Defender nuestros valores: convertir a las víctimas en el elemento central

Pie/Crédito de la foto: La Subsecretaria General de las Naciones Unidas Jane Connors (la tercera desde la izquierda) finalizó una visita de cinco días a Sudán del Sur en Juba el 7 de diciembre de 2017. Durante la visita, la Sra. Connors se reunió con representantes de la Misión de las Naciones Unidas en Sudán del Sur, agencias, fondos y programas de las Naciones Unidas, organizaciones no gubernamentales y otros socios, incluidas instituciones del Gobierno y la sociedad civil, para crear redes de apoyo y ayudar a garantizar soluciones para las víctimas de la explotación y los abusos sexuales. © Foto de las Naciones Unidas/Isaac Billy

«La explotación y el abuso sexual no tienen cabida en nuestro mundo. Son una amenaza global y deben acabar. [...] No toleraremos que ninguna persona cometa ni perdone actos de explotación o abusos sexuales. No permitiremos que ninguna persona encubra estos delitos con las Naciones Unidas. Todas las víctimas merecen justicia y todo nuestro apoyo». Secretario General António Guterres, discurso en la reunión de Alto Nivel sobre la respuesta de las Naciones Unidas a la Explotación y los Abusos Sexuales Nueva York, 18 de septiembre de 2017

La mayoría de los miles de mujeres y hombres que trabajan para las Naciones Unidas respetan los valores de la Carta y trabajan con orgullo y profesionalidad, a menudo en situaciones peligrosas o difíciles. Sin embargo, cada acusación de explotación y abusos sexuales que implique a nuestro personal socava estos valores y principios. Cada una de ellas desvía la atención y los recursos del objetivo de la Organización de mantener la paz y la seguridad, y fomentar y proteger los derechos humanos y el desarrollo sostenible para todos. También merma la confianza de las personas a las que las Naciones Unidas pretende asistir.

El Secretario General insiste en que nadie que preste servicio en nombre de la bandera de las Naciones Unidas debería estar relacionado con la explotación y los abusos sexuales. Su estrategia para todo el sistema, presentada en 2017, está transformando el enfoque de la Organización para evitar y tomar medidas contra la explotación sexual. Esta estrategia prioriza los derechos y la dignidad de las víctimas y se centra en combatir la impunidad, crear una red de apoyo de varias partes interesadas y reorientar nuestro enfoque de la comunicación estratégica hacia la transparencia y creando conciencia de la explotación y los abusos sexuales en todo el mundo.

Mi papel como Defensora de los Derechos de las Víctimas es garantizar que los derechos y la dignidad de las víctimas se encuentren en un lugar primordial en los esfuerzos de las Naciones Unidas, un objetivo que afecta a todas las partes de la estrategia. En el sistema de las Naciones Unidas y entre los Estados Miembros, la sociedad civil y un amplio rango de otras partes interesadas, abogo por respaldar una respuesta integrada a la asistencia a las víctimas, de forma que se preste ayuda de manera rápida y con sensibilidad, se respete y se escuche a las víctimas, se tomen en serio sus casos, y se sancione a los autores debidamente. Estoy decidida a dar visibilidad a aquellas personas que han sufrido y a abordar la estigmatización y la discriminación que con frecuencia sufren las víctimas. También trabajo para garantizar el acceso de las víctimas a la justicia y para aumentar la rendición de cuentas, que la mayoría sigue eludiendo.

