acceso a la justicia para todos y construir a todos los niveles instituciones eficaces que rindan cuentas. Una de las metas de este objetivo consiste en promover el estado de derecho en los planos nacional e internacional y garantizar la igualdad de acceso a la justicia para todos. También se aspira a reducir de manera significativa las corrientes financieras y de armas ilícitas, fortalecer la recuperación y devolución de bienes robados y luchar contra todas las formas de delincuencia organizada; garantizar la adopción en todos los niveles de decisiones inclusivas, participativas y representativas consonantes con las necesidades; garantizar el acceso público a la información y proteger las libertades fundamentales; y fortalecer las instituciones nacionales competentes, incluso mediante la cooperación internacional, para crear en todos los niveles, particularmente en los países en desarrollo, la capacidad de prevenir la violencia y combatir el terrorismo y la delincuencia.

Los ODS, o la Agenda 2030, nombre con que se conoce este plan de acción, ofrecen la oportunidad de congregar a los países y ciudadanos del mundo para emprender un nuevo camino dirigido a mejorar la vida de las personas en todos los lugares. En ese sentido, son amplios al igual que ambiciosos. A la vez, ofrecen a los Estados Miembros y a las Naciones Unidas una oportunidad sin igual de hacer frente en firme a las condiciones que propician la propagación del terrorismo. Todos juntos, emprendiendo medidas persistentes y cumpliendo nuestros compromisos, podemos alcanzar efectivamente un mundo seguro, próspero y sostenible. En mi calidad de Presidente del Comité del Consejo de Seguridad contra el Terrorismo, establecido en virtud de la resolución 1373 (2001) tras los atentados terroristas sufridos por los Estados Unidos el 11 de septiembre, insto a todas las partes a que aprovechen esta oportunidad.