Aprender a conocer y amar los océanos.

El velero de la expedición Sea Dragon parte en busca del giro del Pacífico Norte. Marzo de 2012. 

©DAVE CORNTHWAITE

Me despertó, en medio de la noche, un ruido sordo en el casco de nuestro barco. Corrimos hasta la cubierta y nos dimos cuenta de que estábamos rodeados de trozos de plástico que flotaban en el océano. No tenía ningún sentido. Estábamos a más de 1.000 millas de la costa. Las personas más próximas a nosotros se encontraban en la Estación Espacial Internacional, circulando en órbita sobre nuestras cabezas. Y sin embargo había evidencias de vida humana y basura a nuestro alrededor, en uno de los lugares más remotos del planeta.

Acababa de terminar mis estudios universitarios y me dirigía hacia Australia cuando este incidente dio un giro a mi carrera: decidí navegar por el mundo con la misión de conectar a las personas —científicos y comunicadores— con el océano, y estudiar todas las cuestiones relacionadas con el mar desde el Ecuador hasta los polos.

En el mar comprobé de primera mano el colapso de las pesquerías, la acumulación de sustancias tóxicas en los organismos marinos, la dependencia de las comunidades insulares de alimentos envasados importados y el alcance de la contaminación causada por los plásticos. Nos detuvimos en pequeñas islas y descubrimos que los lugareños ya no podían pescar para alimentar a sus familias porque los buques comerciales habían provocado el colapso de sus pesquerías. Ya no podían cultivar la tierra porque el aumento del nivel del mar la había hecho demasiado salada. Esto generó la dependencia de los alimentos importados, que vienen envueltos y envasados en este extraño nuevo material —el plástico—.

Sin ningún sistema para tratar este tipo de residuos, la basura acaba en la playa y en el océano, o simplemente se quema. Todavía noto el olor nauseabundo del plástico quemado. Cuando empecé a investigar qué originaba aquel olor, descubrí que algunos compuestos químicos —las dioxinas— que se forman durante la combustión incompleta de los desechos son sustancias carcinógenas que pueden ser absorbidas por nuestro organismo.

Y así, esta se convirtió en mi primera misión: eliminar la quema de plástico en un grupo de islas en Tonga.

EL DESAFÍO DE TONGA

En primer lugar se requería un cambio de mentalidad. Cuando comencé a aprender el idioma de Tonga, me di cuenta de que en estas islas del Pacífico Sur no había una palabra que se correspondiera con "contenedor de basura". El concepto de arrojar algo a un sistema administrado no existía en esa cultura, ya que hasta hace poco nunca había sido necesario: los desechos orgánicos pueden arrojarse al suelo sin ningún problema. No solo hacían falta infraestructuras; era necesario un cambio de mentalidad respecto a este nuevo material inorgánico.

Seis meses de trabajo y enseñanza con la comunidad local culminaron en una colosal limpieza. Junto con 3.000 voluntarios locales, recogimos 56 toneladas de basura en solo 5 horas.

Esta cantidad de basura me dejó estupefacta. No solo recogimos lo que se producía a nivel local, sino también los desechos arrojados cada día en las playas, incluidos productos con etiquetas escritas en lenguas que no reconocía. Esto me llevó a hacer más preguntas: ¿de dónde venía este plástico y por qué terminaba en estas remotas islas del Pacífico?

Y así comencé a informarme sobre cómo utilizamos el plástico.

EL PROBLEMA DEL DISEÑO

Parece ser que, a nivel mundial, utilizamos casi 2 millones de bolsas de plástico por minuto1. Esas bolsas se utilizan una vez, quizás dos, tres veces a lo sumo. Después se tiran. El plástico es un material increíble porque está diseñado para durar para siempre. Lo utilizamos para fabricar productos como bolsas y botellas de plástico, diseñados para un solo uso, que luego se desechan. Esta incongruencia entre la ciencia de los materiales y el diseño del producto nos coloca en la situación de generar grandes cantidades de residuos que ya no tienen ningún uso o valor.

Bueno, vale, pensé. ¿No podemos, simplemente, reciclar todo ese plástico? Pues no, aparentemente, no podemos. Menos del 10% del plástico que se utiliza en los Estados Unidos de América acaba reciclándose2. Una visita a un centro de reciclaje me enseñó por qué este porcentaje es tan bajo. "Plástico" es un término genérico que engloba distintos materiales que tienen propiedades diferentes, y por tanto, diferentes estructuras químicas. Para reciclarlos, primero deben ser limpiados y separados, un proceso largo y costoso que por sí solo consume enormes cantidades de energía y agua. También hace falta que las personas estén dispuestas a pagar más por los materiales reciclados en vez de optar por el plástico virgen, más barato.

Dado que no sabemos qué hacer con todo el plástico usado, no es de extrañar que cada año se viertan toneladas —hasta 8 millones de toneladas métricas— en nuestros ríos, vías navegables y océanos.

Averigüé dónde va el plástico cuando abandona el litoral, y cómo se desplaza con las corrientes oceánicas hasta acabar acumulándose en cinco puntos calientes, conocidos como los cinco giros oceánicos subtropicales. En el centro del giro (el gran sistema de corrientes giratorias), el océano está en calma, y todo, ya se trate de residuos orgánicos o de un trozo de plástico, es atraído hacia el centro. Oí hablar de "islas" flotantes de plástico, pero cuanto más me documentaba, más cuenta me daba de lo poco que sabemos a nivel colectivo.

