El continente africano con el que soñamos Promover la coordinación del apoyo internacional para el desarrollo, la paz y la seguridad en África

Pie/Crédito de la foto: Bience Gawanas, Asesora Especial para África, se dirige a un grupo de embajadores, funcionarios de las Naciones Unidas y otros dignatarios con respecto al tema «Winning the Fight Against Corruption: A Sustainable Path to Africa’s Transformation» (Ganar la lucha contra la corrupción: un camino sostenible hacia la transformación de África) durante el Día de África, el 25 de mayo de 2018, Nueva York. © UPF International

Desde la fundación de las Naciones Unidas en 1945, África ha experimentado posiblemente las transformaciones más drásticas de cualquier región del mundo. En un continente que se encontraba bajo un gran dominio colonial en los 40, las décadas posteriores han visto la lucha y la victoria de multitud de países africanos por la independencia, mientras se veían inmersos en dificultades relativas al desarrollo socioeconómico, la paz y la seguridad.

Hoy, menos de un siglo después, África es un continente lleno de recursos humanos y naturales, con un enorme y desaprovechado potencial económico y social.  Ha incrementado su búsqueda de una agenda transformadora, con el objetivo de lograr la prosperidad compartida, la unidad, la paz y la integración. Su enfoque renovado sobre el desarrollo humano ha dado lugar a una inclusión social y económica más consolidada, oportunidades de educación primaria y secundaria mejoradas, mayor igualdad de género en el continente, mayor longevidad y reducciones significativas en la mortalidad materna, además de una capacidad regional reforzada para identificar y abordar los retos de paz y seguridad.

Aunque ha celebrado estos logros y el impulso para el avance, el continente también ha mostrado un gran reconocimiento de los retos a los que se sigue enfrentando.  Como tal, resulta conveniente que África persiga marcos globales y regionales históricamente ambiguos para el desarrollo, la paz y la seguridad. La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible se han visto altamente influidos por la Posición Común Africana sobre la Agenda para el Desarrollo Después de 2015, a través de la cual los Estados Miembros africanos negociaron en solidaridad para garantizar una agenda global exhaustiva centrada en la transformación económica estructural, el crecimiento inclusivo, el desarrollo centrado en las personas y la paz y la seguridad duraderas. Más allá de este marco global, la Unión Africana también ha adoptado la Agenda 2063, que es un marco continental exhaustivo que tiene como objetivo alcanzar la visión de la Unión Africana de «una África integrada, próspera y pacífica, impulsada por sus propios ciudadanos y que represente una fuerza dinámica en el ámbito internacional». En otras palabras, el continente africano con el que soñamos. 

La aplicación en África de estas dos agendas ambiguas requiere un nuevo enfoque para su propio desarrollo e intervenciones de paz y seguridad, así como una reestructuración de la forma en la que el continente interactúa y se alía con el resto del mundo. La asistencia oficial para el desarrollo (AOD), que ha servido desde hace mucho como pilar de la relación de África con sus aliados para el desarrollo, ha demostrado ser una base unidimensional y demasiado frágil para la ambiciosa visión del continente. Es más, la alianza estratégica entre las Naciones Unidas y la Unión Africana, aunque se ha reconocido desde hace mucho como vital para la efectividad de nuestros esfuerzos mutuos, también ha estado repleta históricamente de retos fundamentales, incluida la falta de claridad y complementariedad en nuestros respectivos papeles y la fragmentación de nuestras inversiones, que obstaculiza los resultados deseados.

Teniendo en cuenta este contexto, cada vez es mayor la convicción de que la agenda transformativa de África requerirá un enfoque igualmente transformador para sus alianzas globales clave, especialmente en las Naciones Unidas. En consonancia con esto, las Naciones Unidas y la Unión Africana han trabajado de manera constante para reforzar su relación y establecer un nivel mayor de cooperación caracterizada por el respeto mutuo, la solidaridad, la complementariedad y la interdependencia.

