El Objetivo de Desarrollo Sostenible 7 y el desarrollo energético sostenible en américa latina y el caribe

©UN Photo/Evan Schneider
 

Si miramos atrás al 70º aniversario de las Naciones Unidas que ha tenido lugar recientemente y a la adopción colosal de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), es necesario hacer una pausa y reconocer el logro histórico que ha supuesto la inclusión del ODS 7 sobre la energía en la nueva agenda. Esta incorporación de la energía sostenible dentro del marco de los ODS no es sino una demostración de la influencia de las Naciones Unidas y sus Estados Miembros en la transformación de las perspectivas mundiales sobre cuestiones vitales y en el establecimiento de nuevas normas y valores universales mientras se resuelven los muchos retos mundiales que nos encontramos en los debates políticos, económicos y ambientales hoy en día.

La energía ha formado parte del debate mundial durante mucho tiempo y su historia refleja perspectivas divergentes que en las Naciones Unidas se lleva decenios considerando. El ODS 7 es el resultado de este largo viaje y un paso importante en los esfuerzos de las Naciones Unidas por centrarse en los retos sociales, ambientales, económicos y normativos relacionados entre sí y con la producción, distribución y acceso a los servicios que dependen del suministro energético.  El ODS 7 tiene como objeto "garantizar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos". En los últimos decenios, a medida que las Naciones Unidas han tratado el tema de la ineficiencia de la energía convencional y sus efectos perjudiciales sobre el cambio climático, el problema de la producción y el consumo de energía ha adquirido la connotación negativa de ser un "mal" ambiental a nivel mundial. Al mismo tiempo, muchos aspectos positivos e importantes del uso de la energía, esenciales para apoyar los denominados "bienes mundiales", tales como el desarrollo económico, la justicia social y la inclusión equitativa en los procesos de modernización, fueron desplazados y se empezó a prestar atención al impacto ambiental negativo de los enfoques convencionales de la energía.

Estas dos perspectivas a menudo han dividido al Norte y al Sur, afectando a sus prioridades conflictivas en el sector energético. Desde el plan de acción de las Naciones Unidas conocido como Programa 21 (1992)1, que no incluye un capítulo sobre la energía, pasando por el noveno período de sesiones de la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible (CDS-9) (2001)2 hasta la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible a los 10 años de Río3 (2002), la energía siguió siendo una cuestión muy polémica con dos visiones rivales. Mientras que algunos lo percibían como un "bien económico y social", otros consideraban las cuestiones relacionadas con la energía como un "mal ambiental". En este contexto, tras la Declaración del Milenio4 no se incluyó la energía como un Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM)específico, y en vez de eso se convirtió en el ODM "ausente". Sin embargo, la energía en sí misma nunca ha sido el problema. Es la forma en la que la energía se produce, se empaqueta, se transporta y comercializa lo que determina si su impacto es negativo, sobre todo cuando consideramos las emisiones de carbono globales. Y esto es solo una pieza del puzle. El Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-moon puso en marcha la iniciativa Energía Sostenible para Todos como una forma de volver a centrar el debate sobre el papel esencial que desempeña la energía en la agenda de desarrollo sostenible mundial, mientras que al mismo tiempo se enfatiza la necesidad de proteger el medio ambiente. Naturalmente, con ello también se pretende que las competencias del sistema de las Naciones Unidas, los bancos multilaterales de desarrollo y muchos otros asociados se aúnen para apoyar el logro de resultados a nivel nacional. La nueva perspectiva mundial sobre la energía, que se refleja en los ODS aprobados6, considera que la energía es una parte esencial de la agenda de desarrollo sostenible mundial integrada. Este viaje supuso una dura lucha, pero conducirá a la creación de oportunidades significativas para el desarrollo y el progreso social en todo el mundo.