Y así, esta se convirtió en mi siguiente misión: navegar hasta estas zonas de acumulación y descubrir lo que realmente existía allí.

LA MISIÓN A LOS GIROS

Fuimos en busca de las islas de plástico, de zonas donde pudiéramos recoger el plástico y llevarlo de vuelta a la tierra para su reciclaje. Pero rápidamente nos dimos cuenta de que los trozos de plástico eran más pequeños de lo que esperábamos. Los residuos de plástico no solo flotan en grandes balsas en la superficie. La luz ultravioleta los descompone en pequeños fragmentos. Algunos se hunden, y otros son ingeridos por los animales marinos4. En mis extensos viajes por el mundo he descubierto que el plástico ha invadido todo el planeta, no solo los giros, sino desde los trópicos hasta el Ártico. Nuestros océanos se han convertido en una verdadera sopa de fragmentos de plástico.

El ojo humano no puede ver la mayoría de estos fragmentos desde la superficie, lo que hace que los mares se vean más limpios de lo que realmente están y que la limpieza a gran escala sea un desafío enorme. Tuvimos que introducir una fina red en el agua para examinarlos más de cerca. Cada vez que sacábamos la red, encontrábamos cientos de pequeños fragmentos de plástico.

Cuando subimos las muestras a bordo, las analizamos. Me sorprendió lo difícil que era distinguir el plástico del plancton. Me pregunté cómo podían los peces diferenciar el plástico de la comida. Así que pescamos algunos peces y miramos dentro de su estómago, solo para comprobar que también contenía plástico.

Esto planteó toda una nueva serie de preguntas. No solo nos preocupaban los efectos que la presencia física del plástico pudiera tener sobre el medio ambiente, sino también su impacto químico. Dado que el plástico está entrando en la cadena alimentaria, nuestra cadena alimentaria, ¿podría esto significar la entrada de sustancias tóxicas en nuestro organismo?

TENEMOS EL VENENO DENTRO

Decidí hacerme un análisis de sangre para averiguar qué sustancias tóxicas tenía en mi organismo. Tras consultar con la campaña "Planeta seguro" de las Naciones Unidas5, seleccionamos para su análisis 35 sustancias químicas que están prohibidas porque se sabe que son tóxicas para los humanos y para el medio ambiente. De las 35 sustancias químicas, encontramos 29 dentro de mi organismo.

A partir de ese momento, todo cambió para mí. Muchas veces, cuando hablamos de problemas ambientales, oímos cosas que están sucediendo en algún otro lugar, que conciernen a otras personas o que se producirán en algún momento en el futuro. Parece, sin embargo, que todos tenemos ya una carga corporal, una huella química de la que nunca podremos deshacernos. Y aunque la concentración de sustancias químicas que tengo ahora dentro de mí no es alarmantemente alta, sí es un indicador escalofriante de la dirección que está tomando nuestra sociedad.

LAS SOLUCIONES

"Si tuviera una hora para resolver un problema y mi vida dependiera de la solución, dedicaría los primeros 55 minutos a decidir la pregunta correcta a realizar, porque, una vez que la supiera, podría resolver el problema en menos de 5 minutos."

Albert Einstein

La exploración, la comprensión y la educación son clave para ayudarnos a averiguar cómo recuperar la salud de los océanos. Los problemas son complejos, pero cuanto más tiempo paso en el mar, más me doy cuenta de que las soluciones comienzan en tierra firme.

Hay formas de atacar el problema en cada fase, desde el origen hasta el océano y desde el diseño de los productos hasta la gestión de los residuos. Pero para resolver estos problemas a largo plazo, debemos "cerrar el grifo". Tenemos que trabajar desde la fuente. Esta acción ascendente es necesaria en todos los sectores de la sociedad, trabajando con los diseñadores en la industria, los encargados de la formulación de políticas a nivel gubernamental y todos nosotros como consumidores individuales.

Si queremos seguir contando con el océano como fuente de alimentos, energía, transporte y minerales para las generaciones venideras, tenemos que detener el flujo de desechos e idear formas más sostenibles de utilizar este vital recurso. Como aprendí en mi viaje, nos preocupamos más por las cosas con las que nos sentimos conectados. Necesitamos urgentemente tomar más conciencia de nuestro planeta azul para recuperar esa conexión y fomentar la acción.

Cuidamos lo que amamos. Solo podemos amar lo que conocemos.

Notas

1      Earth Policy Institute, "Plastic bags fact sheet", Disponible en http://www.earth-policy.org/images/uploads/press_room/Plastic_Bags.pdf

(publicado en octubre de 2014).

2      Gaelle Gourmelon, "Global plastic production rises, recycling lags", Worldwatch Institute, 28 de enero de 2015. Disponible en http://www.worldwatch.org/node/14576.

3      Jenna R. Jambeck y otros, "Plastic waste inputs from land into the Ocean", Science, vol. 347, núm. 6223 (13 de febrero de 2015), págs. 768 a 771. Disponible en http://science.sciencemag.org/content/347/6223/768.full.

4      Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, "La ONU declara la guerra al plástico en los océanos", 23 de febrero de 2017. Disponible en http://www.unep.org/newscentre/es/la-onu-declara-la-guerra-al-pl%C3%A1stico-en-los-oc%C3%A9anos.

5      "Safe Planet: the United Nations Campaign for Responsibility on Hazardous Chemicals and Wastes", nota de antecedentes. Disponible en http://networking.pops.int/portals/0/VivoIndexItem/Index2482/SafePlanet_... (consultado en abril de 2017).