El agua es un prerrequisito para todo desarrollo

Las mujeres recogiendo agua en un pueblo en Bengala Occidental, India ©Das Kumar Prasanta
 

El Consejo Mundial del Agua (WWC) considera que la formulación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) es un esfuerzo de la mayor importancia para el logro de la seguridad hídrica en todo el mundo lo cual es, a su vez, un dato crucial para un futuro próspero y equitativo para la humanidad. Por lo tanto, el ODS 6, cuyo objetivo es "garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos", es central a la misión del Consejo. El Consejo Mundial del Agua está obligado a reiterar su mensaje de que el desarrollo sostenible no es posible sin incluir la seguridad hídrica.

Creemos firmemente que el agua debe ser apreciada, no sólo como un fin en sí mismo, sino como un medio para todas las demás dimensiones del desarrollo, ya sea seguridad alimentaria o energética, mejora de los medios de vida, empoderamiento de las mujeres, prevención de enfermedades, protección del ecosistema, aumento de la resiliencia a cambios globales o para una miríada de otros dominios. El agua segura es, después de todo, el hilo común que conecta a todos los ODS. Por cierto, las cuestiones relacionadas con el agua subyacen a varios acuerdos de las Naciones Unidas ratificados en años recientes- incluidos el Acuerdo de París (2015), la Nueva Agenda Urbana (2016) y el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030-,y deben ser abordados de una manera integral.

Es alentador el hecho presenciado recientemente sobre un incremento de la conciencia pública acerca de la importancia vital del agua en los niveles políticos más altos posibles, en particular como se ha manifestado a través del Panel de Alto Nivel sobre el Agua. Compuesto por 11 Jefes de Estado y de Gobierno y un Asesor Especial preparado para defender y abogar por la causa del agua, este panel presentará los resultados de sus deliberaciones en Brasilia en marzo de 2018 en el Octavo Foro Mundial del Agua.

Se han logrado progresos significativos aunque desiguales en las últimas décadas. Pero  queda mucho por hacer. Incluso si consideramos que la meta C del Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM) 7 "Reducir a la mitad, para 2015, la proporción de la población sin acceso sostenible al agua potable y al saneamiento básico" se alcanzó en algunos casos, en el mejor escenario el 50 por ciento de la población objetivo no ha sido satisfecho. La cobertura universal tal como está definida en los ODS es otra historia,  que requiere acción e inversión a una escala completamente diferente para ser implementada en 2030, especialmente para el saneamiento. No debemos perder el impulso generado por los ODM, mientras tenemos mayores ambiciones que van más allá de ellos.

Si bien puede ser simple redactar objetivos globales, es mucho más difícil implementarlos, especialmente cuando los flujos financieros se agotan. Debido al papel integral del agua dentro del desarrollo, no hay forma de romper el círculo vicioso de la pobreza a menos que invirtamos en el desarrollo de recursos hídricos y gestión de la incertidumbre y el riesgo, junto con el acceso al agua y al saneamiento. Invertir en el agua ahora nos conducirá a evitar costos exponenciales y a la obtención de grandes beneficios en el aumento de la productividad futura. También se debe alentar la eficiencia y evitar el desperdicio, para consumir menos y gestionar mejor el recurso hídrico. Las decisiones de infraestructura deben tomarse dentro del contexto de una gestión más amplia de los recursos hídricos, la sostenibilidad a largo plazo y la construcción de resiliencia climática. Las inversiones generalizadas son necesarias para promover el desarrollo a través de la seguridad hídrica en todos los dominios. Al invertir en agua y al crear una genuina responsabilidad compartida, tenemos el potencial de remodelar el agua como una oportunidad real para nuestras economías, nuestras sociedades y el medio ambiente, los tres pilares del desarrollo sostenible.

La gestión del agua en los centros urbanos será de particular importancia en las próximas décadas dadas las tendencias migratorias actuales. Las ciudades son la fuerza dominante en el crecimiento económico sostenible, el desarrollo y la prosperidad tanto en los países desarrollados como en los en desarrollo. Actualmente, el 54% de la población mundial (4.000 millones de personas) reside en zonas urbanas. Para 2030, 2 mil millones más de personas habrán migrado a las ciudades, ejerciendo una presión sin precedentes sobre la infraestructura y los recursos, en particular los relacionados con el agua, según las Naciones Unidas y el Grupo del Banco Mundial. De 2016 a 2030, se espera un aumento de la población en las 10 megaciudades más importantes del mundo del orden del 35%.

