El desarrollo de lazos mundiales en la esfera de la salud pública

El "breve siglo XX", como lo definió Eric Hobsbawm en 1995, estuvo marcado por importantes avances económicos, sociales y técnico-científicos que mejoraron la calidad de vida y la salud de millones de personas de todo el mundo. Sin embargo, como "era de los extremos", frase acuñada también por Hobsbawm, el proceso de globalización empezó a generar no sólo grandes disparidades internacionales, sino también ingentes problemas sociales y sanitarios, sobre todo en los países excluidos de los ejes centrales de la economía mundial.

En el siglo XXI, los problemas que más preocupan a la comunidad internacional son la inseguridad alimentaria, el cambio climático, y el empeoramiento de las condiciones sanitarias de grandes sectores de la población, que en muchos países soportan una "doble carga de morbilidad". No sólo padecen enfermedades epidémicas, emergentes y reemergentes y enfermedades transmisibles desatendidas, como las tres grandes -- VIH/SIDA, malaria y tuberculosis -- sino también dolencias crónicas no transmisibles, como afecciones cardiovasculares, diabetes, obesidad, cáncer y enfermedades mentales.

Además, la pobreza, el hambre y la malnutrición y la deficiente atención sanitaria prestada a las madres, los niños menores de 5 años y los ancianos son responsables de los altos índices de mortalidad general y los bajos niveles de esperanza de vida al nacer.

Las desigualdades en las condiciones sanitarias y en el acceso a la atención de la salud se dan tanto entre los países como dentro de ellos. Los denominados países de ingresos bajos y medianos bajos, entre los que se hallan algunos de los países más pobres del mundo caracterizados por una situación sanitaria desastrosa, tienen graves problemas para llevar a cabo su gestión de gobierno y sólo en muy escasa medida pueden formular y aplicar políticas sociales y sanitarias que atiendan eficazmente las necesidades de su población. Sus sistemas sanitarios suelen ser frágiles y fragmentarios y carecen de los fondos necesarios y de los recursos tecnológicos básicos para ofrecer una asistencia sanitaria adecuada o aplicar suficientes medidas de salud pública. Como consecuencia, estos países dependen mucho de la ayuda internacional, que es decisiva para su desarrollo y la vida y salud de sus poblaciones.

Las deficientes condiciones vitales y sanitarias reinantes en estos países y su incapacidad para hacerles frente no son fruto de la casualidad: la raíz del problema se halla en los factores sociales y económicos que determinan la situación sanitaria y en las injusticias de la globalización, unidos a la pobreza y la desigualdad entre los países y dentro de ellos.

La salud mundial ha sido un importante objetivo de la cooperación internacional y los planes de ayuda extranjera, que están motivados por las diversas estrategias de las organizaciones internacionales, como los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas y sus organismos especializados, y las iniciativas de los gobiernos de los países desarrollados, las economías emergentes, como el Brasil y China, y las organizaciones no gubernamentales que trabajan en la esfera internacional. Según resumió Anne-Emanuelle Birn, la mayoría de las iniciativas llevadas a cabo en el ámbito de la sanidad internacional no se comparten entre naciones "equivalentes", sino que son el reflejo del orden político y económico internacional, en el que son los países ricos e industrializados los que "prestan" la "asistencia" internacional y los países pobres y subdesarrollados los que la "reciben". La asistencia internacional refleja las relaciones geopolíticas y reproduce las desigualdades de poder y recursos.

En respuesta a las graves críticas de que fueron objeto los planes de ayuda extranjera de los países desarrollados y las organizaciones multilaterales, en 2005 se celebró en París el Foro de Alto Nivel sobre la eficacia de la ayuda al desarrollo. En este Foro se elaboró la Declaración de París sobre la eficacia de la ayuda al desarrollo, en la que se subrayó la necesidad, no sólo de aumentar la ayuda al desarrollo, sino también de mejorar su eficacia a través de estrategias de apropiación, alineación, armonización, gestión de resultados y rendición mutua de cuentas. El Tercer Foro de Alto Nivel sobre la eficacia de la ayuda, que tuvo lugar tres años después en Ghana, dio lugar a la preparación del Programa de Acción de Accra y a la celebración ese mismo año de la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, que a su vez llevó a la aprobación de la Declaración de Doha sobre la financiación para el desarrollo, que mejoraba la Declaración de París.