En este contexto, las Naciones Unidas y la Unión Africana firmaron el año pasado marcos exhaustivos conjuntos sobre la paz y la seguridad, y relativos a la implementación coherente de las agendas de desarrollo 2030 y 2063, con el objetivo general de reforzar nuestra alianza estratégica y permitir que las dos organizaciones trabajen como una sola para respaldar la visión de África.

La Oficina del Asesor Especial para África (OAEA) se compromete a mejorar la coordinación y la colaboración entre las Naciones Unidas y África. Aunque, esto será sin duda un reto teniendo en cuenta los numerosos agentes implicados en el panorama africano, el enfoque renovado en la alianza impulsado por las Agendas 2030 y 2063 ha ofrecido una importante oportunidad para la comunidad global, incluidos los organismos de las Naciones Unidas, para revisar las formas en las que colaboran con África, además de entre sí, hacia la consecución de su visión. 

Siempre he pensado que mis nueve años de experiencia trabajando con la Unión Africana me han servido para mi puesto actual de Secretaria General Adjunta y Asesora Especial para África. He tenido la suerte de poder entender su trabajo y valores, y espero utilizar esos conocimientos en la implementación del mandato de la OAEA para brindar una colaboración mejorada entre las dos organizaciones. Ya que también está claro que hay brechas en nuestra alianza con la Unión Africana, la OAEA tendrá que ayudar a identificar dichas brechas, carencias y puntos ciegos, además de desarrollar respuestas innovadoras que aporten valor a nuestros esfuerzos. Además de su cercana colaboración con la Unión Africana, la OAEA también está trabajando para crear alianzas más cercanas con todas las partes interesadas, incluidos los Estados Miembros, la sociedad civil, el sector privado, el mundo académico, etc.

Una de las principales preocupaciones de la OAEA reside en la manera en la que podemos trabajar de forma más eficaz con los organismos del sistema de las Naciones Unidas para mejorar la alianza de la Organización con la Unión Africana y garantizar la coherencia y la coordinación en el apoyo del sistema a África en general. 

Para lograr estos objetivos, son absolutamente esenciales una coordinación interna más fuerte y una mayor atención a las sinergias.  En un momento en el que se pide cada vez más a las instituciones multilaterales como las Naciones Unidas que hagan más con menos, y en el que los retos más críticos a los que se enfrentan África y el mundo tienen una naturaleza multisectorial, resulta fundamental reforzar la coordinación y la coherencia en las Naciones Unidas y aprovechar de forma colectiva nuestras ventajas comparativas. En este contexto, los organismos de coordinación clave, como el Grupo de Tareas Interdepartamental sobre Asuntos Africanos y el Mecanismo de Coordinación Regional para África, serán vehículos esenciales para la programación conjunta, lo que ayudará a los organismos de las Naciones Unidas a trabajar de forma global y regional para identificar los retos, así como planificar y aplicar sus intervenciones conjuntamente y no de forma independiente.

Pese a todo ello, cuando consideremos la coordinación y la planificación, las metas y los objetivos, el seguimiento y la evaluación, no debemos dejar a un lado lo que sigue siendo el núcleo de nuestro trabajo: las personas.  África es más que simplemente una gran cantidad de tierra y recursos, y el éxito de nuestra coordinación para respaldar sus aspiraciones se debe medir en algo más que simplemente aumentos del producto interior bruto o progresos graduales en objetivos seleccionados. El poder de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y la Agenda 2063 se basa en el hecho de que ambas se crearon con la intención explícita de mantener a las personas en su epicentro y garantizar que todo el mundo pueda vivir con dignidad. En su núcleo no solo se encuentran el crecimiento económico, la protección medioambiental o la reducción de conflictos, sino también un compromiso fundamental con la justicia social para todos y para no dejar a nadie atrás. Son promesas importantes que se han hecho de forma implícita a todos los africanos y, como tales, deberían servir como orientación para la labor de las Naciones Unidas y sus socios de apoyo al continente.