Para comprender mejor las oportunidades, vamos a examinar el ODS 7 y sus metas esbozadas específicamente para 20307:

  • Garantizar el acceso universal a servicios de energía asequibles, confiables y modernos;
  • Aumentar sustancialmente el porcentaje de la energía renovable en el conjunto de fuentes de energía;
  • Duplicar la tasa mundial de mejora de la eficiencia energética;
  • Aumentar la cooperación internacional a fin de facilitar el acceso a la investigación y las tecnologías energéticas no contaminantes, incluidas las fuentes de energía renovables, la eficiencia energética y las tecnologías avanzadas y menos contaminantes de combustibles fósiles, y promover la inversión en infraestructuras energéticas y tecnologías de energía no contaminante;
  • Ampliar la infraestructura y mejorar la tecnología para prestar servicios de energía modernos y sostenibles para todos en los países en desarrollo, en particular los países menos adelantados, los pequeños Estados insulares en desarrollo y los países en desarrollo sin litoral, en consonancia con sus respectivos programas de apoyo.

Entonces, ¿por qué es diferente esta agenda de desarrollo y por qué se incluye ahora a la energía como un objetivo específico? Esto sucede por varias razones, pero principalmente porque:

  • Reconoce que el reto de cambiar a sistemas energéticos más sostenibles es una necesidad mundial y no un problema del Norte o del Sur;
  • Reconoce que tanto el mayor uso de la energía renovable como una gran mejora de la eficiencia en el uso de energía basada en combustibles fósiles son importantes y no se excluyen mutuamente;
  •  Refleja el hecho de que habrá diferentes soluciones para los distintos países, dependiendo de su infraestructura energética, las condiciones geográficas y las tecnologías disponibles para abordar los cuellos de botella energéticos;
  • Pone de relieve que es el acceso a los servicios proporcionados por la energía lo que es esencial para el desarrollo y no la energía en sí misma.

La energía proporciona iluminación, calefacción, enfriamiento, fuerza motriz y transporte, por nombrar algunos. Gracias a la modernización de estos servicios y su puesta a disposición de todas las personas, en particular de los pobres, se genera empleo y oportunidades de ingresos, se mejoran las escuelas, se permite a los hospitales ofrecer servicios de mejor calidad, se apoyan los sistemas de agricultura que se benefician del agua bombeada y, por consiguiente, se apoyan las condiciones de vida, sobre todo para mujeres y niñas, y se mitiga la pobreza que existe cuando la energía moderna no está disponible, no es asequible o no es fiable.

Esta agenda de desarrollo es diferente de sus predecesoras porque los ODS están integrados y enlazan el progreso en los servicios energéticos a los avances de otros ODS, que apoyarán los gobiernos en las iniciativas intersectoriales. También animará a muchos organismos del sistema de las Naciones Unidas a colaborar a fin de evitar la fragmentación en el tema. Esta decisión histórica se hizo posible gracias al reconocimiento mundial de que los enfoques actuales para la energía no son sostenibles en términos económicos, ambientales o sociales de cara al crecimiento de la población mundial y la demanda cada vez mayor de servicios energéticos.

Está, por ejemplo, el uso de energía para cocinar y aspectos relacionados con la salud y el género. Para las familias que usan cocinas ineficientes que producen contaminación del aire interior por la quema de combustibles sólidos tradicionales, tales como leña, carbón vegetal o residuos agrícolas, el acceso a los servicios energéticos modernos es una cuestión de salud. Evitar el uso de combustibles contaminantes para cocinar mejora los medios de subsistencia, ya que reduce la incidencia de problemas respiratorios. Esto también es una cuestión de género, ya que la contaminación del aire interior afecta a las mujeres y los niños de forma más directa, puesto que son los miembros de la familia que con más frecuencia se encuentran junto a la cocina y, por tanto, padecen el humo. Hay otros beneficios que las mujeres y los niños pueden obtener del uso de fuentes de energía modernas y más limpias para cocinar. Les puede ahorrar el tiempo que de otro modo emplearían para recolectar o comprar combustibles de cocina sólidos, permitiendo así que los niños vayan al colegio y que las mujeres generen medios de subsistencia e ingresos mediante otras actividades productivas.

