El océano Ártico y el hielo marino son nuestra Nuna

 Los Comisionados Kuupik Kleist, Okalik Eegeesiak y Eva Aariak en Grise Fiord (Canadá). Abril de 2016. © Bjarne Lyberth

"Toda nuestra patria ártica de América del Norte es un vasto hábitat de vida silvestre que sustenta una cadena alimentaria muy frágil en la que los inuit somos un eslabón importante. Los inuit somos cazadores. No quedan muchas sociedades en el mundo que practiquen la caza de subsistencia, pero nuestra comunidad circumpolar inuit es una de ellas".

Eben Hopson, discurso pronunciado en 1978 ante la London Press Corps.

 

El Ártico es nuestra Nunaat —nuestra patria—. Nuna es tierra; Nunaat es patria. Los inuit estamos íntimamente conectados con el pasado, tanto remoto como más reciente. ¿Por qué estamos tan estrechamente vinculados al ecosistema marino ártico? Este ecosistema ha forjado nuestra identidad como pueblos indígenas del Ártico, y dependemos de él para la seguridad alimentaria, para nuestras necesidades de transporte y movilidad, esto es, para nuestro futuro.

Somos 165.000 personas las que vivimos en el estado de Alaska (Estados Unidos de América), el Canadá, la Federación de Rusia y Groenlandia. Los inuit somos un pueblo dividido por lo que consideramos fronteras artificiales creadas por el antiguo sistema colonial europeo. El Inuit Circumpolar Council (ICC) es un participante permanente del Consejo Ártico y está reconocido como entidad consultiva por el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas. El ICC actúa como una voz representativa, pues habla en nombre de todos los inuit circumpolares sobre asuntos de importancia internacional.

Mientras nos preparamos para celebrar el Día Mundial de los Océanos el 8 de junio de 2017 sobre el tema "Nuestros océanos, nuestro futuro", donde debatiremos cómo podemos contribuir entre todos a lograr el Objetivo de Desarrollo Sostenible 14 —conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible—, los inuit estaremos vigilando. Y estaremos vigilando porque el hielo de nuestros océanos y mares está cambiando ante nuestros propios ojos. El hielo marino está derritiéndose, los glaciares se están derritiendo, el permafrost se está derritiendo, las costas están erosionándose, los animales están cambiando y el océano está cambiando. A los inuit no solo nos preocupa vigilar estos cambios ambientales con más atención, sino también la presencia cada vez más frecuente de personas que vienen al norte en busca de recursos no renovables como petróleo, gas y minerales, así como las pesquerías comerciales y las rutas marítimas cada vez más cortas y más rápidas. Los turistas vienen a ver la zona antes de que desaparezca. Muchos científicos tienen verdadero interés​en los efectos del cambio climático en el Ártico, y en cómo afectarán al destino de los océanos del mundo y a las pautas meteorológicas mundiales.

Estamos dispuestos a compartir los conocimientos de nuestras sociedades autóctonas sobre los océanos, el hielo, los animales y el clima para poder trabajar con los científicos, entender el cambio climático y preparar a nuestro pueblo y a nuestras comunidades para adaptarse a él. Se necesitarán todos nuestros conocimientos conjuntos para comprender los rápidos e impredecibles cambios que estamos observando en el medio marino ártico.

Nos preocupa que pueda ser demasiado tarde. Puede que el mundo no sea capaz de tomar las decisiones y adoptar las medidas necesarias para proteger el Ártico. Esto es una tragedia porque el océano es nuestro futuro y no sabemos lo que el futuro nos deparará.

Los inuit somos un pueblo marino, y dependemos del océano Ártico para nuestro transporte y de sus recursos marinos para nuestra seguridad alimentaria. Hoy, el modo de vida de los inuit depende también de la movilidad, y esta se produce a través del hielo marino del Ártico y en mar abierto. Toda nuestra cultura e identidad se basan en la libertad de circulación en tierra, en el hielo marino y en el océano Ártico. Dependemos de la libertad de circulación para poder comer, obtener suministros para nuestro atuendo tradicional y preservar nuestro rico patrimonio cultural a través de actividades como la artesanía. Esta movilidad transcurre por el hielo marino que rodea y conecta las comunidades inuit. Durante el invierno, nuestra carretera es el hielo marino. Durante el verano, es el mar abierto. Esta conexión con la tierra y el hielo nos confiere a los inuit un gran sentido de orgullo y bienestar comunitario, así como una conexión espiritual con nuestro pasado.