Las previsiones indican que para 2030 las ciudades de los países en desarrollo, incluidos Karachi, Lagos y Dhaka, superarán a ciudades como Nueva York, Osaka y San Pablo.  Esto representa un incremento del 50 por ciento en la demanda de energía y agua, lo que genera desafíos que ejercen presión sobre los recursos hídricos y amenazan la seguridad hídrica global. Esto tendrá un efecto palpable en la salud pública, las economías y el desarrollo. Además, dado que más de las tres cuartas partes de las megaciudades del mundo son costeras, habrá un impacto considerable en los ecosistemas acuáticos desde la cresta hasta el arrecife.

Además, el cambio climático representa un desafío desalentador para las poblaciones que ya están experimentando sus efectos. Para el 2030, el 40 por ciento de la población mundial vivirá en cuencas fluviales bajo severo estrés hídrico, mientras que el 20 por ciento sufrirá inundaciones. Como reacción contra los daños compuestos provocados por fenómenos climáticos extremos recurrentes, el Consejo Mundial del Agua ha pedido reiteradamente a los gobiernos que sean conscientes sobre el rol que puede desempeñar la infraestructura adaptada del agua para aliviar estas situaciones y aumentar la resiliencia. Nuevamente, esto requiere voluntad política y financiamiento prioritario,  tanto para la infraestructura en áreas urbanas como en áreas periurbanas y rurales.

La inversión en agua, por lo tanto, se convierte en un factor unificador en fomentar  ciudades más saludables y prósperas, ofreciendo a las poblaciones empobrecidas una real posibilidad de progreso. Si agregamos el cambio climático a la ecuación, la necesidad de una financiación adecuada se torna aún más acuciante. Según los informes, se necesitan más de 255 mil millones de euros al año en infraestructura hídrica mundial desde ahora y hasta el 2030: 100 mil millones de euros por año para una nueva infraestructura de agua adecuada; y al menos otros 155 mil millones de euros para renovar y mejorar los equipos para adaptarse al cambio climático y mitigar el calentamiento global. Los informes de  Naciones Unidas indican que para 2030 habrá un aumento del 50% en la demanda de energía y agua, lo que requerirá una inversión de capital en infraestructura hídrica tres veces mayor que el nivel actual.

Pero el financiamiento no es el único ingrediente importante para lograr la seguridad hídrica. Dado que el agua se gestiona a nivel local, el papel de las autoridades locales es esencial para proporcionar servicios de agua y saneamiento a las poblaciones. Aunque los gobiernos nacionales serán responsables de gran parte de la implementación de los ODS y otras agendas internacionales, el éxito también descansará en el compromiso y el empoderamiento de los organismos locales y regionales para hacer su parte.

Desafortunadamente, sin embargo, las ciudades y las regiones a menudo carecen de orientación sobre cómo lograr objetivos localmente, contribuyen a los objetivos establecidos a nivel nacional e implementan soluciones concretas. Los alcaldes y las redes a las que pertenecen necesitan desarrollar estrategias para cumplir y adoptar enfoques integrados para superar las barreras políticas, financieras, tecnológicas y de comportamiento. De hecho, no existe un vínculo más íntimo para mejorar las vidas de los ciudadanos que las autoridades locales.

Además, no deberíamos olvidar que la información y el intercambio de conocimientos en todos los niveles serán esenciales para el éxito de un mecanismo de monitoreo y evaluación de la implementación de los objetivos de agua de la agenda de desarrollo post-2015, ya que es imposible de entender con mayor precisión la situación actual del agua y su evolución a nivel mundial.

El Consejo Mundial del Agua está dispuesto a contribuir al logro de los ODS mediante la movilización de todas sus áreas de experticia y trabajando en conjunto con todas las partes interesadas para hacer realidad el marco post-2015. De hecho, el Consejo ofrece una plataforma única, constructiva y crítica donde se intercambian ideas sobre los desafíos globales del agua y donde los diseñadores de políticas, los científicos, el sector privado y la sociedad civil desarrollan planes para implementar estas ideas, tanto dentro como fuera del sector hídrico.

El Consejo ofrece un poder de convocatoria de alto nivel de múltiples partes interesadas y la posibilidad de trabajar juntos para proporcionar conocimientos y promover el acceso al agua segura en apoyo de las personas, las economías y el medio ambiente.

Su evento insignia, el  Foro Mundial del Agua, de frecuencia trienal, brinda una oportunidad ideal para que todos los interesados ​​en temas relacionados con el agua se reúnan y promuevan una agenda que cumpla con el ODS 6 para los próximos tres años. Esperamos que los resultados del Octavo Foro Mundial del Agua sirvan para enriquecer la reflexión en la reunión de este año del Foro Político de Alto Nivel, que examinará, entre otras cosas, el ODS 6.

Tenemos un enorme desafío por delante: reinventar nuestro futuro del agua juntos. Garantizar la disponibilidad de agua significa facilitar la seguridad en muchos otros dominios y es nuestro legado para las generaciones futuras. No pueden mirar hacia atrás y preguntarse por qué no hicimos nada cuando tuvimos la oportunidad.