En el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), nuestro Plan Estratégico mundial aprobado por los Estados Miembros se corresponde directamente con el ODS 7. Tiene como objetivos el acceso a la energía sostenible y una mayor eficiencia energética, centrándose en "los marcos normativo y regulatorio y las capacidades institucionales para impulsar la eficiencia energética e incrementar los servicios basados en energías renovables y con bajo nivel de emisiones de carbono a nivel nacional.  [Presta especial atención a] la reducción de los riesgos de inversión, la ampliación y profundización de los mercados y el fortalecimiento de la capacidad de los sectores público y privado para expandir la inversión"8. Esto incluye apoyar la energía renovable y las transformaciones de mercados y políticas necesarias para aumentar la proporción de energía renovable en el conjunto de fuentes de energía total. La eficiencia energética es un medio para promover las economías sanas y la competitividad, sobre todo en áreas urbanas, incluidos los edificios públicos y mediante la revisión de códigos y normas relativos a la infraestructura nueva. El enfoque en el acceso trata directamente sobre la necesidad de proporcionar herramientas para los usos productivos, para mejorar los medios de subsistencia y para fomentar la inclusión social, sobre todo entre las poblaciones marginadas. Aunque el trabajo programático difiere ligeramente en cada región del mundo, todas estas esferas específicas del ODS 7 están reflejadas en el Plan Estratégico del PNUD.

Si se examina la región de América Latina y el Caribe desde un contexto global, ya se ha logrado un progreso significativo durante la era de los ODM en cuanto a las metas del ODS 7. Se estima que el acceso a la electricidad en la región es del 96%, mientras que la tasa a nivel mundial es de solamente un 85%. La región se encuentra en el percentil 86º en cuanto al acceso al combustible de cocina moderno, incluso por delante de la media mundial del 59%. En relación con la eficiencia energética, los indicadores han aumentado de forma constante durante los últimos 22 años y, en 2012, la región tenía una tasa de mejora un 43% mayor que en 1990. La región de América Latina y el Caribe es líder mundial en energía renovable ya que su proporción de energías renovables casi alcanza el 28% del consumo energético total, mientras que la media mundial se sitúa en el 18%9. Muchos países caribeños están exigiendo un uso mucho mayor de la energía renovable debido a las múltiples ventajas económicas, la protección del ecosistema, la modernización del sector y los beneficios con respecto a la resiliencia del abastecimiento que ofrecen las nuevas tecnologías.

A pesar del progreso, hay algunos puntos de estancamiento en los que la agenda de los ODS puede ayudar a superar las barreras:

  • Acceso: entre 2010 y 2012, la tasa media de crecimiento de los hogares con acceso a la electricidad de la región siguió siendo de menos del 1%, lo cual no estuvo a la altura del crecimiento de la población. La tasa de acceso a combustibles de cocina modernos en realidad descendió a una fracción de un punto. El análisis de datos por parte de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) demuestra que, aunque se han logrado niveles mayores de acceso a la electricidad, las nuevas conexiones a los recursos eléctricos siguen siendo lentas en todos los países10. Esto se debe a que los asentamientos más pobres y remotos son de acceso difícil y, a menudo, más costoso. Por tanto, conseguir el objetivo del acceso universal, es decir del 100%, no será posible sin un nuevo enfoque. Por ejemplo, la combinación de la electrificación rural con el suministro general de servicios educativos y sanitarios en el marco de una agenda integrada de ODS puede ayudar a dar el último empujón11;
  • Eficiencia: aunque la región muestra un progreso constante, la tasa total de mejora está por debajo del 1%, en solo un 0,82%, muy por debajo de la media mundial del 1,7%. Con México y el Brasil entre los 20 primeros consumidores de energía primaria a nivel mundial, hay mucho espacio para ampliar la eficiencia energética12. Esto es especialmente válido en vista de los procesos de urbanización de la región, que una vez más denotan la importancia de un enfoque integrado;
  • Renovables: debido al increíble nivel de inversión en recursos hidroeléctricos desde la década de 1960, América Latina cuenta con una electricidad muy limpia en comparación con el resto del mundo. De hecho, casi el 56% de la generación de energía proviene de las renovables, incluida la hidroelectricidad. Sin embargo, la proporción de energía renovable en el consumo energético total solo es del 28%, principalmente debido a la falta de fuentes renovables en el transporte. Las políticas progresistas han contribuido a mover los mercados de la electricidad hacia energías más renovables al centrarse en mejorar los incentivos para los nuevos productores de electricidad, con objeto de asegurar un rendimiento de la inversión que use otras tecnologías de energía renovable, como la eólica y la solar. El transporte es uno de los sectores con oportunidades considerables para aumentar la proporción de energías renovables. Si se realiza un esfuerzo conjunto, podría tener excelentes resultados en el desarrollo sostenible13.

