Echamos la vista atrás para seguir adelante

©UN Photo/Devra Berkowitz
 

Hace 70 años, durante los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, representantes de 50 países asistieron en San Francisco a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Organización Internacional, lo que condujo a la firma de la Carta de las Naciones Unidas. El documento fundacional entró en vigor el 24 de octubre de 1945. Actualmente la Carta es tan importante como lo era hace siete decenios. Las Naciones Unidas se forjaron en la unidad y en el propósito de defender la paz y la seguridad, impulsar el desarrollo y proteger los derechos humanos de todas las personas. Estos siguen siendo los tres pilares que sustentan el trabajo y la misión de la Organización.

El cambio de siglo marcó un hito muy importante en la esfera del desarrollo, cuando los dirigentes políticos revisaron las condiciones de la cooperación para el desarrollo. En el año 2000 la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas congregó al mayor grupo de dirigentes mundiales y en su seno los Jefes de Estado adoptaron un nuevo marco de desarrollo humano: la Declaración del Milenio. Un año después, se presentó ante la Asamblea General de las Naciones Unidas un total de ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio derivados del texto de la Declaración. A pesar de que surgieron algunas críticas en torno a los aspectos que no se incluyeron y aquellos en los que debería haberse hecho mayor hincapié, tales como el crecimiento económico, la gobernanza, la degradación de la tierra y el cambio climático, entre otros, los Objetivos de Desarrollo del Milenio representaron la piedra angular de la nueva cooperación para el desarrollo entre los países desarrollados y los países en desarrollo.

La puesta en marcha de los Objetivos de Desarrollo del Milenio no fue fácil. Hay quien diría que germinaron en varios años. Desde el principio se echó en falta un proceso de consultas inclusivo, ya que básicamente fueron concebidos por un pequeño grupo de expertos de las Naciones Unidas. Durante los primeros años el proceso estuvo prácticamente parado y la emoción y las expectativas se disiparon por el revuelo en torno al efecto del año 2000, coincidiendo con los albores del nuevo milenio.

Sin embargo, al echar la vista atrás, en los últimos 15 años los Objetivos de Desarrollo del Milenio se han convertido en un programa histórico que ha transformado el mundo. Fueron el primer intento de acordar de manera conjunta que la agenda social abordase con rigor los principales desafíos a nivel mundial y centrase sus esfuerzos en los más pobres, combinando mecanismos verticales, tales como la salud y la educación, con una única estrategia común. A lo largo de este proceso se aunaron los objetivos verticales sobre temas específicos formulados en varias conferencias internacionales y de las Naciones Unidas durante los años noventa, entre los que se incluían prioridades como la educación (Jomtien, 1990), la infancia (Nueva York, 1990), el medio ambiente y el desarrollo (Río de Janeiro, 1992), la población (El Cairo, 1994), el desarrollo social (Copenhague, 1995) y la mujer (Beijing, 1995). Estas disposiciones por sí solas estaban, en parte, incompletas, pero en su conjunto brindaron la oportunidad de marcar un antes y un después en la lucha contra la pobreza y la desigualdad. Con el paso de los años, los Objetivos de Desarrollo del Milenio han demostrado que poner en marcha una agenda integrada a la vez que se establecen unos objetivos comunes funciona. Se han obtenido resultados excelentes y beneficios significativos gracias a la alianza entre los gobiernos, el sector empresarial, la sociedad civil, las instituciones internacionales, las fundaciones, los círculos académicos y otras partes interesadas. Son estos beneficios los que han conferido a los Objetivos de Desarrollo del Milenio la credibilidad necesaria para acometer la agenda sucesora.

Los medios de aplicación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio no se consolidaron hasta 2002, durante la Primera Conferencia Internacional de las Naciones Unidas sobre la Financiación para el Desarrollo, celebrada en Monterrey (México). Los dirigentes mundiales que acudieron a este evento, entre los que se encontraban jefes de Estado, ministros de finanzas y asuntos exteriores y representantes de instituciones internacionales, acordaron que los países desarrollados proporcionasen recursos financieros y mecanismos de apoyo para que los países en desarrollo alcanzasen los Objetivos de Desarrollo del Milenio y se propusieron destinar el 0,7% del ingreso nacional bruto a la asistencia oficial para el desarrollo dirigida a dichos países. Debido al telón de fondo de los noventa, década en la que se redujo significativamente el gasto público tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo, este hecho marcó un hito respecto a la promoción de la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio en todo el mundo.