Este aspecto es una parte central de mi trabajo. Hay Defensores de los Derechos de las Víctimas en la República Centroafricana, la República Democrática del Congo, Haití y Sudán del Sur. Estos Defensores son el reflejo operativo de mi política: son el contacto principal de todas las víctimas y garantizan la integración en todas las actividades de un enfoque no discriminatorio y centrado en las víctimas que tenga en cuenta a los niños, así como el factor de género, para respaldar la realización de sus derechos. El Secretario General motiva la designación de Defensores de los Derechos de las Víctimas en todos los contextos de mantenimiento de la paz, humanitarios y de desarrollo. Abogo por que nuestros socios humanitarios también tengan en cuenta este enfoque. Hasta la fecha, he visitado la República Centroafricana, Haití y Sudán del Sur, lugares en los que entendí de primera mano la aplicación de la estrategia del Secretario General sobre el terreno. Me impresionó ver el gran compromiso entre las personas encargadas de liderar y el deseo sincero de responder de forma abierta y transparente a las acusaciones. Existen medidas exhaustivas de alcance y comunicación dirigidas al personal de las Naciones Unidas, la población local y la comunidad internacional, incluida la sociedad civil. Estas describen lo que se espera del personal y lo que la comunidad puede esperar de sus servicios. Durante cada una de mis visitas, me he reunido de forma confidencial e individual con las víctimas (principalmente mujeres y niños) para escuchar y entender sus preocupaciones, y garantizarles que las Naciones Unidas están de su lado mientras reconstruyen sus vidas.

La explotación y los abusos sexuales perjudican la reputación y la credibilidad de la Organización y su personal pero, para las víctimas, este comportamiento abominable tiene un impacto que cambia sus vidas. Podemos hacer mucho más para proporcionar apoyo. Ampliar el alcance de nuestro enfoque más allá de los autores y su comportamiento para englobar a las personas que han sufrido, y cuyos derechos deben protegerse y sus necesidades satisfacerse, es un primer paso fundamental. La prevención es vital, y por ello debemos analizar y tratar las causas principales y los factores de riesgo. Esto incluye la desigualdad de género, una cultura de poder y tolerancia de sus abusos, la vulnerabilidad de las poblaciones, los estigmas y los estereotipos. La formación escasa o inexistente, la ignorancia o la falta de aceptación de las normas y valores de las Naciones Unidas, la investigación inadecuada y, sobre todo, la impunidad, contribuyen al problema.

La explotación y los abusos sexuales en contextos humanitarios y de mantenimiento de la paz no surgen de la nada. Reflejan el comportamiento en nuestras sociedades y se ven afectados por los complejos entornos en los que trabajamos. A menudo están marcados por el conflicto, la violencia y la inseguridad, la pobreza y la desigualdad, y diversas vulneraciones de los derechos humanos, incluida una alta incidencia de violencia sexual y de género. Las instituciones estatales débiles, especialmente en los sistemas de justicia, también pueden provocar la impunidad.

Para que tengamos éxito, nuestro trabajo de lucha contra la explotación y los abusos sexuales debe estar en consonancia con los fines principales de las Naciones Unidas: el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, la promoción y protección de los derechos humanos, y la consecución de un desarrollo sostenible.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible proporciona los medios para abordar las causas principales de la explotación y los abusos sexuales. Establece un marco general que define las prioridades internacionales, regionales y nacionales, y que comprende los objetivos amplios y relacionados entre sí de las Naciones Unidas. Esta agenda centrada en las personas prioriza la dignidad de los seres humanos y se compromete a no dejar a nadie atrás.

Para poder cumplir los 17 objetivos de la Agenda y las metas relacionadas, especialmente las relativas a la igualdad de género y al fomento de sociedades inclusivas y pacíficas, así como al acceso a la justicia para todos, es necesario que se aborden las causas principales de la violencia, la marginalización y la discriminación. También es necesario que eliminemos las barreras que excluyen a personas, sobre todo las más vulnerables, y evitan que formen parte de procesos que afectan a sus vidas, permitiéndoles de este modo ejercer sus derechos humanos y desarrollar su potencial.

El paquete de reformas del desarrollo del Secretario General, aprobado hace poco por los Estados Miembros, transformará principalmente los mecanismos, las capacidades y las operaciones de las Naciones Unidas sobre el terreno. Se debe integrar un enfoque centrado en la víctima en esta nueva arquitectura para el desarrollo sostenible. Como personal de las Naciones Unidas, debemos asegurarnos de que los que se hayan comprometido a desempeñar su papel y asistir no hayan cometido explotación ni abusos sexuales. Juntos, debemos apoyar a las víctimas para que se conviertan en supervivientes.