Los inuit consideramos que cualquier medida o intervención que afecte a nuestro hielo, el océano Ártico y las tierras en que vivimos debe proteger su medio ambiente y su vida silvestre y, por tanto, a nosotros mismos, de forma que podamos seguir viviendo de los productos de esta tierra. Este es el criterio de aprovechamiento sostenible en el que insistimos. Sin embargo, las medidas que afectan al Ártico están fuera de nuestro control.

El ICC ha participado en muchos encuentros internacionales y en numerosos estudios para comprender los cambios que se están produciendo en el medio oceánico ártico. La mayor amenaza para el océano Ártico y el hielo marino es el cambio climático. El ICC participa activamente en el Consejo Ártico y en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y forma parte de las negociaciones. No solo está cambiando nuestro hielo marino, el propio océano está cambiando. La acidificación del océano, por ejemplo, es un problema nuevo. Sabemos que, a nivel mundial, el aumento de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera está causando la acidificación de los océanos, y que los océanos actúan como sumidero de gases de efecto invernadero. El océano Ártico es más vulnerable a la acidificación por muchas razones, como el hecho de que las aguas más frías absorben más dióxido de carbono, que hay más agua dulce entrando en el océano, lo que reduce su capacidad de protección, que la disminución del hielo marino aumenta la superficie del mar abierto y por tanto la absorción de dióxido de carbono, y que la cadena alimentaria marina es más corta y más simple. Estos cambios no solo son importantes a nivel local y regional, sino también a nivel mundial. El ecosistema del Ártico sustenta los ciclos de vida de muchos millones de especies de mamíferos, peces, aves, crustáceos y plancton que migran por el mundo proporcionando alimento a millones de personas. Trabajamos para convencer al mundo de que proteger el Ártico asegura el futuro de todos.

"Nuestros niños ya no saben los nombres de nuestros territorios de caza, ni han atravesado jamás el puente de hielo que une estas tierras".

Esto es lo que oímos en las comunidades que rodean la Pikialasorsuaq o la "gran corriente ascendente de agua fría" —la polinia (zona de aguas abiertas rodeada de hielo) más grande del Ártico y la región biológicamente más productiva del círculo polar ártico—. Generaciones de inuit han considerado la Pikialasorsuaq como un hábitat crucial. Las comunidades de las regiones de Qikiqtani y Avanersuaq en el Canadá y Groenlandia dependen de los recursos biológicos de las polinias. La Pikialasorsuaq es esencial para muchas especies migratorias de las que dependen estas comunidades, así como las especies de todo el mundo. En los últimos años, el puente de hielo boreal de la cuenca Kane, el estrecho de Nares y el estrecho de Smith (Ikeq) ofrece menos seguridad y la polinia está menos definida. Las consecuencias de estos cambios, que están vinculados a cambios climáticos más amplios que pueden observarse en muchas partes del Ártico, no se conocen.

El ICC creó la Comisión Pikialasorsuaq para abordar los problemas relativos a un ecosistema que ha sustentado a las comunidades inuit durante milenios y que ahora está en peligro debido al cambio climático y a las actividades industriales y marítimas. La dirigen tres Comisionados: Eva Aariak, Comisionada del Canadá y ex Primera Ministra de Nunavut, Kuupik Kleist, Comisionado de Groenlandia y ex Primer Ministro de Groenlandia, y yo misma, Okalik Eegeesiak, Comisionada Internacional y Presidenta del ICC. La Comisión se encarga de mantener consultas con las comunidades de Nunavut y Groenlandia que están estrechamente vinculadas a la Pikialasorsuaq. Con el apoyo de la Oak Foundation, la Gordon and Betty Moore Foundation, Oceans North Canada y el World Wildlife Fund, los comisionados han mantenido consultas con las comunidades inuit de Grise Fiord, Resolute, Arctic Bay, Pond Inlet y Clyde River en el Canadá, y con las asentadas en el norte de Groenlandia como Siorapaluk, Qaanaaq, Savissivik, Kullorsuaq, Nuussuaq y Upemavik, para escuchar a los inuit del lado groenlandés de la Pikialasorsuaq. Los debates están pensados para favorecer las aportaciones locales y regionales, incorporar los conocimientos de las sociedades autóctonas y recomendar una estrategia inuit para proteger, vigilar y administrar la salud de la Pikialasorsuaq para las generaciones futuras.