Yo misma he observado cómo los Objetivos de Desarrollo del Milenio han propiciado profundas transformaciones en mi país. En 2005 el Club de París de Acreedores Industriales brindó el alivio de la deuda a Nigeria. En la práctica este hecho supuso la liberación de 1.000 millones de dólares de los Estados Unidos de ahorro al año. Además, como parte del acuerdo de deuda, el Presidente se comprometió a invertir el total de los beneficios obtenidos con el alivio de la deuda en acelerar los esfuerzos de Nigeria para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Como asesora del Presidente ayudé a constituir el Fondo Virtual contra la Pobreza, el cual se encargaría de utilizar, coordinar y supervisar de manera eficaz los fondos procedentes de los beneficios obtenidos con el alivio de la deuda para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Obtuvimos unos resultados extraordinarios: el número de personas que tiene acceso al agua aumentó en más de 40 millones, la tasa de pobreza se redujo, aumentaron significativamente las matriculaciones en la escuela primaria y disminuyó el número de personas que viven en barrios marginales. Por otro lado, se fortalecieron las instituciones cuyas acciones están dirigidas a la prestación de servicios y se les facilitó la supervisión reforzada de los resultados de desarrollo. Igualmente conseguimos reducir en un 30% la mortalidad materna, el número de matriculaciones de niñas en las escuelas aumentó más del doble y se reforzó el seguro médico comunitario para las embarazadas y los niños menores de 5 años, lo que supuso también cierta inversión en inmunización sistemática, con el consiguiente fortalecimiento de los sistemas de salud del país.

Al igual que en muchos otros países, los Objetivos de Desarrollo del Milenio nos brindaron la oportunidad de lograr auténticas mejoras de peso. Nos permitieron ampliar la escala de las intervenciones clave en las esferas estructural, económica y social para afrontar los desequilibrios y las deficiencias. Con este apoyo ampliamos también la capacidad de la administración pública, fomentamos la colaboración con el gobierno en diversos ámbitos y mejoramos el aprovechamiento de otros recursos. En definitiva, fueron vitales para situar a las personas y sus necesidades más inmediatas en el centro de las políticas públicas a nivel nacional y mundial.

Gracias también a una mayor voluntad política, a la atención prestada por los medios de comunicación y a una serie de donantes clave, los Objetivos de Desarrollo del Milenio propiciaron un gran avance y ganaron empuje político. En la Cumbre Mundial 2005 de las Naciones Unidas los dirigentes mundiales recalcaron que era necesario que la comunidad internacional armonizara los Objetivos de Desarrollo del Milenio con sus procesos fundamentales, lo que condujo a que los países desarrollaran y pusieran en marcha estrategias de desarrollo integrales a nivel nacional para alcanzar dichos objetivos. Igualmente, se prometió que para 2010 se destinarían cada año más de 50.000 millones de dólares de los Estados Unidos a la lucha contra la pobreza y se acordó prestar apoyo inmediato para desarrollar iniciativas de efecto rápido y respaldar así la lucha contra la malaria y el fomento de la educación y la salud.

En 2010 en la Reunión Plenaria de Alto Nivel de la Asamblea General sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio y durante el sexagésimo quinto período de sesiones de la Asamblea General se examinaron los progresos y los desafíos a la hora de abordar la pobreza, el hambre y la igualdad de género, alcanzar los objetivos de salud y educación, encarar las nuevas dificultades y la evolución de los planteamientos, prestando especial atención a las necesidades de los más vulnerables, y ampliar y fortalecer las alianzas. Para la Organización también fue un tiempo de mirar hacia adelante centrándose en cómo fomentar el desarrollo sostenible. Este proceso preparó el terreno para que el Secretario General marcara la pauta que conduciría a la Conferencia Río+20 de 2012.

En esta conferencia, a partir de la base construida con los resultados de la Conferencia de Río de 1992, se definió claramente el cambio que tenía que abanderar la comunidad internacional y comenzó la metamorfosis de la agenda de desarrollo. Igualmente, esta conferencia marcó en la esfera del desarrollo el primer paso hacia un cambio de paradigma que exigía la integración del desarrollo económico (incluido el fin de la pobreza extrema), la inclusión social y la sostenibilidad ambiental, a través del desarrollo sostenible.

Desde 2012, las Naciones Unidas y sus socios se han comprometido a poner en marcha un proceso de consultas inclusivo sin precedentes a nivel nacional, regional y mundial, en todo el globo, con el fin de definir la agenda para el desarrollo después de 2015. Gracias a sus inmensas redes se ha conseguido movilizar a los líderes mundiales, los parlamentarios, al sector empresarial, los círculos académicos, la comunidad científica y la sociedad civil. Es más, millones de personas han expuesto sus prioridades en el programa El Futuro que Queremos: la mayor encuesta llevada a cabo a nivel mundial por iniciativa de las Naciones Unidas en la que la mayoría de los encuestados fueron jóvenes de menos de 30 años.