Por otra parte, la Iniciativa de Política Exterior y Salud Mundial, puesta en marcha en 2007 por el Brasil, Francia, Indonesia, Noruega, el Senegal, Sudáfrica y Tailandia, culminó en la Declaración de Oslo, en la que se pidió a los países que dieran prioridad a la salud en su política exterior. En respuesta a esta Declaración, la Asamblea General de las Naciones Unidas, en su resolución 63/33 sobre salud mundial y política exterior, de 2008, reconoció la estrecha relación existente entre una y otra esfera, determinó que el Consejo Económico y Social, en su período de sesiones de julio de 2009, abordaría el cumplimiento de los objetivos y los compromisos convenidos internacionalmente con respecto a la salud pública mundial, y pidió que hubiera una mayor coordinación de las iniciativas de salud emprendidas en el sistema de las Naciones Unidas.

La Declaración Ministerial sobre la salud pública mundial, extenso documento elaborado como resultado de la serie de sesiones de alto nivel del Consejo Económico y Social celebrado en Ginebra en 2009, anunció un exhaustivo programa sobre salud mundial para los gobiernos, los organismos de las Naciones Unidas y la sociedad civil internacional, que posteriormente fue negociado por los Estados Miembros de las Naciones Unidas.
Cooperación Sur-Sur en el ámbito de la salud

Por cooperación Sur-Sur se entiende cualquier asociación económica, comercial y social establecida con el propósito de aportar ventajas múltiples a todos los asociados, normalmente pertenecientes al mundo en desarrollo, del hemisferio sur.

El movimiento político en torno a la cooperación Sur-Sur se inició en la década de 1950, en el momento álgido de la guerra fría. La Conferencia Asiático-Africana celebrada en 1955 en Bandung (Indonesia) puede considerarse el primer hito político. Con la creación en 1961 del Movimiento de los Países No Alineados en la Conferencia de Belgrado y del Grupo de los 77 en 1964, se estableció el marco fundamental para el logro de consensos políticos entre los países en desarrollo.

En 1978, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Cooperación Técnica entre los Países en Desarrollo se redactó el Plan de Acción de Buenos Aires, jalón fundamental en la cooperación Sur-Sur, y más tarde se creó la Dependencia Especial para la Cooperación Sur-Sur en el marco del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

En la década de 1990, aunque más en la primera del siglo XXI, países de ingresos medianos o medianos altos como el Brasil, China, Cuba, la India, Nigeria, Sudáfrica y Venezuela emergieron como importantes agentes en la escena política internacional y, poco después, en el ámbito de la cooperación Sur-Sur. Estos países empleaban recursos humanos y tecnológicos, los llamados "poderes blandos" en palabras de Joseph Nye, para cooperar entre ellos, en lugar de los tradicionales acuerdos políticos o militares. La agricultura, la salud, la educación y el desarrollo institucional son algunas de las esferas que abarca la cooperación Sur-Sur.

Los acuerdos regionales que crean vínculos entre países vecinos del hemisferio sur también desempeñan un papel fundamental en la cooperación Sur-Sur. La Asociación de Naciones de Asia Sudoriental, la Unión Africana y la Nueva Alianza para el Desarrollo de África, y la Unión de Naciones Suramericanas son algunos ejemplos que merecerían atención. Incluso en comunidades vinculadas sólo culturalmente, como la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa se han buscado soluciones Sur-Sur.

En un mundo complejo y enfrentado a una importante crisis económica, la cooperación internacional en la esfera de la salud, ya sea a través de las tradicionales relaciones Norte-Sur, la cooperación Sur-Sur o la colaboración triangular Norte-Sur-Sur alienta la esperanza en los países y poblaciones más necesitados del mundo.
Bibliografía

Birn, Anne-Emanuelle, Pillay, Yogan, Holtz, Timothy H. "International Health Agencies", Textbook of International Health. Oxford, tercera edición, págs. 62 y 63, 2009.

Buss, Paulo M., Ferreira, José R. "Critical essay on international health cooperation", Revista Eletrônica de Comunicação, Informação e Inovação em Saúde (RECIIS) 4 (1), 2010. http://www.reciis.cict.fiocruz.br/index.php.reciis/ issue/current.

Nye, Joseph. "Public diplomacy and soft power", The Annals of the American Academy of Political and Social Science 616 (1), págs. 94 a 109, 2008.