El objetivo de la Comisión Pikialasorsuaq es proporcionar un conjunto de datos empíricos, principios clave y recomendaciones para asegurarse de que los inuit desempeñan un papel central para el futuro de la Pikialasorsuaq y que se aplica su visión autóctona de la gestión de la zona. Podemos aprovechar e incorporar, de muchas y nuevas maneras, los complejos conocimientos de las sociedades autóctonas y su comprensión de la región. Nuestras comunidades más septentrionales dependen de la Pikialasorsuaq. En el otoño de 2016, participaron en audiencias y pidieron que la ordenación y vigilancia de esta importante zona marina se confiara a los inuit.  Estamos elaborando un marco para un plan de vigilancia dirigido por los inuit que básicamente incorporará los conocimientos de las sociedades autóctonas en materia de políticas y control como concepto central de la gestión liderada por los inuit, y además, para que las zonas indígenas protegidas sirvan como un enfoque nuevo y eficaz de la libre determinación.

Visitamos las comunidades canadienses de Grise Fiord y Pond lnlet en el Alto Ártico y escuchamos a los expertos locales de Resolute Bay, Clyde River y Arctic Bay. También viajamos a Qaanaaq y Siorapaluk —la comunidad más septentrional del mundo— y a lo largo de la costa de la bahía Melville hasta los demás asentamientos de Groenlandia que dependen de la Pikialasorsuaq. La mayoría de los hermosos pueblos de esta región carecen de pistas de aterrizaje. El mar es su único vínculo con el mundo exterior.

Los cazadores de todas estas comunidades compartieron generosamente sus conocimientos con nosotros. Entre los temas que plantearon de forma recurrente, cabe citar la inestabilidad, la imprevisibilidad, los cambios en los patrones migratorios, la presencia de nuevas especies y la existencia de aguas abiertas donde debería haber hielo. También nos hablaron de cambios políticos, de fronteras artificiales que les separan de un tiempo, no muy lejano, en el que todavía podían viajar a través del gran arco de hielo de la polinia que conecta Umimmat Nunaat (la isla de Ellesmere) con Groenlandia y que da, a estas comunidades orientales de la Pikialasorsuaq, acceso a los territorios de caza de Ellesmere.

En todas las comunidades hemos escuchado que los inuit son los más indicados para vigilar y administrar esta región. Quieren liderar y definir los programas de investigación, estudiar los indicadores del cambio climático y aprobar reglamentos de caza más realistas que puedan dar sustento a sus comunidades. Una vez más, los inuit que viven a ambos lados de las fronteras aspiran a circular libremente por la Pikialasorsuaq, a reforzar la cooperación para lograr una visión común sobre la distribución de los recursos y a asumir su propia gestión de la polinia. A ambos lados de la Pikialasorsuaq se escuchan las mismas preocupaciones sobre el aumento del turismo, el transporte marítimo, la pesca, la exploración de los recursos y los ensayos sísmicos. Y sobre todo, los inuit, aunque divididos por fronteras nacionales, desean restablecer juntos un régimen de gestión de la polinia, conscientes de que son un solo pueblo perteneciente a un solo mar.

Para los inuit, la utilización sostenible de los recursos marinos y el futuro del océano Ártico y del hielo marino no son un lujo; se trata de proteger nuestra propia vida y nuestra cultura. Los inuit nos estamos adaptando a los cambios y continuaremos prosperando en el cambiante Ártico. Tenemos mucho que aprender y mucho que enseñar al mundo. Esperamos poder trabajar con ustedes. Les pedimos que acepten nuestra invitación para debatir las cuestiones que afectan a nuestra tierra. Nuestra nuna, el Ártico.