Del mismo modo que con los Objetivos de Desarrollo del Milenio, la agenda de desarrollo sostenible se asienta en los valores de la Carta de las Naciones Unidas y lleva el “Nosotros los pueblos” en su seno. La universalidad es la espina dorsal del desarrollo sostenible y se traduce en no dejar a nadie atrás. A diferencia de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, la agenda de desarrollo sostenible necesitará que todos los países se movilicen y colaboren. Todos los países tendrán que cambiar, si bien de diferentes maneras. Para erradicar la pobreza, desarrollar unas economías inclusivas y preservar el medio ambiente, tanto los países desarrollados como los países en desarrollo han de hacer lo propio a nivel nacional. Todas las partes interesadas, tanto públicas como privadas, ostentan responsabilidades que han de asumir.

Se necesita una transformación drástica para desarrollar una agenda universal que busca acabar con la pobreza en todo el mundo y de manera irreversible. Esto significa, principalmente, que la pobreza en todas sus formas desaparezca de manera irreversible y en el mundo entero, que se protejan los derechos humanos de todas las personas sin excepción y se alcance una prosperidad compartida en todo el planeta.

Un escenario en el que todo siga igual no hará que el mundo recorra la senda del desarrollo sostenible e impedirá que hagamos frente a los nuevos problemas que están surgiendo. Durante el discurso que pronunció el Secretario General, Ban Ki-moon, en la Universidad de Stanford en 2013 afirmó que no hay un plan B, porque no tenemos un planeta B. Dijo también que la ciencia y la economía apuntan a la necesidad de cambiar de rumbo, algo que hemos de hacer cuanto antes. Se ha de imponer un cambio de paradigma para provocar un viraje decisivo e impulsar nuevas actuaciones. Esto conlleva desvincular el crecimiento económico de la degradación ambiental. Mientras el crecimiento económico inclusivo y la gestión ambiental sigan sin ser una realidad, la justicia social y la erradicación de la pobreza serán objetivos muy vulnerables, por no decir imposibles.

Esta agenda tan ambiciosa se quedará en mera retórica si no se prevén las medidas necesarias para conseguir que se haga realidad. Seguirá siendo un simple conjunto de metas a las que se aspira si para ponerla en marcha no se movilizan y desbloquean los medios de ejecución necesarios, tanto públicos como privados, y se forjan alianzas basadas en fuertes principios entre múltiples interesados a todos los niveles, mundial, regional, nacional y local.

El año 2015 representa una oportunidad única para que ese cambio de paradigma en la esfera del desarrollo sea una realidad, construyendo y fortaleciendo los Objetivos de Desarrollo del Milenio, con vistas a erradicar la pobreza en todas sus dimensiones, preservar nuestro medio ambiente y fomentar la prosperidad económica inclusiva, especialmente para las mujeres y los jóvenes. Parafraseando al Secretario General, Ban Ki-moon, somos la primera generación que puede acabar con la pobreza extrema y la última en enfrentarse a los peores efectos del cambio climático. Para finales de año se habrán aprobado una serie de objetivos de desarrollo sostenible, una agenda sobre el cambio climático muy valiosa y un marco de financiación orientado a suministrar los recursos necesarios para desarrollar con éxito esta agenda común centrada en las personas y con conciencia planetaria y proteger, así, el medio ambiente y el futuro de nuestros hijos y nietos.

Si logramos el desarrollo sostenible, podemos imaginarnos un mundo en el que una niña en Nigeria disfrute del derecho a ir a la escuela y adquiera los conocimientos y destrezas necesarios para conseguir sus sueños; un mundo en el que un joven migrante pueda cruzar las fronteras regionales de manera segura y sin riesgo de padecer ningún tipo de violencia. Imaginen un mundo en el que todas las mujeres embarazadas den a luz en unas condiciones de seguridad; un mundo en el que no exista el trabajo de menores ni la explotación infantil; un mundo en el que las personas con discapacidad disfruten de la igualdad de oportunidades. Este es el mundo que merecemos.

Desde 1945 las Naciones Unidas han defendido la paz y la seguridad, el desarrollo y la promoción de los derechos humanos. El mundo ha cambiado radicalmente desde entonces y sigue evolucionando con rapidez. Los viejos desafíos se intensifican y cada día surgen nuevas dificultades. He aquí la razón de que las Naciones Unidas también hayan comenzado a dar los primeros pasos para cambiar su manera de funcionar —y ser, así, un sistema adecuado a los fines— y prestar un servicio mejor al mundo a la vez que sigue reafirmándose en sus valores principales.

Con motivo de la celebración del 70º aniversario de su fundación, no puedo imaginarme un mundo sin las Naciones Unidas. Actualmente la Carta de las Naciones Unidas es tan importante como lo era hace siete decenios. Dado que comienza a escribirse un nuevo capítulo, será necesario el mismo propósito y compromiso para que la Organización siga defendiendo los tres pilares de la paz y la seguridad, el desarrollo y los derechos humanos. Trabajemos juntos para construir el futuro que deseamos.