Cada uno de los puntos anteriores demuestra que los sistemas energéticos no se vuelven sostenibles por sí mismos, ni es posible alcanzar las metas del ODS 7 en América Latina y el Caribe sin aunar los esfuerzos. La existencia del ODS 7 como parte de una agenda de desarrollo mundial nueva e integrada facilitará la labor en estos ámbitos en muchos países. Para este proceso, es clave adoptar enfoques normativos integrados a nivel nacional.

Todavía tenemos un largo camino por delante para la incorporación de la energía sostenible, pero el debate mundial que culminó en la aprobación del marco de los ODS en septiembre de 2015 ha alcanzado una aceptación inmensa de la energía como herramienta esencial dentro de una agenda de desarrollo sostenible. Con este nuevo mandato y con el apoyo firme al ODS 7 de los Estados Miembros y los asociados para el desarrollo de todo el mundo, ahora es posible integrar sistemas energéticos más sostenibles que mejoran vidas, fomentan sociedades inclusivas y resilientes y proporcionan desarrollo sostenible para el futuro que queremos.

 

Notas

1 División de las Naciones Unidas de Desarrollo Sostenible, Programa 21 (1992). Disponible en https://sustainabledevelopment.un.org/content/documents/Agenda21.pdf.

Documentos oficiales del Consejo Económico y Social, Comisión sobre el Desarrollo Sostenible, 2001, Suplemento núm. 9 (E/2001/29; E/CN.17/2001/19). Disponible en http://www.un.org/ga/search/view_doc.asp?symbol=E/CN.17/2001/19 (SUPP)&referer=/english/&Lang=S.

Informe de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, Johannesburgo (Sudáfrica), 26 de agosto a 4 de septiembre de 2002, Resoluciones aprobadas por la Cumbre (Nueva York, publicaciones de las Naciones Unidas, A/CONF.199/20). Disponible en http://daccess-dds-ny.un.org/doc/UNDOC/GEN/N02/636/93/PDF/N0263693.pdf?OpenElement.

4 Resolución A/RES/55/2. Disponible en http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=A/RES/55/2.

5 Para obtener más información sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio, consulte http://www.un.org/es/millenniumgoals/.

6 Asamblea General de las Naciones Unidas,  Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, 18 de septiembre de 2015, A/70/L.1. Disponible en http://www.un.org/ga/search/view_doc.asp?symbol=A/70/L.1&referer=/english/&Lang=S.

7 Para obtener más información sobre el ODS 7 y sus metas, consulte http://www.un.org/sustainabledevelopment/es/energy/.

8 Naciones Unidas, Junta Ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), del Fondo de Población de las Naciones Unidas y de la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos, Proyecto de plan estratégico del PNUD para el período 2014-2017, Cambiando con el mundo, Nueva York, 3 a 14 de junio de 2013, DP/2013/12, pág. 9.

9 El Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, el Banco Mundial y la Agencia Internacional de la Energía, Sustainable Energy for All: Progress toward Sustainable Energy 2015, Global Tracking Framework Summary Report (Washington D.C., 2015), pág. 63.

10 Banco Interamericano de Desarrollo y Organización Latinoamericana de Energía, última actualización: 23 de diciembre de 2013. Disponible en http://tinyurl.com/oxrgyqb.

11 Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, Banco Mundial y Agencia Internacional de la Energía, Sustainable Energy for All.

12 Ibid.

13 Ibid.